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La taifa de Fabra

Benjamin Lajo

dijous 7 de gener de 2010, per  Ràdio Klara

Hace bastante tiempo, antes de que los hispanomusulmanes y los hispanojudíos fueran expulsados por los hispanocristianos después de ocho siglos en la península, existieron los llamados reinos de taifas. Fueron dos épocas separadas por sucesivos emiratos que facilitaron con su unificación la formación del Califato Omeya en Al-Andalus. El único califato occidental que ha habido y que concedió esplendor, cultura y poder a esta tierra. Un imperio al sur de Europa, que fue vanguardia en un continente cristiano y arcaico.


Castellón, emana esa singular Historia por su territorio. Nos hablan las piedras, los vestigios de aquellas civilizaciones que tanto nos aportaron. No está de más recordar al lector, que en ese casi milenio, convivieron las tres culturas con la voluntad de hacerlo. La Península Ibérica fue un crisol de esas sociedades que obviamente marcaron un carácter que trasciende hasta nuestros días. Tal vez, por ese motivo en este presente, algunas vivencias de nuestro pasado (que va mucho más allá de Jaime I, digan lo que digan) se repiten. Prueba de ello es esta democracia ficticia que sufrimos actualmente que ha dado poder de nuevo a reyezuelos que nos gobiernan aún estando imputados porque: “Me indultan las urnas”. O en un alarde de magnificencia divina hace de la Justicia un parque temático donde otros casos imputados a sus compañeros de partido, tras las resoluciones liberadoras de una dudosa justicia local en los casos de corrupción con frases tan significativas como: “A aguantarse, a fastidiarse y a resignarse”. Lo que no sabe o prefiere ignorar el Presidente de la Diputación de Castellón, es que, además de parecer un señor, hay que serlo. Que lo de ir apabullando a los que discrepan o denuncian su conducta de persona pública con una responsabilidad de gobierno (salpicando brillantina y más chulo que un ocho verde pistacho) es de otros tiempos que duele rememorar. De no hace mucho, menos de cincuenta años. Que en una verdadera democracia no caben esos gestos de césar de mercadillo o de jeque kuwaití. Así que, como ciudadano, quisiera pedirle que baje sus humos tóxicos, poco acertados, que desprende siempre con sus manifestaciones en los medios de comunicación. Que el delirio prepotente es efímero y que el poder que hasta ahora le han concedido las urnas algún día dejará de existir. Haga una reflexión profunda y sincera de su gobierno. A veces, dicen los estrategas militares, que una buena retirada es una gran victoria para lavar lo que está sucio en cuestiones honestas, honradas y no tiene remedio.

Pero, ¿qué es lo que permite que esta situación sea posible? ¿Qué nos lleva a tener que aceptar insultos, desplantes y el egocentrismo de personas como el jeque de Castellón del Siglo XXI? Creo que no hay que esforzarse demasiado. Indolencia, desidia, sumisión, conformismo... ¿O será la falta de exigencia social? Cualquiera de estas reflexiones, nos pueden servir para explicar este hecho consumado. También es posible que se deba a que la oposición no está haciendo bien su trabajo, pues nada parece cambiar en el horizonte. Su falta de beligerancia, probablemente. Su poca convicción de que por encima de la política ha de prevalecer la verdadera justicia y, afortunadamente, se contempla el Derecho a Manifestarse, ¿no? Pues a trabajar, que para eso fueron elegidos por el pueblo. No abandonen sus sesiones porque les quite la palabra, por que sí, o por lo que escuchen ofenda, aunque digan que lo hacen como protesta. Tengo la impresión que eso es precisamente lo que quiere. Que sus oponentes políticos hablen lo menos posible. Las palabras, no sólo se las niegan a ustedes sino a todos los que representan. No consientan que las instituciones sean degradadas por los oportunistas ni permitan que se burlen de ustedes, pues también se burla de los ciudadanos que pensamos diferente. Que no respaldamos su soberbia ni nos sentimos acobardados, pero sí indignados, de cómo pasa el tiempo y las imputaciones (varias) parecen congeladas en un glaciar de indiferencia.

Los andalusíes denominaban a esta tierra como “La Perla del Al-Andalus”. Hicieron prosperar su fértil huerta. Ampliaron y mejoraron los sistemas de riego que ya implantaron culturas anteriores, y que hoy, la especulación del suelo, la urbanización descontrolada, ha ido devorando a una velocidad vertiginosa que amenaza con hacer que se evaporen milenios de esfuerzo y amor a nuestro generoso entorno. Me pregunto apesadumbrado que le espera a nuestro porvenir. Qué legado se dejará al futuro si perdemos nuestra identidad y suplantamos los naranjos por ladrillos.

Benjamín Lajo Cosido (memorialista)

Benjamin Lajo en www.radioklara.org


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