¡Compro, luego existo! La cuesta de Enero de la Sra. Cuesta (Diálogo Socrático)

La Veranda de Rafa Rius

– ¡Qué, Señá Cuesta, cuesta la cuesta eh?

– ¡Vaya tela! No tengo un euro. No sé como vamos a pasar el mes que viene.

– Pero usté tenía una tarjeta de crédito mu hermosa, ¿no?

– ¿Tarjeta? No me hable, que tengo la cuenta en números rojos y la tarjeta escurría del tó. Me dijo la Juani, mi vecina, que en el banco, a veces daban otro crédito para pagar el crédito que no has pagao, pero fui y me dijeron que con mi nómina no me daban ni los buenos días. Me va tocar ir a parar a esos otros usureros que anuncian por la tele, que dicen que dan tanto y cuanto sin preguntar ná. Ya m’estraña…

– Eso es que pa estas fiestas se habrá puesto las botas comprando ¿Eh?

– Pues mira, se ve que sí… pero la verdá es que en casa no tenemos de ná, yo no sé donde se ha metío tó lo que hemos gastao. Bueno, una consola nueva pa mi Yonatan y los juegos, que el más barato cuesta a sesenta euros, pero como tós los amigos la tenían… Ah, sí, y la televisión d’esas de plasta, d’esas estrechillas, que s’había caprichao mi Enrique que dice que en el taller ya no queda nadie que no la tenga y que el fúrbol se ve como si estuvieras en el campo… seiscientos euros del ala… Si empiezas a contar…

– Igual le hacía falta tó lo que ha comprao.

– Hombre, falta falta, lo que se dice falta… Mi Yonatan con la consola, no sé como acabará con los estudios, si ya no abría los libros ni pa abanicarse, ahora imagínese… Y la verdá es que el otro televisor se veía bien, no estaba estropeao. Seguro que muchas de las cosas nos las podíamos haber ahorrao, pero como se pasan to el día dando la murga con que compres esto y lo otro… Mi Yésica, que me va a cumplir diecisei y s’ha vuelto mu presumía, me hizo comprarle colonia de Doce Galvana o no se qué… Noventa euros un botellín que casi ni se ve y, pues eso, tó igual, la verdá es que falta falta… a lo peor, casi ná de lo que hemos comprao nos hacía falta de verdá y ahora iríamos un poco más desahogaos.

– No entiendo, ¿Si usté cree que no le hacía falta por que lo ha comprao?

– Pues ya le digo, porque se pasan el día machacando, que parece que si no compras esto y aquello no eres nadie, como si no existieras.

– Pero a usté la obliga alguien a comprar tó eso, Señá Cuesta?

– ¡Eso es lo malo! Que nadie m’obliga. Se ponen mú pesaos, eso sí, con tanta publicidá y tanta leche, pero aluego, a fin de cuentas, soy yo misma la que se mete en tol fregao porque quiero. ¡Seré ignorante! ¡Me daba así…!

– No se preocupe usté, Señá Cuesta, no pase pena que dentro de ná vienen las rebajas y se podrá desquitar…

– Hombre, pues no te digo que no pille alguna cosilla… ¡Total que más da!

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