La música os hará libres

Abelardo Muñoz

Abelardo Muñoz
Abelardo Muñoz

Puede que todo comenzara con la obra de Bach “El clavecín bien temperado”, en el Medievo, continuara con Beethoven y los otros sajones, estallará entre las masas con los directos de los Rolling Stones en Perth en 1973 (*) y esté siguiendo el combo en el siglo XXI con bandas como Wilco o los nuevos guitarristas gitanos. Todo esto es una cuestión de cuerdas. Esos hilos esenciales para los instrumentos más divinos.

Al igual que en este injusto mundo conviven buenos y malos, hay cuerdas que sirven para linchar y cuerdas de música. Si la cuerda de atar es funesta la que vibra en un piano o guitarra es pura vida. Y tan cierto como que entre los lenguajes de los hombres figura el de la muerte, a esa inevitabilidad macabra se enfrenta el lenguaje de la música, que es la vida.

Hay un nota que ha dicho que la forma que mejor expresa la felicidad del ser humano es el baile, bailar. Eso es tan cierto como que el capital financiero está vinculado a los dividendos del narcotráfico.

Las mentiras del lenguaje de la prensa

Pero dejemos la muerte y a los malos aparte.(**) He escrito todo esto rollo para sostener una afirmación que me tiene frito el seso desde hace semanas. La música es el lenguaje esencial del ser humano, el más eficaz y creíble, por mor de universal.

Y el lenguaje hablado o escrito no es más que una fachada repleta de mentiras. Algunos pensadores marxistas ya advirtieron que uno de los elementos más importantes para cambiar el mundo es desmontar el lenguaje mistificador de las clases dominantes. Sólo hay que pensar en el lenguaje de la publicidad, el de los políticos o las películas populares. Mero tópico; simple estupidez de vendedor de coches usados.

El machismo (uno de las grandes lacras de nuestros tiempos (***) ha impuesto de tal manera su lenguaje que hasta lo usan las hembras. Eso en el terreno sexual o amoroso porque si saltamos al político la cosa se sale de madre. Los periódicos, que siguen siendo los amos del lenguaje, mitifican expresiones que al ser usadas de continuo, inutilizan su sentido. No son conceptos ni ideas, son letanías. Y así los medios, todos en manos de la oligarquía financiera, son catecismos. No sólo en el terreno de la política sino también en el de la cultura.

¿Ha leído usted en algún sitio la palabra burguesía, clase obrera, delincuencia bancaria, terrorismo de estado o policial, plusvalía o capitalismo? Eso lo han cambiado por élite financiera, operarios o mercado.

Uno de los síntomas más alarmantes de la vulgarización y freno a la pujante cultura vanguardista hispana es la nueva sección que el periódico más ilustrado del Estado ha puesto en el papel. El País, edita ya a diario una sección de “entretenimiento” que no es más que un Hola en tabloide. Es una sección rosa amarillenta para señoritos y cotillas.

El señor García Márquez afirmó en una ocasión lo que sigue: “Cuando escribo tengo dos opciones, ponerme a hacerlo en plan simple para que me entienda la gente, o hacer mi arte a mi aire para que la gente tenga que esforzarse en entenderlo. Elijo la segunda, por supuesto”.

Los órganos de propaganda y difusión de la burguesía (tele, diarios, radio…) a sabiendas de que los trabajadores no tienen más que el fútbol, hacen justo lo que no quería Gabo. Están rebajando su nivel para atontar aun más si cabe a la gente.

De ahí que la música devenga arma esencial de comunicación global entre los sectores maltratados. Los jóvenes tienen el rap; los mayores a Beethoven o Marley.

La música, no la verdad, os hará libres. Esa es en realidad la verdadera frase de Jesucristo; la otra estaba mal traducida porque la verdad no existe. Sólo hay verdades y músicas. Muchas.

Abelardo Muñoz.
Barri del Carme, València.

(*) En especial sus versiones de Midnight Rambler)
(**) ¿Quién es más malo, el pelao sicario que mata a un político o el señorón que lo ordenó en su oficina?
(***) Y cuyo principal responsable desde que san Pablo se cayó del caballo es la religión (las tres del llamado Libro: judaísmo, cristianismo, islamismo)

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