¿Crisis, Colapso o Apocalipsis?

 

El dedo en el ojo. Félix García Moriyón

felix
Félix García Moriyón

Prácticamente nadie duda ya de que la humanidad afronta una crisis de gran calado, una de cuyas manifestaciones, pero no la única, es la crisis ecológica, con el cambio climático como efecto y causa de dicha crisis de la que se viene hablando desde el seminal informe del Club de Roma, Los límites del crecimiento, publicado en 1972. La tesis inicial básica era que la Tierra tenía unos recursos limitados incompatibles con el modelo de desarrollo entonces vigente. El modelo social, económico y político del capitalismo avanzado nos ofrecía ese desarrollo constante, y en el basaba en gran parte su legitimidad. Fue entonces también cuando se tuvo conciencia de la explosión demográfica, con un importante libro de Paul, La explosión demográfica, publicado en 1968 que defendía un neo-malhusianismo para paliar el negativo impacto de esa explosión.

Los problemas planteados entonces no cedieron. La respuesta del sistema establecido se centró en mejorar la eficiencia energética, buscar nuevas fuentes de energía y mejorar las técnicas de producción de alimentos. Se ha avanzado en esos campos, lo que ha avalado la era posible resolver los problemas gracias a los avances científicos y tecnológicos. En definitiva, se trataba solo de una de las crisis cíclicas del capitalismo, que podría resolverse como las anteriores. Sensibles a la a la dimensión moral del problema, los ideólogos del sistema propusieron dos ideas brillantes: la Responsabilidad d Social Corporativa y el Desarrollo Sostenible.

Sin embargo, la Crisis Global desatada en 2008 está provocando una desconfianza creciente en los supuestos del enfoque dado a la solución del problema por las élites dominantes extractivas. Aplican medidas con muy magros resultados y ya se acumulan muchos signos de que nos acercamos hacia el colapso definitivo de un sistema que no da más de sí y que está a punto de derrumbarse definitivamente. Esa es la tesis que late en una de las mejores y más completas obras que abordan el problema, sobre todo por la amplitud de su enfoque y la visión de la historia de la humanidad que aporta para entender mejor lo que nos ocurre. Es la obra póstuma de Ramón Fernández Durán, completada por Luis González Reyes: La espiral de la energía.

Creo que van bastante mejor encaminados los autores de este libro que los ideólogos del sistema. No tenemos un problema tecnológico, que pueda ser resuelto con mejor tecnología, aunque bienvenida sea toda mejora técnica que ayude a paliar el problema. No se trata de refundar el capitalismo como proponía Sarkozy al comienzo de la crisis, puesto que el capitalismo se basa intrínsecamente en esa combinación de crecimiento sin límite en el uso de recursos limitados y su ética es la pura extracción de beneficios, exacerbada en la etapa actual del capitalismo especulativo y financiero. Lo que no funciona es el modelo en sí mismo y urge un cambio mucho más radical.

Tiene sentido entonces introducir aquí el tercer término: no estamos ni en una crisis más, algo profunda, ni en un colapso. Algo se está derrumbando, y el negacionismo no sirve de nada, desde luego no sirve para solucionar el problema. Hay que rememorar experiencias históricas como la caída del Imperio Romano o la Gran Guerra de 1914 para aproximarnos a la magnitud del desastre al que nos aproximamos ya casi de forma irreversible. Algunos datos, como el descenso del precio del petróleo o del número de pobres, la sobreproducción de alimentos, pueden hacernos pensar que quizá no es tan oscuro el porvenir, pero son muchos los datos que indican que se trata más bien del canto que el cisne hace poco antes de morir. La humanidad corre serio riesgo de desaparecer o, lo que puede ser peor, sumirse en una profunda postración con un elevado coste para los seres humanos que la padezcan.

Tiene sentido, por tanto, hablar de que se avecina el apocalipsis lo que puede explicar el que muchos de los discursos de quienes denuncian la situación sean calificados como discursos apocalípticos, un tipo de discurso que tiene origen religioso, siendo el Apocalipsis de San Juan el paradigma de un género practicado por muchos otros autores. En un valioso artículo publicado en 2011, Junot Díaz explica que “apocalipsis” tiene tres posibles significados: el primero es desvelar algo que estaba oculto; el segundo, una catástrofe de grandes proporciones que se asocia con el fin del mundo; en tercer lugar, la revelación de un mensaje que exige renovación y ofrece algo de esperanza. El Apocalipsis de San Juan tenía ese triple sentido: la catástrofe era la dura persecución sufrida por los cristianos que presagiaba su final, desvelando lo que estaba pasando y pidiendo conversión avalada por la esperanza.

Siguiendo lo que dice en su artículo Junot, parece que tiene todo el sentido hablar de que estamos ante un apocalipsis, por tratarse de una crisis desmesurada y amenazar con el fin del mundo, aunque la primera es, sin duda, un hecho, y lo segundo es una posibilidad incierta: la situación es muy dura a nivel global y el final es posible. Pero es más interesante la dimensión reveladora y el renovadora de ese discurso.

Efectivamente la crisis ha puesto de manifiesto lo que realmente está provocando una modelo de capitalismo financiero especulativo y depredador, que tiene como objetivo básico y prioritario engrosar la riqueza de una élite, mientras que la mayoría de la población va cayendo hacia condiciones de vida peores. La desigualdad crece desmesuradamente y el medio ambiente físico y social se deteriora.

La crisis ha puesto igualmente de manifiesto que sigue habiendo un espacio para la esperanza que se manifiesta en una profunda reconversión encaminada a construir relaciones sociales, económicas, culturales y políticas diferentes que permitan prefigurar un modo distinto de organizar la sociedad y apunten a una sociedad diferente, más justa y más solidaria. Sigue habiendo mucha gente, esos que Brecht consideraba imprescindibles, que lucha todos los días, pesimistas pero esperanzados, para ofrecer una salida que no sea ni el colapso social ni el fin del mundo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies