Cola Kaos

La Veranda de Rafa Rius

Vivimos instalados en el caos. No es gratuito el hecho de que tantas mitologías sitúen su origen en él. Esa confusión primordial difícilmente transitable no es tan solo una invención de la imaginación humana para explicar lo inexplicable sino también una realidad cotidiana, verificable cada vez que dirigimos nuestra mirada a lo que está pasando. En cualquier momento de nuestras vidas –y es de suponer que también en las de nuestros antepasados- es tal la complejidad y el desconcierto de lo que nos rodea que es aventura harto arriesgada intentar extraer de ello alguna explicación plausible. Cuando focalizamos nuestra mirada sobre cualquier aspecto de eso que llamamos actualidad no desvelamos sino perplejidades. Navegamos a través de una realidad caótica repleta de elementos interrelacionados, de perfiles confusos, a menudo contradictorios y que requiere de una complicada cartografía para orientarnos en ella.

Intervención y estafa en Bankia, elecciones en Argelia, se extiende la contaminación nuclear en Fukushima, el 15M sigue cabalgando, protestas contra la reelección de Putin en Rusia con cientos de detenidos, reforma laboral, drásticos recortes en sanidad y educación, privatizaciones y chanchullos por todas partes, mientras sigue la hambruna en Somalia y el Sahel, la situación en Haití se pudre inexorablemente y hasta el hielo en los Polos se sigue fundiendo… ¡Socorro! ¡Que alguien pare esto!

Pero no, no seamos ingenuos, esto no hay dios que lo pare. El eterno devenir de situaciones oscuras seguirá acompañándonos y agobiándonos a lo largo del breve paréntesis de nuestras vidas, salpicado, en el mejor de los casos por efímeros instantes de dicha. Y en cualquier punto de esta montaña rusa a la que llamamos vida, se nos fundirán los plomos y hasta aquí hemos llegado.
Y entretanto, ¿Qué? Algo habrá que hacer para entretener la espera.

Teniendo en cuenta que nuestras vidas están gobernadas por el azar y el absurdo, que vinimos a este mundo sin saber de que iba el rollo y sin saber de que va el rollo nos iremos, lo único que se me ocurre es entretenerme intentando entender algo de lo que pasa por mi lado.

Y como remedio contra el sentimiento de impotencia, olvidémonos de los videojuegos, los deportes o la filatelia. Para pasar el rato que nos queda, no se me ocurre pasatiempo o afición más provechosos que el luchar contra la larga era de la explotación. Amargarle la digestión satisfecha a unos cuantos tiranos es el mejor remedio contra la melancolía.

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