Arrel de la web > Articles > Un Gulag alicatado de palabras

Un Gulag alicatado de palabras

“Pero hemos vivido para salvaros las palabras para devolveros el nombre de cada cosa” (Salvador Espriu)

divendres 16 de novembre de 2007, per  Ràdio Klara

En el cromado panóptico en que se está convirtiendo nuestro zoo político, una democracia tan jibarizada que apenas deja respirar, nada es verdad ni es mentira, todo depende del cristal con que se mira. O mejor dicho, todo depende de lo que prediquen los medios de comunicación, el agitpro (de agitación y propaganda), que decíamos años atrás. Un irresponsable desplante cuartelero del Rey, casi émulo de aquel inefable ¡se sienten, coño!, en respuesta al verborréico Chávez se califica de “gallarda actitud”. Y el alevoso homicidio de un adolescente por un militar nazificado se denomina “reyerta”. Dios media-ante, o sea, según esas modernas armas de desinformación masiva que diariamente nos cuentan cómo pasó. Esos agentes de la injerencia humanitaria que nos ceban de mentiras, medias verdades y spam mental.


Rafael Cid Viernes 16 de noviembre de 2007

Lo que ahora se prescribe desde arriba es la babélica confusión. Pero con un método en su locura. El objetivo no declarado de los poderes es rediseñar la realidad. Crear una democracia de percepción. Planificar un asalto a la razón en toda regla para que todo sea según a ellos les interesa. Lo podemos vocear de muchos modos. A lo clásico intelectual (para que la ideología dominante sea la ideología de la clase dominante, Marx dixit). En insípido postmoderno (para que la derecha logre imponer su marco cognitivo, Lakoff dixit). O en formato mesa camilla (para que nos cuenten cómo pasó). Da igual. El resultado es el mismo: se trata de introducir un caballo de Troya en nuestras conciencias, sin trepanación aparente, para robotizarnos. Operación que exige previamente catequizarnos desde los nuevos púlpitos mediáticos.

Y como siempre que se trata de institucionalizar una nueva servidumbre voluntaria, se empieza por el nominalismo. Cambiando el sentido de las palabras, sacrificando la veracidad a la pertinencia. En un principio fue el verbo, las palabras y las cosas, que decía Foucault. Palabra y mundo, como formuló Wittgenstein son realidades cruzadas. La neolengua que entrevió Orwell ya es moneda de cambio en nuestras sociedades virtuales. Estamos colonizados por el enemigo que nos han colado dentro. La letra con sangre entra. Y, en lógica secuencia para que la implosión patológica nos haga estragos ni produzca catarsis en la sociedad realmente existente (Zerzan dixit), tras las creencias inducidas viene la fertilidad mercantil de los actos. Aquí la consigna es mesocrática Todo lo bueno está en el justo medio, en el consenso, en las medias tintas, en aquí paz y después gloria. Basta recordar la tabarra de posprimeros años de la transición, con un elenco de partidos empeñados en disputarse el centro político como el no va mas de lo democrático.

Este sincretismo político exige imponer la misma tarifa moral para víctimas que para verdugos, para humillados que para ofendidos, sin clase ni distingos, sin pasado ni antecedentes, para pastorearnos mejor. Y tantas veces fue el cántaro del consenso al pilón que todos parecieron estar de vuelta sin haber dio. Un desfile el día de la Fiesta Nacional en que vencedores y vencidos marcharon juntos y revueltos. Una campaña de prensa hablando en paridad de radicales nazis y radicales antifascistas. Una ley de Memoria Histórica que desconoce la “radical” ilegalidad de la dictadura y, por el contrario, reconoce martirio de los perseguidos por creencias religiosas. Y, en fin, hasta un pronunciamiento ideológico de El País estableciendo en un editorial una simetría canalla entre los métodos de los facciosos y los revolucionarios. Por no hablar de ese esperpento que supone contemplar como ante el procesamiento de unos dibujantes por satirizar esta monarquía la asociación de prensa nacional (FAPE) emite un comunicado “de apoyo” reproduciendo la base acusatoria del juez de la Audiencia Nacional que oficia de inquisidor real.

¿El asalto a la razón o como decía Guy Debord un mundo realmente invertido donde lo verdadero es un momento de lo falso? No, simple política de dominación. Hace tiempo que está en el guión del pensamiento único borrar la experiencia humana, hacerla superflua como medio de abonar el camino para la resignación. Como sostenía también el teorizador de la sociedad del espectáculo, todo lo directamente experimentado hoy se ha convertido en una representación. Pero, ¡ojo!, esto no ha surgido por generación espontánea. Es política. Pura y simple política al servicio de la explotación. La única diferencia consiste en que lo antes se aplicaba sólo en momentos de crisis, cuando se decretaban estados de excepción y se suprimían garantías constitucionales, libertades y derechos fundamentales, ahora forma parte de atrezzo convivencial diario. La militarización de la sociedad civil (¿existió alguna vez?) hoy, aquí y ahora, es un axioma.

La introspección punitiva, la impunidad de los poderes y la banalidad del mal están en el AND de nuestras sociedades. Las medidas excepcionales de antaño, el darse un dictador provisional del imperio romano, son ya rasgos identitarios. El gulag habita entre nosotros, sólo hay que recocerlo en sus nuevos hábitos. Un ejemplo paradigmático de reciclaje de lo militar represivo a lo civil coercitivo. En 1983, el PSOE felipista aprobó un llamado Plan ZEN (Zona Especial Norte) para aplicar medidas excepciones con que combatir el terrorismo etarra, como concesión manu militari a ese 23-F que algunos aún creen que fracasó. Aquel plan, que era todo un programa de lucha sicológica para aislar a los violentos, es hoy la vulgata de lo políticamente correcto para amasar una sociedad expurgada de disidentes y refractarios. Para que nunca exista una oposición que se oponga. “Dar información, a través de terceros, que difundan enfrentamientos y discrepancias entre terroristas, sus ideologías foráneas, sus negocios sucios, sus costumbres criticables”, sostenía el Plan ZEN ahora recuperado. Basta con poner “radicales” donde antes decía “terroristas” para tener una idea de la gramática del gulag.

No son eufemismos, como nombrar alitosis por mal aliento o alopecia por calvicie. Cuando desde el poder se miente con las palabras se está perpetrando un atentado social. Denominar “cese temporal de la convivencia matrimonial” a la ruptura de la infanta Elena y su marido el duque de Lugo no es un lapsus lingue ni un caso de pérdida momentánea del discernimiento. Puede ser simple razón de Estado. Mientras sea provisional su separación, es decir, mientras Jaime de Maricharlar sea el consorte de la hija mayor del rey ¿gozará de ese paraíso penal que ofrece a toda la Casa Real el actual código penal “felipista” (artículos 490 y 491)? El mismo código que está llevando ante la Audiencia Nacional a republicanos y caricatos en una reedición de la ley mordaza. Obsérvese la redundante contradicción: un código penal que penaliza a unos y despenaliza a otros. Incluso más: un código penal que lo que despenaliza a unos penaliza a otros. El paradigma de la calidad de la democracia vigilada de que disfrutamos.

Artículo extraído de:

http://www.rojoynegro.info/2004/spip.php?article20065


Seguir la vida del lloc RSS 2.0 | Mapa del lloc Web | Espai privat | SPIP | esquelet