Abel Ortiz
Hay muchos análisis sobre el quince m pero, desengáñese, son todos erróneos. El mío, sin embargo, es irreprochable se mire por donde se mire. No sólo contemplo variables ni siquiera imaginadas por la mayoría de mis doctos colegas del juntaletreo, sino que, por si esto fuera poco, aporto, humilde pero implacable, las claves más ocultas del quincemayismo; las referencias vitales inexcusables necesarias sin las cuales se hace muy cuesta arriba una comprensión somera del fenómeno por parte de un lector medio, tirando a tonto.
El rigor científico exigible en una tarea de tal magnitud, desvelar los entresijos de las movilizaciones acaecidas en Mayo de 2011, nos lleva, en su génesis, a un consenso iniciático, de tiempo y espacio, sobre el arranque, el momento ignitivo, de eso que los especialistas en ciencias de la incertidumbre llamamos suceso altamente improbable y de gran impacto: Egipto, la conquista del pan.
El pan, además de un dios griego, de Mieres concretamente, que tocaba la flauta y, aunque lo silencie «El País», tenía perro, y cadena, es un alimento, el pan, no el perro, muy utilizado en multitud de civilizaciones que lo consumen, desde tiempos remotisísimos, en diferentes presentaciones, según las costumbres y tradiciones de horneado, dando lugar a una de las grandes preguntas que más se ha repetido a lo largo de generaciones: ¿lo quiere poco o muy cocido?.
Durante buena parte de la historia, salvo en tierras del preste Juan, más propicias para el arroz, cuando se acaba el pan, o el queso, en la inevitable excepción francesa, las condiciones objetivas, aún las objetivérrimas, pasan eso que, por universal convención, hemos venido a llamar hambre. El hambre no es malo en sí mismo, son varias las escuelas económicas, casi todas de Chicago, que lo aprecian como un estímulo necesario y un indicador de precios decisivo para el mercado. El hambre es un factor económico de primer orden; sale muy barato. Cuando el hambre produce la muerte, la unidad de gasto, por poco que sea, pasa a ser, en términos de redistribución, una boquina menos.
Exportar la miseria, el gran hallazgo financiero de los países subdesarrollantes, es un sabroso negocio mientras hay posibles clientes. Esto lo saben hasta en Georgetown. En un mundo miserabilizado el mercado se satura y la demanda se contrae. Las bolsas se inundan de miseria. La mierda, por medio de un complejo sistema de presiones basado en Torricelli, vuelve a la metrópoli de la que nunca debió salir.
Salir a la calle a cuerpo, a pasear el hambre, de pan y de más cosas, no todas comestibles, fue una necesidad que llenó El Cairo, quien lo iba a decir, de protestantes. Heterodoxos, algunos incluso islámicos, pero protestantes. Los militares, estos si, ortodoxos, solucionaron el «problema» a su manera, maniobraron hasta el día de hoy. Prometieron pan, y lo otro. Sacaron los tanques.
Desde mi condición de experto y contrastado egiptólogo no puedo evitar denunciar, tras milenios de silencio, que los tanques, ya en la tercera dinastía, la de Lesmes I, acabaron con las revueltas del Nilo medio como puede comprobarse gracias a los bajotwitters que se conservan en Luxor y que recogiera Champolión en su visionario tratado sobre redes sociales y lenguas hamito-semíticas mucho antes, sin quitarle mérito, de que Rubik inventara el cubo de colores.
En Madrid, en la plaza de Ra, también habló la historia. Herodoto no menciona a Durruti inopinadamente en su apéndice a los nueve libros de la historia, dedicado al anarquismo ibérico.
El pensamiento libertario, la idea que trajo Fanelli probablemente debajo de la boina, cuajó, a saber por qué, como explica esclarecedoramente Leo Ferré, en un movimiento obrero asombroso tan internacionalista que tuvieron que venir, a poner orden, los junkers alemanes, los caproni italianos, el petróleo estadounidense, la inteligencia británica, el laissez faire francés y la guardia mora.
Esa represión surge ahora, como en una regresión freudiana, al explotar el fraude, el chantaje, de la transición. Cuándo uno acepta la extorsión, como ocurrió, tiene razón en explicar que era, a su entender, la mejor opción. Pero eso no niega el presupuesto inicial, era un chantaje. Todos pactaron. ¿Todos? No. Un puñado de supervivientes replantaron el erial en que convirtió el megagereralstísimo este país, por llamarle algo.
¿Asambleas abiertas? ¿Ausencia de dirigentes? ¿insumisos y rebeldes?…..¿A nadie le suena esa música? ¿No será la varsoviana?
A Durruti, el símbolo, lo mataron junto a cientos de miles de sus compañeros, tan ejemplares como él, o más, de esta o aquella, o ninguna, organización, e hicieron desaparecer los cadáveres. Dicen que eran violentos. Eran tanto que los mataron a todos. Por supuesto unos cuantos eran violentos. Algunos hasta terroristas, como no tenían empacho en afirmar. Eran los años treinta. La violencia se masticaba.
Termino para no perderme en prolijidades bibliográficas que nada aportan. El quince M será lo que decida y quiera. Objetivamente, y a la luz de las más modernas ciencias, es un organismo pluricelular inteligente que, formado por bípedos implumes del más amplio espectro genético, digirrevoluciona.










































2 Comentarios
joder Abel tio eres un supercrack, me reí mucho y me encantó el final, vente a valencia que te pongo piso y que te aten a la mesa de radio klara, a poblar las tertulias de tus «ocurrencias», como dice Manolo y que le quiten ya las pilas a Montouto «¿verdad?», si no son micromachines no son los auténticos. un saludo
Atao a la mesa vale. Pero exijo que se me cambie regularmente la arena de la caja……..