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¡Esto sí es Bolonia, señores Rectores!

La última publicación de la ANECA

divendres 20 de març de 2009, per  Ràdio Klara

La última publicación de la Agencia de Evaluación Externa de la Calidad y la Acreditación (ANECA), el buque insignia del proceso de Bolonia, por fin deja las cosas claras. Tan claras, que ahora resulta que los antibolonia nos habíamos quedado cortos. El documento se llama:


Dani Iraberri

Rebelión

"El debate sobre las competencias: una investigación cualitativa en torno a la educación superior y el mercado de trabajo en España" y puede consultarse en http://www.aneca.es/publicaciones/docs/publi_competencias_090303.pdf

Lo más estremecedor es que dice exactamente lo mismo que los más pesimistas de los antibolonia decían que era Bolonia. Tener tanta razón sobre la realidad cuando ésta es tan infernal es realmente una faena. La ANECA lo deja todo muy claro: resulta que no solo no habíamos exagerado. Es que nos habíamos quedado cortos.

Recomendamos leer, aunque solo sea, la Introducción del documento. Y lo ideal sería, desde luego, que lo leyeran los Rectores y los Decanos, el Director General de Universidad, el Secretario de Estado, y ya de paso, la Ministra. Y que luego explicaran si siguen o no considerando al movimiento estudiantil alarmista y exagerado.

Adjunto unas cuantas citas de muestra. Por si alguien duda: esas citas no son una crítica de Bolonia, son una apología. Tras describir el infierno que tenemos por delante, se dedican a mostrar cómo la universidad debe adaptarse a él. Y esto no lo publican esos empresarios a los que el Rector de la Complutense, Carlos Berzosa, decía que no había por qué hacerles caso. Lo publica la ANECA, es decir, quien nos tiene que aprobar los planes de estudio.

CITAS DEL DOCUMENTO:

Nos ponen frente a las nuevas realidades del trabajo en el capitalismo de la modernidad tardía o posmoderno, caracterizadas por el imperativo de la flexibilidad, la continua reinvención discontinua de las instituciones y las reglas del trabajo, la erosión de las tradiciones laborales, la pérdida de las seguridades, la multiplicación de empleos fluidos y cambiantes, la aparición de ocupaciones deslocalizadas y jornadas elásticas, extensas prácticas de subcontratación y externalización de funciones, declinación de las solidaridades del trabajo y de los organismos de defensa sindical, precarización de muchos empleos, permanente reingeniería de las empresas y sus modelos de gestión, reemplazo de las cadenas por redes de producción, obsolescencia de los conocimientos ligados a las funciones, evaluación panóptica de los desempeños individuales, internalización e individuación del éxito y el fracaso, desaparición de actividades y su reemplazo por otras en una constante dinámica schumpeteriana de destrucción creativa (Sennett, 2000; Boltanski y Chiapello, 2002). […] Esta noción de que algo ha cambiado en las formas de mudar de las cosas es propia, precisamente, de la sensibilidad y el pensamiento posmodernos. Sea que ella aluda al fin de los ‘grandes relatos’ que habrían acompañado a las revoluciones y el progreso moderno, o a la mutación de las coordenadas espacio-temporales que traen consigo las tecnologías digitales e Internet, o a la licuación que hace fluir las estructuras sólidas y las tradiciones creando nuevos riesgos a nuestro alrededor, o a la conformación de un mercado global cuyas transacciones escapan a los estados nacionales, esta noción de un ‘metacambio’ describe también el entorno turbulento en que hoy se desenvuelven las universidades. Ellas se ven forzadas ahora a adaptarse al nuevo entorno, ya bien porque los gobiernos las obligan a actuar en mercados administrados o cuasi mercados para procurar su parte de la renta nacional o bien porque se hallan puestas, directamente, en una ‘situación de mercado’ según la denomina Weber, como ocurre en numerosos países en diferentes regiones del mundo. […] los estudiantes pagan aranceles y pasan a ser clientes; los profesores son contratados y dejan de ser funcionarios; las funciones institucionales se convierten en desempeños y sujetan a minuciosas mediciones; se enfatiza la eficiencia y el value for money; los modelos de negocio sustituyen en la práctica a los planes estratégicos; la gestión se racionaliza y adopta un estilo empresarial; el gobierno colegiado se transforma en corporativo al independizarse de los académicos e integrarse con representantes de los stakeholders externos; los investigadores son estimulados a patentar y los docentes a vender docencia ‘empaquetada’ a las empresas; los incentivos vinculados a la productividad académica reemplazan las escalas salariales asociadas al cargo; los currículos son revisados y sancionados en función de su pertinencia laboral y evaluados por agencias externas en relación a su calidad; las culturas distintivas de las instituciones y sus ‘tribus académicas’ empiezan a ser tratadas como asunto de clima organizacional; las universidades son comparadas por medio de rankings locales y clasificadas geopolíticamente a nivel global (he ahí la realpolitik de los prestigios institucionales); se crea un mercado global para servicios de educación superior y su regulación se resuelve en las rondas del GATS (el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios), no en sede académica. En fin, “la universidad ya no es más un lugar tranquilo para enseñar, realizar trabajo académico a un ritmo pausado y contemplar el universo como ocurría en siglos pasados. Ahora es un potente negocio, complejo, demandante y competitivo que requiere inversiones continuas y de gran escala” (Skilbeck, 2001) José Joaquín Brunner Prólogo al Debate sobre las competencias. Una investigación cualitativa en torno a la educación superior y el mercado de trabajo en España. Documento de la ANECA. Madrid, febrero 2009.

[…] de una sociedad industrial que basaba su desarrollo en un modelo de producción en serie (popularmente conocido como fordismo, y fundamentado en una producción masiva de bienes de consumo destinados a satisfacer amplios mercados formados por consumidores de clases medias y trabajadoras) y caracterizado por una estabilidad de los mercados, grandes organizaciones y unas relaciones laborales institucionalizadas, se asistió a una transición, durante las décadas de los setenta y ochenta, a un nuevo modelo de producción flexible, más competitivo, y desregulado, que ha generado un replanteamiento acerca de las cualificaciones realmente requeridas por el trabajador en el puesto de trabajo al tener las empresas que atender a mercados muy fragmentados, con cambios repentinos y dependientes de los gustos volátiles de clientes muy segmentados. La transición a este nuevo modelo conocido como postfordismo, como han puesto de relieve las diferentes escuelas sociológicas asociadas a la teoría de la regulación, se ha caracterizado por un declive del empleo industrial a favor del sector servicios, la explosión de las nuevas tecnologías de la información y la desregulación de los diferentes mercados, incluidos los de trabajo (acompañados por el fenómeno de la casi inexorable globalización económica), lo que ha tenido un impacto más que significativo en el mundo del trabajo y, particularmente, en la formación requerida a las nuevas y veteranas cohortes de trabajadores (Alonso, 2007). En la era fordista, la cuestión de las cualificaciones estaba establecida en forma de un modelo claro y cerrado, en el que los trabajadores seguían varias trayectorias definidas. En la cúspide se situaban los cuadros de las empresas, ingenieros, profesionales liberales y cargos de la administración del Estado, que contaban con títulos universitarios que reflejaban apropiadamente la adecuación entre competencias (que pasaban a ser propiedad de los que portaban dichas credenciales) y el puesto de trabajo al que se aspiraba. Por debajo, tanto white collars como blue collars contaban asimismo con una formación definida de menor nivel, mientras que el trabajador de la fábrica fordista sufría un proceso de descualificación ligado a los requerimientos de la organización científica del trabajo y su segmentación de tareas. Sin embargo, la necesidad, a partir de un momento determinado, de un trabajador más comprometido, lleva a que progresivamente sean otros atributos los que predominen sobre el credencialismo formal, pues los requerimientos de los nuevos tiempos de mercados turbulentos exigen más que títulos: por el contrario, se empieza a hacer énfasis en la flexibilidad y la adaptación. […] De esta forma, las sólidas relaciones del pasado son ahora desmanteladas y teorizadas como fluidas, líquidas e inestables, encontrándose la mano de obra sometida a los requerimientos de las fuerzas del mercado en una situación en la que, por parafrasear a Marx, todo lo que es sólido se desvanece en el aire. […] Desde los gobiernos occidentales, la posición ha sido la de fomentar la competitividad de sus naciones ante el fenómeno de la globalización económica, ya que por una parte han facilitado, como agentes necesarios, la transición de un Welfare State o Estado del Bienestar a un Workfare State o Estado Emprendedor que se ocupa menos de la redistribución que de facilitar las condiciones para el desarrollo de una actividad económica bajo las premisas de un libre mercado. […] Para ello, y como se podrá leer en este trabajo, las instituciones políticas nacionales y supranacionales europeas han intentando intervenir en los mercados laborales con el fin de garantizar que su fuerza de trabajo siga siendo competitiva, con iniciativas como el conocido Aprendizaje a lo largo de la vida. El énfasis se hará así en una política educativa que sea capaz de preparar, de forma adecuada, a los diferentes segmentos de trabajadores ante los exigentes requerimientos de la economía mundial –en la que Europa, además, no puede competir vía costes laborales, sino a partir de la inversión en un conocimiento que tenga impacto sobre la productividad y la mejora de la competitividad, dentro del marco de una sociedad de la información asumida como paradigma de la época. […] En la sociedad de la información actual, como se había señalado con anterioridad, hay una nueva complejidad derivada de la incertidumbre que provocan algunas de las características del nuevo turbocapitalismo de redes: aceleración, velocidad, fluidez, en las que las nuevas ideas son sustituidas de inmediato por otras, donde la sobreabundancia de información genera incertidumbre y donde la inestabilidad parece la norma. Esto tiene un impacto enorme en el diseño de condiciones adecuadas para la creación de entornos de aprendizaje y construcción del conocimiento, pues este último queda desfasado y obsoleto con gran rapidez. Actualmente, como señalan algunos expertos, la formación inicial requiere ser diseñada sabiendo que cuenta, desde el principio, con una caducidad (Gros, 2008). Anteriormente, la educación era algo que tenía valor en la medida que ofreciera un conocimiento de valor duradero (Bauman, 2008), pero en esta nueva modernidad líquida tantas veces teorizada con brillantez por Bauman existe una dificultad intrínseca para conservar la memoria ante los mensajes de volatilidad y cambio. La sobresaturación y complejidad del conocimiento acumulado es difícilmente transmisible en forma de una educación inicial, siendo además alterada en su transmisión por la profusión de medios de comunicación (televisión, Internet, etc.). La propia universidad sufre, de acuerdo a muchos expertos, una falta de adaptación a los nuevos tiempos que corren, siendo acusada de ensimismamiento y de no responder educativamente a los nuevos retos, tanto docentes como de investigación aplicada. Se demanda así de ella una mayor flexibilidad logística y pedagógica, y la utilización de herramientas que permitan a los docentes universitarios transmitir un conocimiento al día de los últimos desarrollos disciplinares, estimulando asimismo la competitividad de su personal a partir de la puesta en marcha de exigentes y sofisticados sistemas de evaluación, acreditación y análisis de la transferencia de conocimientos. El discurso de modernización de la estructura universitaria, con su búsqueda de nuevos marcos de aprendizaje ha calado con fuerza, y son muchas las medidas que se han puesto en práctica con el fin de convertir la enseñanza universitaria en excelente y adaptarla a las necesidades de las empresas […] en el pasado, en la agenda moderna, el individuo poseía la cualificación concreta; actualmente, por el contrario, el discurso se centra más en la fluidez de las mismas y la disponibilidad y flexibilidad, esto es, en la adaptación permanente. Por otra parte, el individuo, convertido en empresario de sí mismo, debe ser capaz, utilizando sus recursos y capacidad de leer las necesidades que se demandan en el mercado, de construir una biografía personal que, además de laboral, debe contar con un conjunto de competencias que resulten atractivas a sus posibles empleadores: el individuo pasa, así, a autogestionar sus competencias con el fin de crear un currículum vítae exclusivamente adaptado a las necesidades de las empresas y alejado de otros elementos que habían caracterizado la cultura universitaria tradicional, que acaba subsumida en el mercantilismo. […] lo que se exige es una disponibilidad y flexibilidad totales, individualizando aún más las relaciones laborales y desmantelando las garantías y seguridades conseguidas tras una larga historia de conflicto social y negociación colectiva. Ibíd. Introducción.

Artículo extraído de:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=82519

Bolonia en www.radioklara.org


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