Un agujero negro aquí y ahora (Recordando el 8 de Marzo)

La Veranda de Rafa Rius

Cuando una estrella estalla, las partículas de su núcleo adquieren una tremenda densidad y atraen inexorablemente la materia hacia ellas, destruyendo todo cuanto se encuentra a su alcance. A eso, en Astrofísica se le conoce como agujero negro.

Esta imagen nos puede servir. Hablando en términos sociales, uno de los mayores agujeros negros de nuestro mundo globalizado y en tantos aspectos miserable, es el de la violencia contra la mujer, que adopta formas diversas: la violencia en el hogar, las violaciones, la trata de mujeres y niñas, la prostitución forzada… y en caso de conflicto armado, los asesinatos por razones de honor, las violaciones masivas y sistemáticas, la esclavitud sexual, la violencia por causa de la dote y los embarazos forzados, así como el infanticidio femenino o la selección prenatal del feto. A ello debemos añadir en algunas zonas de influencia islámica, la mutilación genital femenina y otras prácticas y tradiciones similares.

Veamos un caso culpablemente ignorado, más allá de los asesinatos de mujeres en España, de los que al menos –magro consuelo- estamos puntualmente informados. Situémonos en el Este de la República Democrática del Congo, todas las fuerzas armadas que combaten en el conflicto endémico allí declarado, incluidas las de los propios gobiernos de Congo, Ruanda-Burundi y Uganda, han cometido innumerables violaciones y actos de violencia sexual, incluyendo a niñas de corta edad y mujeres de más de setenta años (El fetichismo y la superstición son otra motivación para la violencia, ya que muchos de los combatientes sostienen la creencia de que mantener relaciones sexuales con una niña prepúber o una mujer postmenopáusica les hace inmunes a las enfermedades infecciosas, incluido el SIDA. Bien al contrario de lo que ellos esperarían de sus supercherías y como consecuencia directa de este tipo de prácticas aberrantes, se está produciendo un aumento masivo de las enfermedades de transmisión sexual)

Es también habitual someter a violencia a mujeres enfermas, embarazadas o con algún tipo de discapacidad. La mayoría de elementos militarizados han cometido sistemáticamente violaciones en grupo en las que han llegado a participar hasta veinte hombres, siendo también habituales las violaciones masivas de grupos de mujeres. Un gran número de ellas han sido agredidas y violadas sucesivamente por distintas facciones armadas al paso por su poblado. Este tipo de violencia, ha llegado a afectar incluso a un número significativo de hombres.

Se ha podido documentar que las violaciones suelen ir acompañadas de palizas, amenazas y actos de tortura tales como introducir en la vagina de la víctima el extremo de un fusil, un puñal, un trozo de madera afilado, cristales o clavos oxidados, piedras o pimienta, causándoles graves lesiones. En muchos casos los agresores acaban disparando sobre la mujer, frecuentemente en los genitales.

Es frecuente violar delante de su familia a madres e hijas a las que se obliga también a mantener relaciones sexuales con parientes próximos, incluidos hijos y hermanos, humillándolas gravemente, dada la enorme importancia que en su cultura tiene el tabú del incesto.

La violencia sexual se viene utilizando como estrategia de guerra para desestabilizar a las fuerzas enemigas y como represalia, atacando los valores tradicionales de la comunidad y aterrorizando a víctimas y testigos, asegurándose así el control de la situación.

Para acabar de completar el panorama, en más de una ocasión se han hecho públicas diferentes denuncias de explotación sexual a manos de personal civil y militar de los Cascos Azules, pertenecientes a las “Fuerzas de Paz” de las Naciones Unidas, sin que ello haya tenido consecuencias penales para los implicados.

Además de las consecuencias directas, las víctimas sufren toda una larga serie problemas psicológicos tales como estados de shock, depresión, estrés postraumático, rabia, vergüenza, pérdida de autoestima, complejo de culpa, pesadillas nocturnas, constantes rememoraciones diurnas de lo ocurrido, fuertes jaquecas, náuseas, insomnio y fatiga. A esto se une el hecho de que muchos de estos síntomas se ocultan por temor a ser repudiadas por sus esposos o rechazadas por la familia y la comunidad.

Y aquí, tan sólo a poco más de un par de miles de kilómetros, preocupados por quien ganará la Liga de fútbol. Lo más triste de lo triste es que, si no ponemos rápido remedio, lo más triste aún está seguramente por llegar y este terrible agujero negro de indignidad acabará devorándonos a todos: a las víctimas y a los autores de los hechos, por supuesto, pero también a los que con nuestra pasividad y nuestro mirar hacia otra parte, permitimos que estos crímenes sigan ocurriendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies