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De cómo la izquierda en el poder entregó a los saharauis a su verdugo marroquí

El Vaivén de Rafael Cid

 

<<El hombre no puede saltar fuera de su sombra>>

(Proverbio árabe)

Sumándose al proyecto geoestratégico proisraelí de Donald Trump, el Gobierno de coalición de izquierdas ha abandonado a su suerte al pueblo saharaui, liquidando de un plumazo el histórico, unánime y decisivo apoyo de España al derecho a decidir de la ex colonia española. Lo que el franquismo comenzó en 1975 tras la Marcha Verde alentada por Estados Unidos, Sánchez lo remató en 2022 facilitando de paso que el Consejo de Seguridad de la ONU admita ahora la soberanía del Sáhara Occidental a su tradicional enemigo marroquí. El criminal despojo, acabando con un consenso de más de cuatro décadas entre todas las fuerzas políticas, se ha consumado mientras las cárceles de Mohamed VI se llenaban de jóvenes que protestaban contra la brutal autocracia alauita. Sin que ninguna flotilla progresista haya surgido para denunciar el atropello cometido. La misma izquierda que aplaude el principio de autodeterminación para un nacionalismo excluyente en Cataluña lo rechaza de plano para los saharauis. Quizá porque en esta ocasión el verdadero villano es uno de los nuestros.

La prueba de que, en el caso del Sáhara Occidental, Pedro Sánchez actúa finalistamente con las coordenadas de Donald Trump se constata en las cartas que alternativamente ambos dirigentes mandaron a Mohamed VI reconociendo la soberanía de Marruecos. Sáhttps://www.radioklara.org/radioklara/wp-admin/edit.php nchez fue el abanderado de esa reversión. Su misiva al rey de Marruecos, emitida sin contar con el parlamento español ni someterla a consulta pública (como si hizo con la opa del BBVA con el Sabadell), se conoció en marzo de 2022. El texto calificaba de <<sería, creíble y realista>> su propuesta como <<única base>> para zanjar el conflicto.

Tres años después era Trump quien, el 2 de agosto de 2025, seguía sus pasos con otra carta a Mohamed VI en términos miméticos. Decía así: <<Quiero reiterar que EEUU reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y apoya la propuesta de soberanía marroquí, “sería, creíble y realista” como la “única base” para una solución justa y duradera de este conflicto>>. Y salvo que Sánchez pudiera leer el pensamiento de Trump, parece claro que el presidente del Gobierno español se adelantó a suscribir el desenlace capicúa que le habían exigido Mohamed VI y Trump. Una toma de posición de la antigua potencia administradora indispensable para que, después de la claudicación española, otras potencias abundaran en la misma dirección. Así hasta llegar a la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de 31 de octubre pasado consagrando el abandono de la población saharaui a manos de su histórico rival marroquí. Acuerdo tomado con la significativa abstención permisiva de dos de sus miembros más importantes, China y Rusia.

En el Gran Juego de la política global se puede soplar y sorber al mismo tiempo, y eso es lo que ha hecho Pedro Sánchez y con él toda la izquierda gubernamental y los sindicatos adheridos, Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, con su silencio desmovilizador. Porque delante y detrás de esta venta del Sáhara Occidental está un plan para lograr la hegemonía del Estado de Israel frente sus históricos adversarios árabes: el Tratado de Abraham desplegado por Donald Trump durante su primer mandato en la Casa Blanca. Un dispositivo político, económico, diplomático y geoestratégico diseñado para encapsular la legítima causa palestina favoreciendo que muchos de sus habituales sostenedores reconocieran al Estado de Israel (desde Siria a Arabía Saudita). Un acuerdo al que Marruecos puso precio: que Estados Unidos usara toda su influencia para que el Sáhara Occidental pasara a ser parte de su territorio. Y a la vista de lo sucedido, todo parece indicar que las presiones surtieron efecto. Si en 1975 la Marcha Verde actuó como revulsivo para que El Pardo accediera a situar la salida del conflicto en manos de Marruecos y Mauritania, en 2022 ha sido Moncloa la que ha dado un paso más en esa estrategia (dejando fuera a Mauritania). Aunque ahora el detonante ha sido un caso de espionaje selectivo que afectó al presidente del Gobierno español y varios de sus ministros, realizado con el sistema Pegasus de patente israelita, que todas las investigaciones atribuyen a las autoridades de Marruecos. Un misterio envuelto en un enigma.

De esta forma, una vez más tras la invasión de Ucrania por la Rusia de Putin y el genocidio perpetrado por Netanyahu en Gaza, se impone la ley de la fuerza a costa del derecho internacional. Por partida doble. Ya en 1975, semanas antes de La Marcha Verde, el Tribunal de La haya se había pronunciado sobre el contencioso fallando que <<no se establece ningún lazo de soberanía territorial entre el territorio del Sáhara Occidental y el reino de Marruecos o el complejo mauritano>>. Dictamen de la Corte Internacional refrendado por otro más reciente del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, del 6 de octubre de 2024, dos años después de la claudicación de Pedro Sánchez a los intereses de Trump y de Mohamed VI, reconociendo que el Sáhara Occidental es un territorio <<distinto y separado de Marruecos>>. Con un añadido de calado, el TJUE advertía que los acuerdos comerciales entre Marruecos y la Unión Europea no pueden aplicarse sin el consentimiento del pueblo saharaui. Para algunos gobiernos, hoy estar en el lado correcto de la historia consiste en sumarse a los poderosos y dar la espalda al derecho de gentes: la nueva realpolitik.

El giro copernicano dado por el PSOE tiene protagonistas, responsables y cómplices. Un protagonista destacado fue Josep Borrel, reciente Alto Comisionado de la UE, quien como cabeza de lista en las elecciones de 2019 llevó en su programa una promesa categórica. <<Los y las socialistas -se decía en una suerte de declaración de principios- consideramos que la Unión Europea debe también promover la solución del conflicto del Sáhara Occidental, a través del cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas que garantizan el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui>>. Un máximo responsable, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, que tras aceptar la hoja de ruta de Trump eliminó la reclamación de la libre determinación del pueblo saharaui del programa del PSOE para las europeas del 9 de junio de 2024. Y unos cómplices en los partidos y dirigentes políticos de las izquierdas (Unidas Podemos, Izquierda Unida, PCE, Sumar) que, compartiendo tareas de gobierno en alguna de las fases de la claudicación, miraron para otra parte aceptando la sumisión sanchista ante Mohamed VI como hechos consumados.

En el apartado de cómplices el premio gordo se lo lleva Yolanda Díaz, vicepresidente del Gobierno del cerrojazo sanchista y coparticipe de la bochornosa afrenta (artículo 97 de la CE), que a toro pasado se declaraba ferviente partidaria de la causa saharaui como si con ella no fuera la cosa. En el programa electoral del movimiento Sumar que Díaz lidera, punto 11, titulado <<Una solución justa para el Sáhara Occidental, Palestina y Ucrania>>, se afirma enfáticamente: <<Daremos marcha atrás con celeridad al cambio de posición adoptado en 2022 con respecto al Sáhara occidental y apoyaremos todos los canales de influencia en el conflicto para apoyar plenamente el derecho a la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental>>. Y por si no quedara claro, añade: <<Se constituirá una comisión de trabajo sobre la responsabilidad histórica de España con el pueblo saharaui, que deberá elaborar un informe sobre las medidas para aplicar los principios de verdad, justicia, reparación y no repetición con la situación actual del pueblo saharaui y la responsabilidad histórica del pueblo español>>. Como prometió el 14 de noviembre de 1976 Felipe González, durante su visita a los campamientos de refugiados saharauis de Tinduf (Argelia): <<Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final>>.

Ahondando en la herida, el pasado 26 de noviembre el Parlamento Europeo autorizaba que los productos agrícolas del Sáhara Occidental pudieran ser etiquetados bajo procedencia marroquí. El fallo fue posible gracias al decisivo voto del PSOE que, en contra de la posición adoptada por el grupo socialdemócrata de la eurocámara, había secundado la tesis favorable al régimen de Rabat.

(Nota. Este artículo se ha publicado en el número de diciembre de Rojo y Negro)

Rafael Cid

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