El ojo del huracán

La Veranda de Rafa Rius

Cuentan los que han navegado a vela con frecuencia por mares tropicales que, si han corrido la aventura de encararse con un huracán, han descubierto con sorpresa que al atravesar el mismo centro de la tormenta, el viento deja de soplar por completo y tal parece que lo peor ya ha pasado. Ni que decir tiene que un poco más allá, comienza de nuevo el baile. Pues bien, se diría que viajamos instalados en el ojo del huracán y tenemos la sensación de que a nuestro alrededor reina una calma perfecta, pero a pocos pasos de nosotros en espacio y en el tiempo los elementos andan desatados. Políticos del establishment y medios de comunicación oficiales están empeñados en hacernos ver que a pesar de la que está cayendo, aquí no pasa nada especialmente preocupante: el fútbol omnipresente, los estúpidos concursos millonarios, los realitys carroñeros, los noticiarios manipulados y vacíos, intentan hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que esto no es sino un pequeño desajuste que pronto se solucionará con inyecciones masivas de fe y confianza. Tal parece que no pase nada, aparentemente. Quizás en nuestra propia casa tengamos la ilusión de que viajamos en el ojo del huracán y mal que bien, con pequeños desastres asumibles, estamos de momento capeando el temporal, pero no deberíamos olvidar que muy cerca, al lado mismo nuestro, la rapiña financiera ha dado lugar a multitud de situaciones trágicas en las que vecinos nuestros están sometidos a la precariedad más absoluta y a la infamia de una vida sin horizontes. Conviven con nosotros atroces bolsas de indigencia y sufrimiento mientras en demasiadas ocasiones miramos hacia otro lado como si la cosa no fuera con nosotros, al tiempo que hablamos de solidaridad y apoyo mutuo… Y es que es muy cómodo viajar en el ojo del huracán, aunque el nuestro sea un ojo pequeñito…

Y si esto pasa en la península ibérica, qué decir del Sáhara, el Sahel, Sudán, Somalia, Siria, Irak, Afganistán… y tantos etcéteras…

Haríamos bien en no creer en patrañas como “la recuperación de la sociedad del bienestar”, la salida de la crisis hacia una sociedad en la que, cautiva, derrotada y desaparecida la clase obrera, todos perteneceremos a las gloriosas clases medias, aunque cobremos 600€ al mes por 60 horas de trabajo semanal o estemos en el paro y sin un mendrugo que echarnos a la boca.

Trabajadores descerebrados que despotricaban contra los inmigrantes que venían a quitarnos el trabajo, ahora están emigrando a su vez para buscarse la vida y “quitarles el trabajo” a los obreros autóctonos en Austria y Alemania, el edén de los minijobs (ya tienen 7 millones de currantes a 400€-mes) Pues bien, 300 000 españoles emigraron en 2011 recordando las migraciones masivas de los felices sesenta y superando claramente el número de salidas al de entradas a nuestro idílico paraíso del ladrillo. No importa, mientras creamos con verdadera fe que hasta nosotros no va a llegar la riada, podremos seguir disfrutando de la calma del ojo del huracán.

No obstante, llegados a este punto, no nos vendría mal recordar las palabras premonitorias de Bertolt Brecht hablando de la Alemania nazi, pero perfectamente extrapolables aquí y ahora:

“Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó ( ) luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero, no me importó ( ) más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, no me importó ( ) Ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde.”

Pues eso.

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