{"id":7872,"date":"2019-12-13T20:58:48","date_gmt":"2019-12-13T18:58:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/?p=7872"},"modified":"2019-12-13T20:58:48","modified_gmt":"2019-12-13T18:58:48","slug":"acracia-y-democracia-atando-cabos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/acracia-y-democracia-atando-cabos\/","title":{"rendered":"Acracia y democracia: atando cabos"},"content":{"rendered":"<h4>El Vaiv\u00e9n de Rafael Cid<\/h4>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>&lt;&lt;Nada de lo que haya acontecido<\/em><br \/>\n<em>ha de darse por perdido para la historia&gt;&gt;<\/em><br \/>\n<strong>(Walter Benjam\u00edn)<\/strong><\/p>\n<figure id=\"attachment_3624\" aria-describedby=\"caption-attachment-3624\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/rafaelcid.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-3624\" src=\"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/rafaelcid-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/rafaelcid-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/rafaelcid.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3624\" class=\"wp-caption-text\">Rafael Cid<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em> y <em>&lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em> discurre una larga historia de encuentros y desencuentros. En realidad, m\u00e1s de desavenencias que de connivencias (y no digamos ya de confluencias). Aunque ambos t\u00e9rminos, nombres femeninos, tiene la misma ra\u00edz, en este caso el h\u00e1bito no hace a la causa. El sufijo griego <em>&lt;&lt;kratia&gt;&gt;<\/em>, equivalente a fuerza, autoridad o gobierno, compromete a los dos conceptos. Pero justamente a la inversa. Incorporado al prefijo <em>&lt;&lt;a&gt;&gt;<\/em>, se traduce <em>&lt;&lt;sin gobierno&gt;&gt;<\/em>, y precedido de <em>&lt;&lt;demos&gt;&gt;<\/em> significa <em>&lt;&lt;el gobierno del pueblo&gt;&gt;<\/em>. En ese contexto sint\u00e1ctico y epistemol\u00f3gico se ubica la tarea de explorar potenciales afinidades entre <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em> y <em>&lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em>. Algo que, a priori y desde las categor\u00edas del presentismo dominante, viene ya de f\u00e1brica prejuzgado con vehemente hostilidad. La mala reputaci\u00f3n de la voz <em>&lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em>, hoy asociada con el capitalismo en su formato de <em>&lt;&lt;neoliberal y\/o representativa&gt;&gt;<\/em>, inspira un negacionismo militante para buena parte de la izquierda, ya sea libertaria y\/o autoritaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo de <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em>, como su m\u00e1s gen\u00e9rica <em>&lt;&lt;anarqu\u00eda&gt;&gt;<\/em>, definida por el ge\u00f3grafo Eliseo Reclus como <em>&lt;&lt;la m\u00e1s alta expresi\u00f3n del orden&gt;&gt;<\/em>, entra\u00f1a otras opacidades. Se refiere, a pesar de la abundante polisemia que incorpora, a un sistema de organizaci\u00f3n de la sociedad (el <em>&lt;&lt;demos&gt;&gt;<\/em> ampliado de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica) que prescinde del <em>&lt;&lt;gobierno&gt;&gt;<\/em> (del gobierno del Estado, con mayor precisi\u00f3n) para constituirse. Definici\u00f3n que adquiere perspectiva cognoscente si la enriquecemos en la comparativa con los otros dos sin\u00f3nimos de <em>&lt;&lt;kratos&gt;&gt;<\/em> que mejor le cuadran: <em>&lt;&lt;autoridad&gt;&gt;<\/em> y <em>&lt;&lt;fuerza&gt;&gt;<\/em>. As\u00ed cotejada, la <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em> ser\u00eda un modelo de convivencia que difumina la fuerza coactiva (otra vez, del aparato del Estado, que como sabemos desde Max Weber es el artefacto que ostenta la patente de su uso leg\u00edtimo) y el principio de autoridad (nicho donde anida la servidumbre voluntaria) para definir su r\u00e9gimen. Lo que conlleva, desde su haz, a negar la necesidad de un orden vertical y jer\u00e1rquico de arriba-abajo (descendente de menos a m\u00e1s), y, visto desde su env\u00e9s, la confianza en la capacidad de auto-organizaci\u00f3n (regulaci\u00f3n directa) de las personas para administrarse en com\u00fan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recalcando lo de <em>&lt;&lt;en com\u00fan&gt;&gt;<\/em>, porque un <em>&lt;&lt;individuo&gt;&gt;<\/em> aislado (se me permitir\u00e1 la redundancia) carece de v\u00ednculos, es como un n\u00e1ufrago a la deriva en la inmensidad de un oc\u00e9ano est\u00e9ril, sin eticidad. Como sostiene el fil\u00f3sofo Emmuel Levinas <em>&lt;&lt; el ser no existe nunca en singular&gt;&gt;<\/em>, una actualizaci\u00f3n de aquel <em>&lt;&lt;zoon politik\u00f3n&gt;&gt;<\/em> de Arist\u00f3teles, que en Bakunin cristaliza en forma de solidaridad al enunciar su idea de libertad:<em>&lt;&lt;Soy libre solo cuando todos los seres humanos que me rodean son igualmente libres. La libertad de los dem\u00e1s, lejos de restringir o de negar mi libertad, es por el contrario su condici\u00f3n necesaria y su confirmaci\u00f3n&gt;&gt;<\/em>. Posicionamiento el del gran agitador ruso que pivota en las ant\u00edpodas del positivismo jur\u00eddico que al modo de Isaiah Berlin discrimina (ojo a la curiosa semaforizaci\u00f3n maniquea) entre <em>&lt;&lt;libertades positivas&gt;&gt;<\/em> (las autorizadas desde y por el Poder) y <em>&lt;&lt;libertades negativas&gt;&gt;<\/em> (las que nacen de la propia autonom\u00eda de la persona en su interacci\u00f3n social). Lo que en la vida corriente se asimila con esa especie de reserva del derecho de admisi\u00f3n, sensu contrario, que predica <em>&lt;&lt;mi libertad termina donde comienza la libertad de los dem\u00e1s&gt;&gt;<\/em> y viceversa. Hoy declamada a la oriunda manera ultrapopulista <em>&lt;&lt;los nuestros, primero&gt;&gt;<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hablamos ciertamente desde la profundidad de los tiempos en que las ideas ensamblaron palabras y cosas. En nuestro entorno cultural el termino <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em> apareci\u00f3 por primera vez en el Diccionario de la Lengua Castellana de D.M. N\u00fa\u00f1ez de Taboada, editado en Par\u00eds en 1825. Por su parte, la voz <em>&lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em> ven\u00eda de anta\u00f1o, mostr\u00e1ndose en letra impresa en el lejano 1607 a trav\u00e9s del Tesoro de las Lenguas Francesa y Espa\u00f1ola, debido a Cesar Oudin. Como Napole\u00f3n ante las pir\u00e1mides de Egipto, podemos decir que <em>&lt;&lt;muchos siglos les contemplan&gt;&gt;<\/em>. Con todo y eso, ambas propuestas no son un\u00edvocas, tanto <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em> como <em>&lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em> est\u00e1n transidas por acepciones varias, que aplicadas a la pol\u00edtica cotidiana derivan en tergiversaciones que se despliegan a gusto del consumidor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque en puridad anfibolog\u00eda <em>&lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em> parece tener aristas inmarcesibles. El saber convencional admite como patr\u00f3n que as\u00ed denominamos a un sistema pol\u00edtico basado en el <em>&lt;&lt;gobierno del pueblo&gt;&gt;<\/em>. Incluso, y para mayor abundamiento, este registro se suele completar a\u00f1adiendo el correlato que Abraham Lincoln universaliz\u00f3 en su discurso del 19 de noviembre de 1863 para conmemorar la batalla de Gettysburg: <em>&lt;&lt;el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo&gt;&gt;<\/em>. Algo que recuerda a otro hecho de guerra, la oraci\u00f3n f\u00fanebre de Tuc\u00eddides tras la derrota ante los espartanos donde apareci\u00f3 por primera vez la expresi\u00f3n <em>&lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em>.Aqu\u00ed, pues, la clave, al contrario que en la <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em>, estar\u00eda en el calificativo <em>&lt;&lt;pueblo&gt;&gt;<\/em>. \u00bfQui\u00e9n compone el <em>&lt;&lt;pueblo&gt;&gt;<\/em>? \u00bfEs una estad\u00edstica demogr\u00e1fica? \u00bfCu\u00e1les son sus atributos? Sin recurrir a demasiados artificios ni sofisticaciones, parece l\u00f3gico afirmar que el <em>&lt;&lt;pueblo&gt;&gt;<\/em> lo integra la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n (activada o silente). Cuando no el sector de la poblaci\u00f3n m\u00e1s desfavorecido y pobre, que por esa condici\u00f3n doliente suele ser la clase m\u00e1s numerosa. En la democracia as\u00ed rotulada el poder de gesti\u00f3n lo detentar\u00edan los de abajo, el estamento con mayor base de la pir\u00e1mide social. El laberinto del minotauro, no obstante, se complejiza a\u00fan m\u00e1s cuando se mimetiza en proyecciones espacio-temporales como <em>&lt;&lt;democracia burguesa&gt;&gt;<\/em>, <em>&lt;&lt;democracias populares&gt;&gt;<\/em>, donde el calificativo coyuntural devora al sustantivo perenne.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Establecido y desarrollado este pautado, podemos entrever que entre <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em> y <em>&lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em> existe m\u00e1s que un aire de familia, por utilizar la conocida expresi\u00f3n, aunque ciertamente no puede hablarse de parentesco. El horizontalismo que implica el sesgo abajo-arriba (una casa no se empieza por el tejado sino por los cimientos), consignado en la <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em>, goza de parang\u00f3n y proximidad con el gobierno de la mayor\u00eda que singulariza la <em>&lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em>, ambos t\u00e9rminos idealmente considerados. Parece coherente, pues, deducir que si en democracia son los m\u00e1s los que deciden, nadie en particular manda. Justamente el esp\u00edritu que fecunda a la acracia. De ah\u00ed que, en un ejercicio que tiene mucho de experimental y proyectivo, hace tiempo me haya arriesgado a pensar la <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em> y la <em>&lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em> como realidades paralelas condenadas a entenderse, vasos comunicantes malgre lui, porque en ambas mana id\u00e9ntico alfaguara. Atando cabos. Raz\u00f3n por la cual considero que cabr\u00eda hablar de un hibrido llamado <em>&lt;&lt;demo-acracia&gt;&gt;<\/em>, al que supondr\u00edamos una democratizaci\u00f3n de la acracia y una acratizaci\u00f3n (o anarquizaci\u00f3n, si mejor se quiere) de la democracia. Un ayuntamiento d\u00faplex con lo mejor de cada microcosmos. Algo que podr\u00eda servir para explorar nuevas posibilidades pol\u00edticas cara al siglo XXI, superando las limitaciones de la <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em> como opci\u00f3n de minor\u00edas escasamente representativas (el cl\u00e1sico sambenito de ut\u00f3pica) y rescatar valores de la democracia en cuanto a proveedor de participaci\u00f3n pol\u00edtica, m\u00e1s all\u00e1 del anquilosamiento que supone su constante parasitaci\u00f3n por los partidos y la cosificaci\u00f3n del voto como valor de cambio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y vayamos del lado de las inclemencias. Lo que aqu\u00ed y ahora aleja a la <em>&lt;&lt;acracia&gt;&gt;<\/em> de la<em> &lt;&lt;democracia&gt;&gt;<\/em> es que la primera se estructura y escalona confederalmente, bajo el signo de la acci\u00f3n directa y, causa y efecto a la vez de ese esquematismo en la intermediaci\u00f3n, sin protagonismo de liderazgos inhibidores y jibarizantes de la propia autonom\u00eda. Mientras la segunda exige la pr\u00f3tesis de la representaci\u00f3n entendida como delegaci\u00f3n e, inherente a esa especie de cheque en blanco de los m\u00e1s hacia los menos, encarnado en la maximizaci\u00f3n y disciplinamiento de un tipo de paternalismo solo consentido en el universo infantil y en el operativo castrense. El simulacro de elecci\u00f3n sobre el panel de listas cerradas y bloqueadas; el ascendente del partido sobre los representantes electos; el cortoplacismo gubernamental afecto en primera instancia a capitalizar rendimientos para el grupo pol\u00edtico vencedor; y los barreras de salida levantadas para dificultar la expulsi\u00f3n de la funci\u00f3n representativa a electos que han sobrevenido corruptos, fraudulentos o venales, son las se\u00f1as de identidad del modelo de democracia realmente existente frente al ideal de democracia de proximidad anatemizado como irrealizable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La generalizaci\u00f3n de las sociedades a escala, propias del desarrollismo demogr\u00e1fico y la masiva urbanizaci\u00f3n, se argumenta como raz\u00f3n de ser de esa mediaci\u00f3n pol\u00edtica. Y, a la inversa, como atavismo obsolescente, propio de etapas <em>&lt;&lt;pre-pol\u00edticas&gt;&gt;<\/em>, en el caso de la democracia vis a vis que se pregona del estereotipo \u00e1crata. Pero es precisamente en esta encrucijada donde en la actualidad postmoderna refulge una cadena de valores compartidos. La creciente incapacidad del modelo vigente para atender la demanda de una sociedad organizada sobre vectores de libertad, igualdad, solidaridad, prosperidad y respeto de los derechos humanos, un formato que hurta la experiencia de autogobierno de las personas en favor de la profesionalizaci\u00f3n pol\u00edtica, est\u00e1 ya en la diana del debate intelectual. Son muchos los soci\u00f3logos y polit\u00f3logos que alertan sobre el proceso de destrucci\u00f3n de la democracia por su subordinaci\u00f3n al capitalismo neoliberal, hasta el punto de producir aut\u00e9nticas mutaciones en su ecosistema. El caso de la China, megapotencia a la vez capitalista y comunista, ser\u00eda el referente m\u00e1s capcioso. De ah\u00ed que estos expertos y te\u00f3ricos est\u00e9n desandando el camino de la heteronom\u00eda imperante, descubriendo un decrecimiento pol\u00edtico (que conlleva otro similar econ\u00f3mico) sobre los sillares de la <em>&lt;&lt;vieja&gt;&gt;<\/em> democracia directa inserta en la auto-realizaci\u00f3n individual y colectiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese plantel, cuya exposici\u00f3n rigurosa requerir\u00eda otras tribunas, encontramos opiniones sobre la desescalada de la democracia neoliberal, como la de Andr\u00e9 Blais, director del centro de Investigaci\u00f3n en Estudios Electorales en la universidad de canadiense de Montreal (<em>&lt;&lt;Hay que probar el sorteo, en peque\u00f1as dosis, para elegir a nuestros representantes&gt;&gt;<\/em>, o la de Christian Salm\u00f3n, autor de Storyeling y La era del enfrentamiento, un suma y sigue sobre la brecha abierta entre representantes y representados (<em>&lt;&lt;Solo podemos contar con la entrop\u00eda del propio sistema, con el hecho de que, llegados cierto punto, nos demos cuenta que resulta imposible comunicarnos&gt;&gt;<\/em>. Pero sobre todo son especialmente relevantes las aportaciones contenidas en dos obras de reciente publicaci\u00f3n: Vida y muerte de la democracia, de John Keane, profesor de pol\u00edtica en Signey (Australia) y en el Wissenschaftszentrum de Berl\u00edn, y Dem\u00f3polis, de Josiah Ober, catedr\u00e1tico de Cl\u00e1sicas, Teor\u00eda Pol\u00edtica y Filosofia en Stanfrord (EEUU). A los efectos de nuestra exploraci\u00f3n demo-acr\u00e1tica, del voluminoso trabajo donde Keane desarrolla el concepto de <em>&lt;&lt;democracia monitorizada&gt;&gt;<\/em> rese\u00f1amos lo que define como <em>&lt;&lt;regla numero: tratar el recuerdo de las cosas pasadas de la democracia de manera tan vital como sus presentes y futuras&gt;&gt;<\/em> (p\u00e1g. 850). De Ober su \u00e9nfasis en repensar la teor\u00eda y la pr\u00e1ctica de la democracia existente antes del liberalismo, cuando primaba el autogobierno colectivo, porque <em>&lt;&lt;[\u2026] en la medida en que una sociedad democr\u00e1tica reduce la presi\u00f3n de la jerarqu\u00eda del estatus y del control relacionada con la autocracia, se convierte, en general, en un elemento favorecedor para el bienestar humano&gt;&gt;<\/em> (p\u00e1g.139).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fruct\u00edfera trabaz\u00f3n pasado-presente que consignan estos dos investigadores tiene tambi\u00e9n su huella en los anales del pensamiento anarquista. Desde un Pierre Josep Proudhon, el <em>&lt;&lt;padre&gt;&gt;<\/em> de la idea \u00e1crata, que anunciando el contenido de su libro La capacidad pol\u00edtica de la clase obrera, escrito en 1864, sentenci\u00f3: <em>&lt;&lt;No encontrar\u00e1n en \u00e9l m\u00e1s que una sola idea: la Idea de la nueva democracia&gt;&gt;<\/em>, hasta lo expresado m\u00e1s de un siglo despu\u00e9s por un libertario no menos talentoso, el italiano Amedeo Bertolo, al identificar la anarqu\u00eda como <em>&lt;&lt;una forma extrema de democracia&gt;&gt;<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acracia y democracia: eppur si muove.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>(Nota: Este art\u00edculo se ha publicado en el <a href=\"http:\/\/rojoynegro.info\/sites\/default\/files\/rojoynegro%20340%20diciembre.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">n\u00famero de Diciembre de Rojo y Negro<\/a>)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Vaiv\u00e9n de Rafael Cid &lt;&lt;Nada de lo que haya acontecido ha de darse por perdido para la historia&gt;&gt; (Walter Benjam\u00edn) Entre &lt;&lt;acracia&gt;&gt; y &lt;&lt;democracia&gt;&gt; discurre una larga historia de encuentros y desencuentros. 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