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Los anarquistas y las luchas sociales

Octavio Alberola

dimecres 17 de febrer de 2010, per  Ràdio Klara

Introducción necesaria: El 6 de este mes de febrero, del compañero y amigo José Mari Olaizola recibí un mensaje avisándome de su intención de publicar el texto que venía adjunto y que ha salido en las web red-libertaria y alasbarricadas con el título: Los anarquistas y las polémicas sobre Chomsky, Chávez y los otros. Ignorando que ya había sido publicado, le contesté dándole mi opinión sobre el contenido de dicho texto, precisándole además que sólo en el caso de ser publicado yo le respondería por el mismo conducto… He ahí pues el por qué de lo que sigue:


Las polémicas, los argumentos y los insultos

Yo no creo que las polémicas, los debates, sean estériles, puesto que “no todo es tan evidente” y tampoco “necesariamente todos los análisis deben ser coincidentes”, , como el propio José Mari lo enfatiza. Creo que un debate y una polémica pueden ser útiles para confrontar análisis no coincidentes y para ver si hay evidencias que sean realmente evidentes –por lo menos desde una misma perspectiva ideológica. Claro que las polémicas, los debates, sólo serán útiles si se realizan en base a argumentos y no a insultos, calumnias y descalificaciones. Y es desde este punto de vista que se debe juzgar lo que yo he escrito sobre Chomsky y los Chávez, Castro, etc., y lo que han escrito los que me critican por denunciar la incoherencia ética y política (la bufonada) de Chomsky dejándose fotografiar junto a los Chávez, Castro, etc. Denuncié tal incoherencia porque así lo pienso, y lo hice con los mismos argumentos (la ceguera de ciertos intelectuales ante el Poder) del Chomsky que, en su momento, denunció la ceguera de los intelectuales, “compañeros de viaje” del comunismo soviético, que no veían o no querían ver lo que eran esos régimen autoritarios que se proclamaban socialistas. Y manifesté mi sorpresa de ver que Chomsky no se daba cuenta de que caía ahora en la misma ceguera de aquellos intelectuales que él había denunciado en el pasado. ¿No es legítimo preguntárselo y precisar, además, que lo hacía por las mismas razones que él lo hizo entonces? Es decir: por considerar que esta ceguera contribuye a la obra de descrédito y demolición del ideal emancipador.

Esto es lo que hice y no creo, con ello, ni haberlo insultado, ni difamado, ni calumniado. Y menos aún por reproducir lo que él dijo en respuesta a una pregunta sobre el por qué había dicho que Lenin y Trotzky fueron los peores enemigos del socialismo en el siglo XX, peores que Hitler, Mussolini, Chang-Kai-Chec, Truman o Churchill. Es insultarle, difamarle, calumniarle reproducir su respuesta: “Contrariamente a los que usted menciona, Lenin y Trotzky fueron enemigos del socialismo por varias razones. Primero destruyeron sistemáticamente Rusia, desmontando y prohibiendo las organizaciones socialistas y demás organizaciones populares, que aparecieron durante el periodo de entusiasmo revolucionario, antes de que Lenin y Trotzky se amparasen del poder. Segundo, lo hicieron en nombre del “socialismo” y así sabotearon el socialismo, no solo en Rusia sino también en el mundo entero. La tiranía antisocialista instituida por Lenin y Trotzky fue transformada mas tarde en una monstruosidad absoluta por Stalin”. Supongo que Chomsky lo dijo y luego lo repitió porque lo creía, y porque creía, además, que era un deber moral y político decirlo… Y ello pese a los reproches, acusaciones, de estar haciendo el juego a los enemigos del socialismo, al imperialismo occidental. Hacer el juego a la derecha También entonces se pretendió, como se pretende ahora, que denunciar a los demagogos, a los saboteadores del socialismo y convertirlo “en un problema central sobre los enterradores de las aspiraciones emancipadoras de los pueblos” es inoportuno y “tiene que ver poco con la realidad”. Sí, también entonces el argumento era, querido José Mari, el mismo que tú nos sacas ahora: “No todos los gobiernos son iguales”… Lo que, trasladado a la actualidad y dicho “desde el País Vasco”, lo traduces por: “No es lo mismo Zapatero que Rajoy, ni Patxi López que Ibarretxe”...

Efectivamente, no todos los gobiernos son iguales, ni todos los políticos tampoco lo son. Ni siquiera los dictadores los son; pero no por eso dejan de serlo. Y esto es lo que no debemos olvidar los que nos pretendemos ser “antiestado, sea grande o pequeño”, los que no creemos “en el juego parlamentario, en la autoridad, en los Gobiernos, en la democracia formal, etc.” y mucho menos adherimos “a hombres providenciales”, como tú precisas ser todo eso... Tratar de justificar, desde un análisis que se pretende anarquista o libertario, la demagogia, el autoritarismo, la burocratización y la corrupción de los gobernantes y gobiernos pretendidamente revolucionarios, con lo de las diferencias entre gobiernos y políticos es una inconsecuencia ideológica y una falta de sentido ético. Y aún más si se hace con el argumento-cuento de no “hacer el juego a la derecha”. Y aquí me permito recomendarte la lectura de un artículo de Rafael Cid, que lleva precisamente por título “Hacer el juego a la derecha”. Artículo que habéis publicado en vuestra red-libertaria. No sólo por lo que concierne a los argumentos con los que nos queréis invitar a la resignación, ante esa realidad constituida exclusivamente por lo que hacen los Estados y los políticos, sino también por lo de querernos inducir a la “necesidad de discreción en la crítica a los socialistas en el gobierno para no hacer el juego a la derecha revanchista”. No José Mari, en política no hay dos verdades…Hay muchos discursos…Pero, desgraciadamente, debemos reconocer –como lo dice Cid y la historia nos lo ha probado- que la verdad es esta: “Derecha e izquierda, en la política realmente existente, son primos hermanos zurcidos por un linaje común”. Sí, no es lo mismo Zapatero que Rajoy; pero, en lo que concierne a la gestión del sistema capitalista, sus políticas son fundamentalmente coincidentes. Y lo mismo puede decirse de Obama y Busch, etc. Es pues un sofisma el callar la crítica de los Zapatero, Obama, como la de los Chávez, Castro; con lo de “no contribuir a desgastar a la izquierda en el poder para impedir avanzar a la derecha sobre sus ruinas”.

Y esto era así antes y lo es hoy: “Aquí y en China poscomunista, en la Venezuela de Chávez y en la Cuba de Castro. En todos los sitios en que el funesto espejismo de los hombres providenciales fanatiza las conciencias y desarma la crítica para no desestabilizar a “uno de los nuestros”, como nos lo recuerda Cid en ese artículo. No ver esta realidad es lo propio de los que creen o militan en los partidos que se pretenden de izquierda. Lo que es normal, puesto que eso se fundamenta en la creencia de que esos partidos son “diferentes” a los de la derecha. Lo sorprendente es que esa “ceguera” pueda contagiar a militantes de colectivos u organizaciones que siguen pretendiéndose “antiestado, sea grande o pequeño”, y que afirman no creer “en el juego parlamentario, en la autoridad, en los Gobiernos, en la democracia formal, etc.”, además de no adherir “a hombres providenciales…” Asumir las consecuencias de un análisis Sorprendente, porque si el análisis les ha llevado a la convicción de que se lucha más eficazmente contra la miseria de los que la sufren, “las verdaderas víctimas”, apoyando a determinados Jefes de Estado o determinadas políticas, lo lógico, lo honesto y consecuente sería no sólo apoyarlos sino, además, asumir abiertamente las consecuencias de tal análisis. No sólo porque es su derecho creerlo y decirlo sino simplemente por eficacia…Pues es evidente que, en ese caso, lo eficaz sería apoyar a esos Jefes de Estado (en Venezuela, Cuba… y también en España, etc.) y no pretender estar aferrados a “convicciones” anteriores que han dejado de serlo.

Y es sorprendente porque es difícil comprender el argumento de haber hecho un tal análisis sin sacar las consecuencias lógicas que tal análisis implica. ¿Qué sentido tiene o puede tener reclamarse anarquista o libertario si se cree que desde el Poder se puede luchar contra la explotación y la dominación más eficazmente? Lo lógico, lo honesto y consecuente es asumir las consecuencias del análisis que uno hace. Tener la valentía de dejar de proclamarse anarquista si se llega a la conclusión, a la convicción, de que la crítica anarquista de la política parlamentaria y del Estado es “hacer mucha retórica y no tener peso en los acontecimientos de cada día”. Por eso, si se piensa que es a través de los partidos y los gobiernos, que se tiene más peso en los acontecimientos de cada día, la única decisión que tiene un sentido coherente es inscribirse en uno de esos partidos y tratar gobernar… Es incomprensible el masoquismo de querer seguir pretendiéndose algo que se considera fuera de la realidad, un simple discurso retórico, al mismo tiempo que no se considera retórico el discurso del Poder, por lo menos el de cierto Poder. Si ese análisis fuese el mío, yo lo asumiría y dejaría de reivindicarme anarquista inmediatamente. Si considerara el discurso y la práctica de los Chávez y Castro efectivamente anticapitalistas y antiimperialistas, los defendería abiertamente y me proclamaría chavista, castrista. Y en lo que concierne a Zapatero y Rajoy, me inscribiría en el PSOE o en IU, pues es evidente –como dices- que no es exactamente lo mismo…

De haber llegado a un tal análisis, yo no tendría ningún complejo en asumirlo. Inclusive sin olvidar -por eso que tú llamas realismo- lo que había pasado en México con la Revolución, con la nacionalizaciones del petróleo, etc, o en la Rusia soviética, China, etc. Y ello por la simple razón de que, si la crítica anarquista es “hacer mucha retórica”, me sería fácil considerar – como supongo deben considerarlo todos los que así piensan- que aquello sucedió en otro contexto y que no, necesariamente, se repetirá… Sobre todo si considerara que los Chávez, Castro, etc., son más fiables, por sus intenciones o sus análisis y políticas, que los dirigentes revolucionarios que dirigieron aquellas revoluciones, y que las actuales revoluciones castrista y chavista son más anticapitalistas que aquellas. El por qué de nuestra crítica… Si los anarquistas criticamos, si denunciamos aquellas revoluciones como imposturas revolucionarias, lo hacemos porque ese es el balance histórico que hemos hecho, y si criticamos y denunciamos las actuales es porque constatamos la continuidad en la misma impostura. No sólo porque en las actuales, como en las anteriores, pretender hacer la revolución desde el Poder es sólo una estrategia para quedarse en él sino también porque todas esas experiencias han sido, desde el comienzo hasta el fin, puros engendros autoritarios e inclusive totalitarios. Críticas y denuncias hechas también por muchos que, inclusive desde una perspectiva marxista, han llegado al mismo balance, a la conclusión de que el fin de la explotación y la dominación no llegará de arriba sino desde la base. No es una crítica, una denuncia, hecha por razones ideológicas sino porque la historia nos obliga a ser lúcidos. Los fracasos son ya demasiados y muy aleccionadores. Sabemos el por qué de esos fracasos y lo lógico, lo sensato, es no repetir los mismos planteamientos. Todas esas experiencias históricas han demostrado la quimera de la emancipación a través del poder y que las únicas conquistas sociales reales, para los explotados y dominados, son el resultado de sus luchas y no regalos de los que explotan y mandan. De sus luchas, cuando éstas han sido la expresión y el resultado de la conciencia reivindicativa de las masas populares. Conquistas que se han perdido con la llegada al poder de las élites y vanguardias revolucionarias.

Te recomiendo leas en kaos, entre los numerosos artículos que ponen en evidencia lo que es el fracaso de ese “socialismo”, el artículo Cuba: mi hora de discrepar, de Domingo Maximino Morales, y, además, que leas o releas el final del artículo ¿Gato por liebre en la nueva ley del consejo federal?, en el que tu compañero venezolano, que no dice “lo mismo” que dicen “todas las asociaciones venezolanas que aspiran a un socialismo verdadero”, se ve obligado a reconocer que “la burocracia –como protoclase dominante-“ les está dando gato por liebre en la nueva ley del consejo federal del supuesto poder popular, pues es el ministerio del ramo el que designa los voceros de las supuestas comunas… Y si esto no es populismo, dirigismo, autoritarismo, ya me dirás… Esto es lo que muestra la historia hasta ahora y es por ello una ingenuidad creer a estas alturas en salvadores… Este era ya el análisis de los anarquistas, de los libertarios, antes inclusive de esos fracasos, y el que ha guiado siempre su intervención en las luchas sociales. Nunca se han considerado ni vanguardia ni salvadores, ni de las masas ni de nadie. Y si los ha habido, que se lo han creído, pronto han tenido que olvidar sus pretensiones o emigrar hacia otros predios…Quizás es el caso de tu compañero venezolano, que sigue proclamándose anarquista y aplaude al militar Chávez, aunque le esté dando gato por liebre.

Por eso, estimado José Mari, todas tus invectivas y comentarios despreciativos del quehacer libertario, anarquista, son gratuitos y sin fundamento… Pues parece mentira que a estas alturas no hayas comprendido que el anarquismo no es un partido, y menos, un partido que prometa , si votan por él, el bienestar para todos, como tampoco es ni puede ser un movimiento mesiánico. Y no puede serlo simplemente porque si el anarquismo no es antijerárquico no es anarquismo. El anarquismo es una actitud, una conducta al interior de las luchas de los explotados y dominados para hacer todo lo posible por que éstas sean consecuentes con sus objetivos emancipadores. Una actitud, una conducta que se resume en no obedecer y no mandar... Esta es y ha sido siempre mi concepción de la anarquía y del ideal libertario, y estoy convencido de que corresponde al pensamiento y a la acción de la mayoría de los que se reclaman de este ideal. Nada que ver pues con vanguardias y aún menos con concepciones doctrinarias, con jefes providenciales y soluciones mágicas...

Los anarquistas son explotados y dominados, como todos los demás, sólo que son conscientes de lo que permite a la explotación y a la dominación existir y perpetuarse. De ahí que denuncien y combatan los mecanismos políticos, sociales y culturales que contribuyen a esa perpetuación. Y es en esto que se puede verificar si su discurso se corresponde con su currículo. Pues, se reconozca o no, es en la práctica personal que se puede ver si el discurso que se tiene es demagógico o no lo es. Inclusive cuando se usa como argumento para descalificar al otro, porque uno se considera ser el que está “con los más pobres y los más desfavorecidos para conseguir afianzar mejoras sociales, acumulando fuerzas en el camino hacia un socialismo de verdad”. Pues ese discurso puede ser tan demagógico como el que tienen los que “pontifican desde iglesias” anarquistas sobre la “revolución” como el de los que pretenden hacerla desde iglesias y partidos. Como los Chávez, Castro, etc., el Papa también pretende “estar con los más pobres y los más desfavorecidos”. Todos los que mandan dicen hacerlo para el bien del pueblo; pero, la realidad, es otra… “Las masas explotadas –dices- quieren soluciones y quieren que quien aporta soluciones esté con ellas, jugándosela como ellas, para como mínimo ser fiable”. Pues bien, allá tú si a pesar de todo lo que te enseña la historia crees que los que mandan están con las masas explotadas, jugándosela como ellas, y si crees que esos Jefes de Estado son fiables. Claro, que si es lo que ahora crees, se comprende lo de guardar silencio… Fraternalmente Octavio Alberola

Artículo anterior de Jose Mari Olaizola

Artículo extraído de:

http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/13045

Octavio Alberola en www.radioklara.org

Chomsky en www.radioklara.org

Chávez en www.radioklara.org

Anarquismo en www.radioklara.org


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