{"id":6556,"date":"2017-09-13T14:00:03","date_gmt":"2017-09-13T12:00:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/?p=6556"},"modified":"2017-09-13T11:05:02","modified_gmt":"2017-09-13T09:05:02","slug":"sin-evolucion-no-hay-revolucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/sin-evolucion-no-hay-revolucion\/","title":{"rendered":"Sin evoluci\u00f3n no hay revoluci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h4>El Vaiv\u00e9n de Rafael Cid<\/h4>\n<p style=\"text-align: right;\">\u201c<i>Mientras luchan por separado,<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>son vencidos juntos\u201d<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(T\u00e1cito)<\/p>\n<figure id=\"attachment_418\" aria-describedby=\"caption-attachment-418\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-418 size-medium\" src=\"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/rafael_cid_-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/rafael_cid_-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/rafael_cid_-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/rafael_cid_.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-418\" class=\"wp-caption-text\">Rafael Cid<\/figcaption><\/figure>\n<p align=\"JUSTIFY\">La \u201crevoluci\u00f3n\u201d es uno de los mitos modernos m\u00e1s tenaces. En el sentido en que Georges Sorel entend\u00eda el t\u00e9rmino \u201cmito\u201d. Como una creencia capaz de agitar muchedumbres m\u00e1s all\u00e1 del sentido com\u00fan y la l\u00f3gica. Decir revoluci\u00f3n es abrir las puertas a un mundo tan desconocido como ansiosamente esperado. Un desider\u00e1tum. Algo profundamente transformador que pervive en el imaginario com\u00fan por encima de las generaciones. Y tambi\u00e9n de los \u00e9xitos o frustraciones que hayan cosechado las revoluciones que en la historia han sido. Seg\u00fan la \u00f3ptica con que se mire, puede ser el elixir o el opio del pueblo. T\u00f3tem y tab\u00fa. Bendecida por unos y maldecida por otros, la revoluci\u00f3n nos acompa\u00f1a como la sombra a la luz del sol. Tan persistente es su inmanencia, que lo adecuado ser\u00eda hablar de \u201crevoluci\u00f3n permanente\u201d, en el sentido de estar siempre en el punto de mira. El rayo que no cesa. Una ilusi\u00f3n hipn\u00f3tica que, precisamente por la compleja amalgama de que se nutre, conlleva un plus de dif\u00edcil realizaci\u00f3n. Se sigue y se persigue porque casi nunca se logra plenamente.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Quiz\u00e1s porque arrastra un problema filos\u00f3fico de identidad. Se trata de un concepto originalmente ajeno a la esfera pol\u00edtica. Su acta de nacimiento hay que buscarla en el universo de la ciencia. La primera vez que se registra la expresi\u00f3n \u201crevoluci\u00f3n\u201d es en el t\u00edtulo de la obra cumbre del astr\u00f3nomo Nicol\u00e1s Cop\u00e9rnico <i>\u201cLa revoluci\u00f3n de las \u00f3rbitas celeste\u201d (1543)<\/i>. Con esa hasta entonces in\u00e9dita denominaci\u00f3n el sabio polaco quer\u00eda indicar que su hallazgo estaba destinado a modificar radicalmente todo lo hasta entonces sabido sobre el firmamento. Introduc\u00eda lo que mucho m\u00e1s tarde se calificar\u00eda como un \u201ccambio de paradigma\u201d. Esa es la m\u00edstica que tratar\u00edan de inocular en la conciencia de las gentes quienes en el \u00e1mbito de lo pol\u00edtico empezaron a hablar de \u201crevoluci\u00f3n\u201d como ruptura civilizatoria. Seguramente al mismo tiempo en que prosperaban las \u201cautop\u00edas\u201d como futuribles positivos en el terreno de lo social. Una afinidad polis\u00e9mica que parec\u00eda trenzar sutiles equivalencias entre lo \u201crevolucionario\u201d y lo \u201cut\u00f3pico\u201d. Mimetismo que en el memorial ideol\u00f3gico de la izquierda anticapitalista suele ubicarse en el \u201csocialismo cient\u00edfico\u201d, concepto que suma a lo colectivo propio del socialismo lo te\u00f3rico cient\u00edfico af\u00edn al proyecto ut\u00f3pico. El \u201cno lugar\u201d ideal que podr\u00eda llegar a existir para dise\u00f1ar una sociedad justa, pr\u00f3spera y feliz.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Evidentemente, en ese tr\u00e1nsito de lo cient\u00edfico a lo pol\u00edtico, la revoluci\u00f3n mut\u00f3 algunas de sus caracter\u00edsticas b\u00e1sicas. La principal, la de su subjetividad contingente. Si en el campo de la astronom\u00eda la revoluci\u00f3n era una haza\u00f1a atribuible a la capacidad de un individuo sobresaliente (Cop\u00e9rnico en el ejemplo), el de la pol\u00edtica no se entend\u00eda sin la movilizaci\u00f3n f\u00e1ctica de un colectivo proactivo. Las revoluciones, como si denotara su toponimia institucional, son empresas de multitudes insurgentes. Solo la rebeli\u00f3n de las masas parece capaz de cebarlas con resultados (de qu\u00e9 lado caigan esas algarab\u00edas es otro cantar). Ese hecho diferencial, de lo particular a lo plural, es la resistencia a vencer por el sesgo sucesorio introducido en el vaiv\u00e9n que va desde la ciencia a la pol\u00edtica. Semejante dismetr\u00eda lo resuelve la pol\u00edtica al uso fiando su control y gesti\u00f3n a una luminaria vanguardia abanderada por l\u00edderes providenciales.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">De esta forma, donde antes hab\u00eda una experiencia aut\u00f3noma y horizontal se instala otra heter\u00f3noma y piramidad. En realidad una experiencia diferida, y por tanto degenerada. No hay pues corte con el pasado (como lo hubo con el viraje del teocentrismo al heliocentrismo de la revoluci\u00f3n copernicana). Porque se opera desde una producci\u00f3n autocr\u00e1tica de normas convocadas sin virtud para suplantar a las precedentes. Como afirma Arthur N. Prior \u201ces imposible deducir una conclusi\u00f3n \u00e9tica a partir de premisas completamente no \u00e9ticas\u201d (citado por Han Kelsen en su <i>\u201cTeor\u00eda pura del Derecho\u201d<\/i>). Y tanto la heteronom\u00eda como el verticalismo que su ejercicio implica adolecen de esa falta seminal de eticidad. Porque impiden la asunci\u00f3n de responsabilidad que acompa\u00f1a a la volici\u00f3n del individuo aut\u00f3nomo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Estamos en un territorio procedimental que la democracia parlamentaria resuelve utilizando el expediente de la \u201crepresentaci\u00f3n\u201d. O sea, con la ficci\u00f3n jur\u00eddica de que un individuo u ente posee los atributos necesarios para actuar en lugar de otros muchos individuos, que son los aut\u00e9nticos portadores de derechos y obligaciones. En la ya citada obra de Kelsen el eminente jurista austriaco argumenta al respecto: \u201cEn esta atribuci\u00f3n de las obligaciones que cumple, y de los derechos que ejerce el representante legal al incapaz de hecho, atribuci\u00f3n en que radica la esencia de la representaci\u00f3n legal, encontramos una operaci\u00f3n intelectual an\u00e1loga a la que permite atribuir a la comunidad jur\u00eddica constituida por un orden jur\u00eddico la funci\u00f3n desempe\u00f1ada por un individuo determinado por ese orden jur\u00eddico\u201d. No hay libertad sin responsabilidad, y ese es el v\u00ednculo \u00e9tico que el fetichismo de la representaci\u00f3n destruye. Lo que siempre entra\u00f1a un d\u00e9ficit de realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Todas las revoluciones habidas han seguido, mutatis mutandis, ese formato de jibarizaci\u00f3n y jerarquizaci\u00f3n. La americana de 1776; la francesa de 1789 y la rusa de 1917. Un modelo que inevitablemente lleva inserto un mandato descendente de divisi\u00f3n del trabajo, de arriba-abajo. Son unos representantes, la c\u00fapula directiva, quienes administran el valor \u201crevoluci\u00f3n\u201d, y no el pueblo en cuyo nombre se ejecuta vicariamente el ansiado cambio. De esta manera, en lo que deber\u00eda ser la culminaci\u00f3n de la democracia (el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo) se introduce un elemento de despotismo y subordinaci\u00f3n. As\u00ed, la revoluci\u00f3n realmente existente asume una disciplina axiol\u00f3gica que purga la autonom\u00eda y refuta la horizontalidad. Por eso las revoluciones, cuando decaen, hacen volver a las sociedades a la casilla de salida. Act\u00faan como un bumer\u00e1n que introduce en el organismo social a la vez lo peor del viejo y del nuevo paradigma. As\u00ed, lo que se present\u00f3 como una crucial disyuntiva entre socialismo o barbarie, puede derivar en una funesta concurrencia de socialismo y barbarie.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Trasvasar el mecanicismo de la ciencia (prueba y error) de aquella revoluci\u00f3n cuantitativa a la indeterminaci\u00f3n de las acciones humanas es tanto como confundir lo que supone un acontecimiento con lo que significa un proceso. Acontecimiento, ergo suceso extraordinario, fue lo que entra\u00f1aba el revolucionario descubrimiento personal de Cop\u00e9rnico. Proceso, por el contrario, es el flujo cualitativo que, se quiera o no, vincula a toda verdadera transformaci\u00f3n humana a lo largo de un tiempo de maduraci\u00f3n-maceraci\u00f3n. Y eso no se obtiene con f\u00f3rmulas matem\u00e1ticas sino con cambios en la conciencia de la gente. Perspectiva de imprevisible concreci\u00f3n, por otra parte, cuando se parte de la alienaci\u00f3n que supone la heteronom\u00eda y la jerarquizaci\u00f3n \u201crevolucionarias\u201d. Facetas ambas de un ventriloquismo que, como sucede en el juego pol\u00edtico convencional, suele aceptarse por la dificultad que entra\u00f1a la dimensi\u00f3n a gran escala. Igual que la democracia directa solo puede implantarse con garant\u00edas en entornos limitados, resulta inveros\u00edmil que la revoluci\u00f3n la protagonicen las masas de cabo a rabo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El avatar \u201crevoluci\u00f3n\u201d tiene, no obstante, un sustrato epistemol\u00f3gico que conviene recordar aunque sea someramente. En \u00e9l se concitan diferentes inputs y outputs. El fenom\u00e9nico (lo que percibimos por los sentidos) con el neum\u00e9nico (lo percibido por la raz\u00f3n). El razonamiento inductivo, con su l\u00f3gica de abajo arriba y de lo particular a lo general, y el deductivo, su env\u00e9s. E incluso el aserto del individualismo, como esfera de acci\u00f3n particular, que una mala pr\u00e1ctica parece enfrentarlo a lo social, cuando es su raz\u00f3n de ser (de ah\u00ed que a veces se reivindique ren\u00f3mbralo como \u201cdividuo\u201d para eliminar el estigma que supone el prefijo solipista, excluyente y aislacionista \u201cin\u201d). Todos estos factores est\u00e1n presentes en esa amalgama biun\u00edvoca que fluye sobre el acontecimiento y el proceso conformando el cambio de paradigma revolucionario.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">No obstante eso no quiere decir que deba desecharse la perspectiva autogestionaria que est\u00e1 en la naturaleza humana. Se puede y se debe aprender a pensar hist\u00f3ricamente. Frente a los impactos negativos que para la sostenibilidad del planeta suponen los esquemas de concentraci\u00f3n del poder y la riqueza, parece l\u00f3gico oponer cada vez con m\u00e1s rigor otros de decrecimiento pol\u00edtico y econ\u00f3mico, insertos en los valores de la democracia de proximidad y del principio de subsidiaridad. Porque no hay libertad sin responsabilidad ni responsabilidad sin libertad. Eso lo entendieron muy bien los fundadores de la Primera Internacional (AIT), cuando en su manifiesto fijaron los dos pilares de la asociaci\u00f3n. Uno reivindicando la autonom\u00eda y la horizontalidad: \u201cLa emancipaci\u00f3n de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos\u201d. Otro referido a su conciencia como personas libres y responsables: \u201cNo m\u00e1s derechos sin deberes, ni m\u00e1s deberes sin derechos\u201d. Ambos preceptos abandonados a su suerte cuando, por mor de la eficacia en la carrera hacia el poder, se cedi\u00f3 a la tentaci\u00f3n exclusiva y excluyente de la lucha partidaria y la representaci\u00f3n parlamentaria. Desde entonces la cuesti\u00f3n no es tanto qui\u00e9n manda aqu\u00ed, sino porqu\u00e9 se obedece. El mapa no es el territorio.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Alain Badiou, un pensador nada placentero con los presupuestos de la acci\u00f3n directa, aunque ya escarmentado de antiguas posiciones totalitarias de corte mao\u00edsta, incide en la matriz de ese coste de realizaci\u00f3n al destacar que \u201cel individuo es algo dado, mientras el sujeto es una construcci\u00f3n\u201d. Y es en ese patr\u00f3n donde necesita inspirarse el fen\u00f3meno revolucionario, tomando como referencia lo que hay de genuino estable en el cambio de paradigma. Lo que significa pasar del acontecimiento puntual, el cambio brusco formalizado por un colectivo teledirigido, al proceso evolutivo metabolizado en su quehacer diario por individuos que llevan a la pr\u00e1ctica el ideal que predican. Ciertamente, no se trata de opciones perfectas. En un caso existe el riesgo de que la naturaleza rechace la pr\u00f3tesis artificial que sirve de palanca al acontecimiento revolucionario. Y en el otro, cabe que deba dilatarse un tiempo para que la simbiosis del proceso sea asimilada por el sujeto social. El vivir la utop\u00eda que dec\u00edan los antiguos frente al rel\u00e1mpago revolucionario a divinis. La verdadera propaganda por el hecho. La ejemplaridad<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><a name=\"_GoBack\"><\/a>No hay revoluci\u00f3n sin evoluci\u00f3n personal en coherencia de medios y fines. La irresponsabilidad que procura la delegaci\u00f3n representativa del autor al actor es un activo placebo que lleva plomo en sus alas. Ser libre significa ser responsable. Un sujeto de derechos y obligaciones que vincula lo particular con lo colectivo en un mismo ecosistema. El <i>zoon politikon<\/i> de Arist\u00f3teles. Cuando aceptamos que la moneda mala de la quim\u00e9rica mediaci\u00f3n suplante a la buena de la acci\u00f3n directa, estamos alfombrando el camino para la dominaci\u00f3n y la explotaci\u00f3n (que envilece tanto al oprimido como al opresor). Para que el todo cambie (la revoluci\u00f3n de la ficticia persona colectiva) es preciso que previamente lo hagan las partes integrantes (la evoluci\u00f3n de la persona vital).<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"JUSTIFY\"><em>\u201cLa naturaleza no avanza a saltos\u201d<\/em> (Linneo).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"JUSTIFY\">(Nota. Este art\u00edculo fue publicado en el <a href=\"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/?p=6552\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">n\u00famero de septiembre de Rojo y Negro<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Vaiv\u00e9n de Rafael Cid \u201cMientras luchan por separado, son vencidos juntos\u201d (T\u00e1cito) La \u201crevoluci\u00f3n\u201d es uno de los mitos modernos m\u00e1s tenaces. En el sentido en que Georges Sorel entend\u00eda el t\u00e9rmino \u201cmito\u201d. Como una creencia capaz de agitar muchedumbres m\u00e1s all\u00e1 del sentido com\u00fan y la l\u00f3gica. 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