Dejad que me equivoque, por favor

Artículos Perecederos

Antonio Pérez Collado

Empiezan a correr, otra vez, por las redes mensajes angustiosos y desesperados para que el 10N votemos lo que parece ser la única opción honrada que nos queda a la supuesta gente de izquierdas, en la que sin duda será la gran oportunidad de cambiar realmente las cosas. No diré yo que el argumento carezca de fuerza, pero a quienes ya hemos sobrevivido a trece campañas similares nos suena a falso y repetitivo.

Ofertas igual de tentadoras ya las sufrimos en elecciones generales de otras etapas. Con el PSOE de González o Zapatero, con la IU de Anguita o con la última tendencia, que había nacido en las plazas, se alimentaba en los círculos y venía a asaltar los cielos. Con todas ellas se abría una nueva forma de hacer política, donde los derechos del pueblo trabajador estarían por encima de los intereses de las grandes fortunas.

En unos casos fueron esos mismos líderes los que se encargaron de demostrarnos lo frágiles que eran aquellas promesas; en otros las luchas internas, los personalismos y la renuncia a buena parte de las propuestas, sin necesidad de llegar al poder para suavizarlas, se encargaron de dejar claro que aquello que decía el 15M de “que no, que no nos representan” y “la lucha está en la calle, no en el Parlamento” seguía en plena vigencia y se podía aplicar a todos los partidos; incluso para aquellos que aseguraban en su inicios que no eran un partido…

Lejos de aceptar la clarísima e incuestionable realidad, la que ya ha obligado a miles de personas a pedir que ni se les ocurra mandarles propaganda electoral y a afirmar que están más que hartas del circo parlamentario y partidista, incondicionales de todos los partidos (porque a todos y pese a todo les quedan algunos) se aprestan a defender lo indefendible y a presentar a su secretario general, santón favorito y guía espiritual como el salvador que necesitamos y el único dirigente que no ha puesto pegas para que se forme un gobierno mínimamente pasable.

El actual presidente en funciones parece que va a quedar como culpable de que no se haya formado un gobierno de consenso, de progreso y de ensueño. Desde luego que Pedro Sánchez no ha sido muy hábil para disimular que no quería compartir el poder con Pablo Iglesias, a pesar de que necesitaba los votos de Podemos para ser investido presidente de nuevo.

Tampoco puede decirse que la estrategia de Podemos (si es que era una estrategia organizada) de buscar el plácet del PSOE para su entrada triunfal en el Consejo de Ministros y Ministras haya sido más eficaz… salvo que se pretendiera cabrear a Sánchez. Y es que tenía poco recorrido la maniobra de pedir una alianza con los socialistas, mientras en las declaraciones y en las redes sociales se rajaba a gusto contra el partido que fundara el anterior Pablo Iglesias.

Para ser poco ambiciosos y recelar de los ocupantes de despachos oficiales, el podemismo se ha empeñado hasta la obsesión en pisar moqueta, en lugar de facilitar un gobierno de izquierda moderada, pero izquierda formalmente, y seguir presentando proyectos y propuestas de cambio social en las Cortes y, sobre todo, haciendo pedagogía en los movimientos sociales y en la calle.

Si no se tiene claro que se va frontalmente contra el sistema y nos conformamos con retocar las leyes dictadas por el Ibex35 no creo merezca la pena molestar con consignas huecas a la gente que sigue trabajando y que encima no se rinde y lucha en ámbitos menos glamorosos del activismo social y político.

Así que igual que voy a solicitar al Instituto Nacional de Estadística (INE) que no me manden propaganda electoral, pido que se me deje en mis errores y no se me indique obsesivamente el trillado camino de las urnas.

Antonio Pérez Collado

Un comentario en “Dejad que me equivoque, por favor

  • el 23 septiembre 2019 a las 10:49
    Permalink

    Un ácrata en camiseta

    Hay un detalle importante que se olvida, o tal vez no se quiere tocar por aquello de no herir sensibilidades. Claro, con un país fuertemente influenciado por el clientelismo, en donde partidos y sectas tienen sus incondicionales al estilacho «Palmar de Troya», es imposible manifestarse con voz propia, sobre todo cuando se está jugando con las cosas de comer.
    Qué magnifica ocasión que los nueve millones de jubiletas y pensionistas hicieran un plante a la convocatoria electoral del 10-M. Pero esto no va ocurrir, ya que la servidumbre voluntaria pesa lo suyo y como ocurre la más de las veces con el avecilla enjaulada, cuando por accidente o casualidad queda la puerta de su prisión abierta, es tanto el miedo a la incertidumbre, que esta hace renuncia expresa a dicha posibilidad y prefiere el alpiste que una mano cruel le da y mantiene a cambio de una vida miserable.
    Pues bien; esta es la situación del movimiento de pensionistas y jubiletas, una situación de servidumbre voluntaria y miedosa que en nada hará alterar el embrollo «Nacional». ¡¡¡Nos veremos en las futuras manifestaciones hasta que el cuerpo aguante!!!.

    Emili Justicia

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