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Lucio Urtubia, como el agua

Lunes 17 de diciembre de 2007, por Abel Ortiz


Como el agua clara, que baja del monte, se explica uno de los últimos anarquistas que vivió el exilio, los años de plomo, las partidas, la persecución, los juicios sumarísimos, los compañeros agarrotados. Cruzó los Pirineos, cuando eso equivalía a jugarse todo en un mal encuentro con la guardia civil, en un bautismo que fue, para toda una generación de militantes libertarios, una cuestión de compromiso, de resistencia ante un régimen construido sobre ruinas humeantes y medio país perseguido, de continuidad en la lucha contra el nazifascismo más allá de las fronteras, más allá del tiempo y del espacio. Quico Sabaté, el más conocido de los guerrilleros libertarios, escondido en la casa del joven Lucio, fue su mentor; le enseñó todas esas cosas que no vienen en los libros y son tan necesarias en tiempos difíciles.

El Che Guevara lo recibió y escuchó su plan para falsificar toneladas de dólares. La falsificación de moneda y documentación con intenciones desestabilizadoras era una vieja idea libertaria que Lucio Urtubia y algunos otros, Laureano Cerrada Santos es un antecedente claro, utilizaron cuantas veces consideraron necesarias. Siempre funcionó. El black power, montoneros, tupamaros y muchos más recibieron la aportación económica procedente de las planchas libertarias de Lucio. Los anarquistas franceses de acción directa, que aun tienen presos en las cárceles, y muchos otros, recibieron la solidaridad y la ayuda de Lucio Urtubia. Sigue ahí, con la puerta de su casa abierta, en un barrio de París.

El apoyo mutuo y todas las ideas ácratas que las juventudes libertarias francesas y los combatientes antifranquistas transmitieron al joven albañil que, como Mera, nunca dejó la paleta, calaron hondo. El navarro maneja ideas claras: actuar más y hablar menos, trabajar, escuchar, aprender. Como referente histórico es innegable, acercarse a según que momentos, en según que sitios, es imposible sin Lucio y otros como él.

Puede que la iconografía de nuestros tiempos, estos, prime perfiles amables, cómodos, fácilmente asimilables por el merchandising, digeribles, inofensivos. Es decir todo lo contrario a Lucio Urtubia. Un rebelde, un insumiso, un anarquista, un albañil. Inasimilable por la “gran sociedad”, se destaca lo espectacular de alguna de sus aventuras. Se minimiza su filantropía. Se difumina su figura. Ya se hizo antes. Con Seguí, Pestaña, Durruti, Sabaté y tantos otros. No hay un santoral anarquista por más que muchos insistan en ello. No hay mártires libertarios, ni líderes inatacables. Hay una historia. Innegable, como la trayectoria de Lucio Urtubia, de profesión albañil.


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