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Bonito entierro

Martes 18 de noviembre de 2008, por Abel Ortiz


El funeral de Washington ha sido, como se esperaba, un éxito de público y crítica. El muerto, en su papel, calladito y sonriente en la caja de madera, era recordado por los asistentes entre bocado, buchito, y ocho minutos de intervención, como alguien que deja de herencia a sus sucesores la llave de la caja y la caja vacía. Deudos, plañideros, sablistas, inversionistas, conjurados, figurantes y demás familia, recalcaron las virtudes del cadáver. El neoliberalismo era un buen chico. Las “familias” prosperaron, los business florecieron. Armas, drogas, esclavos, juego, prostitución, bolsas, paraísos financieros, asalto a las arcas públicas, despidos, deslocalizaciones, regulaciones; competitividad. Aguas negras: Blackwater. Solo era necesario ser emprendedor, dejar hacer a los mercados y a los designios divinos, la bolsa, como el mundo, procede de un “diseño inteligente” que se autorregula. Dios proveerá. En dios confiamos.

El G-20, última invención de la Marvel, en los responsos, cuchicheaba cambios fundamentales en la lucha planetaria contra los supervillanos: haremos lo que nos mande la OTAN. En inglés, of course. La lengua es el imperio. En “Hispanoamérica” en el África “francesa”, en Oceanía, en Brasil. Idiomas aprendidos a bayonetazos, impuestos con el cristo, la espada, los paracaidistas, el dólar o el napalm. La ceremonia fue en inglés unilateral. La lengua del imperi; los dueños del tanatorio, de la autopista, del aeropuerto y del mayor arsenal de armas de destrucción masiva que vieron los siglos pasados y habrán de ver los venideros. La próxima reunión será en Inglaterra; London calling.

Ataúd Jonson y Sepulturero Jones patrullan unas calles que nunca hubieran reconocido como suyas. Los daños colaterales del libre comercio, el libre mercado, la libre circulación de capitales, hacen cola en el paro, en los pasos fronterizos, en las cárceles o en los centros de internamiento de emigrantes. Lo llaman crisis.

Lo de Franco, un socialista, como explicaba Esperanza Aguirre, era una democracia orgánica, lo de Stalin el socialismo real, lo del Prestige unos hilillos de plastilina en unas playas esplendorosas, lo de Blair la tercera vía al socialismo, en Irak había armas peligrosísimas, lo probó Collin Powell en la ONU, el once de Marzo fue un atentado de ETA, como también afirmó la ONU a propuesta del maldito bigotón, y el escudo antimisiles polaco es contra Irán. Uno, trino y paloma.

En Zurich, o en Montecarlo, las terrazas están ambientadísimas, los camareros cuidan la temperatura de los martinis y la clientela charla distendida. Miles de estafadores con las cuentas llenas apuestan en el casino, compran clubs de fútbol, financian golpes de estado en lejanos países, comercian con maderas africanas de los últimos bosques, organizan chollos piramidales, negocian con perca del Nilo y aviones rusos, sostienen gobiernos “amigos” o invierten en compañías privadas de seguridad para apalear emigrantes en el metro. Van a refundar sus empresas, lo están celebrando. Más transparencia, más control. Hay entierro. ¿Por quien doblan las campanas?

Abel Ortiz


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