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Planeta Tierra, ¡el negocio!

Ángeles Sanmiguel

Hay que “construir otras formas de vida, nos hacen vivir una ficción que no tiene límites”. Miles de millones de seres humanos de los más de ocho mil millones contabilizados viven atrapados irremisiblemente en la dependencia del fructífero tinglado de usar y tirar, todo un negocio global, el filón de los horrores transmitido como catón por las mismas generaciones de rehenes del consumismo. “Pensamos muchas veces que hemos llegado al final de camino”. ¿Será la política ecosocial el resguardo de la subsistencia? “Vita mutatur, non tollitur”, (La vida cambia, no termina). Esta frase latina de múltiples usos viene que ni al pelo para el sorpresivo siglo veintiuno que presagia la concatenación de nuevas artes despóticas y destructivas rubricadas, ¿cómo no? por el animal humano obcecado en devastar, arruinar, aniquilar, empobrecer, traumatizar, transfigurar y manipular cuanta vida nacida o nonata exista fuera de esa exclusivísima burbuja tóxica de poderes omnímodos. “Muchas veces pensamos que necesitamos resistir”, esgrime Luis González Reyes coautor junto a Adrián Almazán del libro. “Decrecimiento: del qué al cómo. Propuestas para el Estado español”. ¿Será posible mantenerse a salvo de los “nuevos fascismo que han venido para quedarse” y su consabida voracidad de sangre y recursos ambientales? En cuestión de un siglo se han normalizado indescriptibles maneras de maltratar el planeta y por ende la feroz persecución de cuantos seres humanos se enfrentan a la aniquilación de entornos biofísicos ¿Razias de científicos y científicas, de adalides medioambientalistas y climáticos? A Miguel Servet, “descubridor de la circulación sanguínea pulmonar”, lo quemaron, tres veces, en la hoguera, en el siglo dieciséis y más recientemente la invasión nazi fundió su estatua. Ganar-siempre ganar, sea como sea, ¿el paradigma del vivero de pirañas en el que, como afirmaba Voltaire: “La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda”?

En artículo de la periodista y fotógrafa Arantxa Carceller se lee: “TTIP Maltrato a la democracia. No respetar los mínimos democráticos”. “TTIP, (Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión). El asalto de las multinacionales a la democracia”. Desde dos mil trece las negociaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea se han realizado soto voce para un tratado que ataca “derechos sociales y medioambientales”, tal como afirma la jurista mislatera y profesora titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Valencia Adoración Guamán. ¿En qué desembocará este amaño?

“El futuro será negro negrísimo, será en función de las luchas, hay veces que nos flaquean las fuerzas” importantísimo es reseñar que “los marcos culturales se construyen con relatos desde peques” apostilla el conferenciante, militante de Ecologista en Acción quien apuntó que hay que “entender el contexto en el que nos encontramos, nuestra crisis no es sólo ambiental, es social, con un modelo económico que causa estas crisis, en este momento de la historia que todo está cambiando, ¿cómo resistimos?”. El escritor escocés afirmaba que: “Que los poderosos abusasen de los más desvalidos, nunca ha sido nuevo en la historia”.

Philip K. Dick, autor de distopías futuristas como Bladrunner y Ubik,plantea la manipulación absoluta de vidas, recursos, ciencia y productos para el consumo. Eje de tal manejo es el agua, tesoro robado a poblaciones autóctonas sentenciándolas al mortal shock hídrico y por tanto a la dependencia absoluta. “Terrorismo medioambiental. Los ocho pozos de la casa de Alba. Las naranjas que lo parásitos de la casa de Alba venían comercializando como producto gourmet bajo su marca, se han regado con 305 millones de litros de agua/año, robada, de uno de los acuíferos de Doñana, con ocho pozos ilegales en 200 hectáreas. ¡¡Durante diez años!!” ¿Dónde queda la justicia que acaba de levantar la cautelar de estos pozos?” se wasapea. Cooperación, ayuda mutua, gestión colectiva, trabajo colaborativo, biorregionalismo, ecología social, soberanía alimentaria. “No creo que la economía solidaria pueda cambiar la economía” comenta Patri disertante en la librería valenciana La Repartidora. “¡Tenemos que inventarnos un mundo” para dentro de cincuenta años! En el mismo espacio González citaría la “economía social urbanocéntrica” y la necesidad de “una huerta básica” que recupere desestimadas vías asequibles y ancestrales de supervivencia en el endurecido entorno urbano, volver a las raíces a la conjunción con la naturaleza. ¿Por qué no se persiguen las políticas de masacre arbórea? En el municipio segoviano de Riaza (comunidad autónoma de Castilla y León), “llevamos ya unos meses que parece que este pueblo, y sobre todo la estación de esquí de la Pinilla, lo quieren utilizar para eventos de diversión y cargarse toda esta bonita naturaleza. Están haciendo verdaderas burradas. Sabemos que hay gente de dinero, algún futbolista famoso que está metido en esto. Intuimos que hay especulación” mensajean por redes sociales. Planeta Tierra, ¡macro y micro negocio! Antonio Gala escribiría: “El ejemplo de la Amazonía es claro. A partir de su descubrimiento comenzó la destrucción y la conquista. El hombre, integrado allí en su hábitat, respetaba la selva y vivía en ella; pero fue aniquilado por los más sabios y los más poderosos”, añadiendo: “El capitalismo es un monstruo. Cuando le conviene, quiebra la razón de ser de los países a los que fingía ayudar y que estaban explotando. ¿Es esto ecología?”.

“Tenemos que cambiar nuestras formas de vida, sistemas educativos, prácticas cotidianas, estamos en un momento que no tenemos tiempo para cambios paulatinos, nuestro bienestar tiene que ver con relaciones de calidad, lazos sociales, aquí no hay nada que se nos vaya a dar”. ¿Transformar sectores como energía, industria, finanzas, turismo, gestión de materiales y el bienestar de la humanidad están realmente en el diseño planetario de las élites? ¿En las ¡agendas!? La deconstrucción de la realidad hiper consumista es impensable en sociedades satisfechas que ni se cuestionan defender la biodiversidad, ecosistemas o ¡un árbol, un ave! ¿Consumismo como monotonía vírica? Ningún meganegocio contempla la huella ecológica, ningún equipo de gobierno salvaguarda el planeta por muchas cumbres y tratados. ¿De cabeza a una sociedad esencialmente minoritaria de grandes propietarios y fortunas? Manhattan Island (Nueva York) era “un racimo de casas de campo” que terminaría como la actual “metrópolis de cristal y hormigón” por obra de la especulación y codicia de especuladores señala Barrington Moore sociólogo político norteamericano.

“La globalización implica la desaparición de una gran parte de la humanidad con sus diversas formas de sembrar, alimentarse o relacionarse” escribe el ecologista social y libertario madrileño Pedro A. Moreno Ramiro en su libro “Ecologismo integral”. ¿Izquierda y derecha abriéndole las puertas del agro hispano a las hordas del capital puro y duro? ¿Autosuficiencia perseguida? ¿Por qué “los precios que se pagan al campo llevan veinte años estancados”? J. M. Mulet del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas de la Universidad Popular Valenciana titulaba uno de sus artículos: “¿Se aprobará el CRISPR (nueva técnica genómica “un sistema que nos permite introducir mutaciones dirigidas a lugares concretos del genoma”) en la UE (Unión Europea)?”. Por su parte José Manuel Naredo economista español estudioso de la economía ecológica dictaminaría que: “La dependencia alimenticia, como control de otros países, constituye un auténtico colonialismo ecológico. Lo que ha llevado a simplificar todos los sistemas locales y a degradar una agricultura de subsistencia que ha existido tradicionalmente” según se lee en la publicación de debate libertario “Al margen”. ¿Está bien documentada la distribución geográfica de los abusos y explotación salvaje del territorio español?

“Es más fácil plantearse el apocalípsis y el que todo se va a la mierda” apunta una joven en la citada conferencia. ¡Ruralizar las ciudades¡ ¿Por qué ese “miedo que se tiene a la palabra decrecimiento? “A mí la palabra transición no me gusta nada, está supergastada” dice Patri a la par que cuestiona la manera de situarse en el mundo, “hasta ahora nos situamos sobre las otras especies, ¿qué vidas queremos, con qué energía, con qué alimentación, con qué medios de transporte? cuestiona al público, “¿por qué hemos de limitarnos? esta autolimitación es lo que puede construir”.

“Estamos tratando las redes de distribución, generando esa nueva economía, lo que tenemos ahora son como burbujas que caen en un sitio, agroeconomía recuperando los saberes de antes pero a los proyectos agroecológicos les cuesta mucho, (todo son frenos) cuando un proyecto trata de salirse del modelo capitalista”. “Si la sanidad, la educación son derechos ¿por qué no la alimentación?”. “No hay una agroecología popular, necesitamos ideas porque si no sería muy triste” aduce Patri puntualizando: “Estamos en un momento de gravedad absoluta, hay que ocupar tierras”.

¿Cómo nos alimentamos? “Esa fruta que está envuelta en plástico y viene de Latinoamérica, eso no es agricultura ecológica”, añade otra chica del público, “productos hechos en situaciones de explotación, ¡no tenemos ni puñetera idea de lo que estamos comiendo!” hay mujeres en Almería explotadas que trabajan en campos de agroecología.

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