{"id":6373,"date":"2017-06-19T13:00:40","date_gmt":"2017-06-19T11:00:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/?p=6373"},"modified":"2017-06-18T12:59:33","modified_gmt":"2017-06-18T10:59:33","slug":"la-esclavitud-invisible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/la-esclavitud-invisible\/","title":{"rendered":"La esclavitud invisible"},"content":{"rendered":"<h4><a href=\"http:\/\/lasoli.cnt.cat\/14\/06\/2017\/sindical-esclavitud-invisible\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ruyman Rodr\u00edguez<\/a><\/h4>\n<p align=\"JUSTIFY\">El imaginario actual de la reivindicaci\u00f3n obrera bebe en muchas ocasiones de un mundo laboral que ya no existe. Esos cinturones industriales, con sus grandes masas obreras organizadas, con sus plantillas veteranas de miles de obreras cohesionadas, son im\u00e1genes que pueden valer para un fotograma de una pel\u00edcula de Eisenstein, pero no para plasmar la realidad de nuestros barrios m\u00e1s marginados.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El mundo del trabajo se ha atomizado y precarizado. Gracias a unas duras reformas laborales librecambistas y a una amplia gama de herramientas disolventes del tejido obrero (ETT\u2019s, subcontratas, etc.), las que seguimos trabajando lo hacemos temporalmente, a rachas, a veces con poco o ning\u00fan contacto con nuestras compa\u00f1eras de tajo y casi siempre sin horizonte reivindicativo. Algunos sectores son la excepci\u00f3n, pero la mayor\u00eda de obreras hemos aceptado que el trabajo es una mercanc\u00eda capitalista con la que el empresariado tiene total derecho a especular. El trabajo sigue generando toda la riqueza, pero las trabajadoras somos cada vez menos conscientes de ello.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Redundar\u00eda decir que esto ha empeorado con la llamada \u201ccrisis financiera\u201d y que esta ha sido una jugada perfecta para imponernos un modelo social, econ\u00f3mico y laboral a\u00fan m\u00e1s feroz y desigual. Un modelo que nos obliga a aceptar las condiciones laborales m\u00e1s indignas sin resentimiento e incluso con una enorme sonrisa de gratitud. Lo que no suele comentarse es la situaci\u00f3n de las que ya soportaban esas condiciones antes de la \u201ccrisis\u201d, la situaci\u00f3n de las trabajadoras que siempre han malvivido. Aquellas para las que la \u201ccrisis\u201d s\u00f3lo ha significado la estandarizaci\u00f3n de su esclavitud invisible. Hablo de las obreras en B, de las precarias, y especialmente, de las cuidadoras a domicilio.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El mundo de los cuidados, que recae en su gran mayor\u00eda sobre mujeres migrantes, ha sufrido los efectos psicol\u00f3gicos de la crisis y tambi\u00e9n el subsiguiente endurecimiento de las condiciones laborales. Sin embargo, en un ambiente de esclavitud normalizada como ese, el recrudecimiento visto desde fuera es casi imperceptible. Y digo esclavitud con toda la literalidad de la palabra. No importa aqu\u00ed lo que digan vuestras constituciones, normativas o estatutos, ni las inspecciones de trabajo, ni la Declaraci\u00f3n de los Derechos Humanos, ni ning\u00fan otro fetiche legal; en el Estado espa\u00f1ol existe la misma esclavitud que en la Am\u00e9rica sudista o la Rusia zarista.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La cuidadora, la que no pertenece a ninguna empresa, la que no depende de las subcontratas de los ayuntamientos ni del sistema sanitario, la que trabaja por su cuenta pero sin la oficialidad de la aut\u00f3noma, no tiene derechos de ning\u00fan tipo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Trabaja en un domicilio con el que acaba identific\u00e1ndose. Establece una relaci\u00f3n m\u00e1s cercana con la persona que la asalaria que la que mantendr\u00e1 nunca ninguna otra obrera con su empresaria. Esa relaci\u00f3n suele ser enfermiza y malsana, basada muchas veces en el chantaje emocional, en explotar por parte del empleador el v\u00ednculo afectivo y de dependencia que se genera entre cuidadora y paciente. Olv\u00eddense de toda esa bater\u00eda de conquistas laborales que supuestamente componen el mal llamado Estado del bienestar. Aqu\u00ed no hay vacaciones, ni bajas por enfermedad, ni indemnizaciones por despido, ni subsidio por desempleo. No puedes ponerte enferma, ni descansar, ni respirar. El trabajo y la vida acaban fusion\u00e1ndose de la peor manera posible, como una malformaci\u00f3n. El ocio desaparece de la ecuaci\u00f3n. Ser complaciente y servicial es una forma de sobrevivir. Si te despiden no hay ning\u00fan colch\u00f3n, ni paro, ni finiquito. Ning\u00fan despido es improcedente. Eres una esclava dom\u00e9stica, un electrodom\u00e9stico m\u00e1s, como el microondas o la lavadora.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">El volumen de trabajo suele ser inmenso y ser soportado por una sola espalda. En esta categor\u00eda est\u00e1n las trabajadoras que limpian y cocinan, que cuidan ni\u00f1os, ancianos o enfermos. Personas que cr\u00edan y ense\u00f1an, que se encargan de v\u00f3mitos y diarreas, que cambian pa\u00f1ales, que ponen enemas, hacen curas, rehabilitaci\u00f3n, y mil cosas m\u00e1s, sin necesidad de estudiar puericultura, de ser auxiliares de enfermer\u00eda, de geriatr\u00eda o fisioterapeutas, o de haber hecho ning\u00fan curso sobre asistencia a personas con alzheimer. Su capacitaci\u00f3n la da el trabajo diario y una gran facultad de resiliencia. No hacen nada distinto de lo que se ven obligadas a hacer, sin titulaci\u00f3n alguna, todas aquellas personas que tienen un familiar dependiente y no tienen dinero para pagarle a alguien para que lo haga por ellas. Las cuidadoras a domicilio realizan todo este trabajo a cambio de sueldos de hambre que dif\u00edcilmente llegan al salario m\u00ednimo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La situaci\u00f3n se agrava cuando hablamos de trabajadoras internas. Vives donde trabajas, con turnos literalmente de 24 horas. Tu \u00fanico d\u00eda libre supone tener que dejar durante unas horas, hasta que cae la noche, una casa que nunca sientes como propia, pero que sigue siendo el lugar donde vives. Esa es la paradoja: para descansar tienes que abandonar tu domicilio, el sitio que precisamente la mayor\u00eda escoge para desconectar del trabajo. Muchas acaban renunciando a sus s\u00e1bados o sus domingos. La posibilidad de la enfermedad propia no existe, como si una mutara en m\u00e1quina. Vives como en las antiguas plantaciones de algod\u00f3n de Virginia o Alabama, o como en los ingenios azucareros del Caribe: trabajas de sol a sol por techo y comida. A veces se prescinde del sueldo, o se descuentan dietas y alquiler hasta convertirlo en nada. Muchas veces no hay tampoco d\u00f3nde ni c\u00f3mo consumir el magro salario, as\u00ed que suele destinarse casi exclusivamente a mantener a una familia que desconoce lo que sufres m\u00e1s all\u00e1 del Atl\u00e1ntico. Las personas nativas que se dedican a los cuidados son minor\u00eda, pero tambi\u00e9n son un sustrato importante del barrio. Gente que vive m\u00e1s tiempo en casas ajenas que en la propia y que a veces aceptan trabajar de internas no para enviar dinero a otro continente, sino para hacerlo a la calle de al lado.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Estas trabajadoras no est\u00e1n sindicalizadas. Si el mundo del trabajo tiene sus suburbios y periferias tambi\u00e9n el sindicalismo tiene sus bolsas de marginalidad. El extrarradio sindical, hacia el que el sindicalismo cl\u00e1sico no tiene ning\u00fan plan concreto ni oferta, crece a la misma velocidad que mengua el trabajo estable y cualificado. El sindicalismo no quiere entrar en el gueto del barrio porque est\u00e1 muy c\u00f3modo en el gueto ideol\u00f3gico.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">No estoy hablando de aceptar la precariedad como un fatalismo y trabajar en ese \u00e1mbito asumiendo la deriva del mercado laboral sin objeciones. Hablo de que para combatir la descomposici\u00f3n de los derechos laborales, para enfrentar sus causas y efectos, habr\u00e1 que organizarse con las que lo padecen y articular respuestas desde su situaci\u00f3n. Es una guerra de trincheras y ahora mismo nos han empujado al interior del fuerte, perdiendo casi todo el terreno conquistado en los dos \u00faltimos siglos. Podemos seguir en tierra de nadie, tratando de estructurar un proletariado idealizado que ha sido desmantelado, o entender la situaci\u00f3n real de las trabajadoras de carne y hueso, de las proletarias actuales, arremangarnos y bajar hasta el fango al que las han arrojados para reconstruir desde abajo, con ellas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Hay que dejar de arg\u00fcir excusas como el prurito de la legalidad. No importa si legalmente un colectivo es sindicable o no. Las primeras sociedades obreras no necesitaban que existiera el derecho legal a sindicarse para poner los cimientos de los futuros sindicatos y empezar a organizar a las trabajadoras. Si se hubiera tenido que esperar a que sindicarse fuera legal para crear los primeros gremios obreros, el sindicalismo jam\u00e1s habr\u00eda existido. Todos esos derechos, de los que estamos tan orgullosas, se conquistaron por la v\u00eda de los hechos consumados, y no esperando ninguna venia ministerial. Organizarse con las precarias es lo primero; la ley no hace m\u00e1s que reconocer lo que se le impone, bien por el consentimiento general, bien porque se le planta en la cara.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Todos los derechos laborales que se reconquisten o recuperen ser\u00e1n ficticios mientras una gran bolsa de la poblaci\u00f3n obrera viva en una esclavitud consuetudinaria, socialmente admitida y consentida por las propias centrales sindicales.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Estoy convencido de que tarde o temprano las cuidadoras se organizar\u00e1n, como ya lo han hecho las camareras de hoteles, los manteros, las inquilinas, y todas esas categor\u00edas laborales o sociales que sobreviven en los margenes del Estado del bienestar y del sindicalismo cl\u00e1sico. La pregunta es si los sindicatos revolucionarios, los de la acci\u00f3n directa, los que rechazan las subvenciones, los que no se han pringado en corruptelas, piensan acercarse a este sector, dise\u00f1ar una estrategia y una bater\u00eda de herramientas que puedan hacer suyas, o si esperar\u00e1n a que se organicen aut\u00f3nomamente, al margen de su radio de influencia, y que otro colectivo de excluidas e ignoradas les demuestre que si ellas no entran en sus c\u00e1lculos, tampoco el sindicalismo hist\u00f3rico entra en su agenda.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Y no olvidemos que en esta agenda se puede estar escribiendo actualmente la hoja de ruta de un nuevo fen\u00f3meno obrero, difuso, dif\u00edcil de identificar, que reviste formas y manifestaciones que no todos comprenden, pero que quiz\u00e1s marque c\u00f3mo se articular\u00e1 la protesta y la reivindicaci\u00f3n laboral de una \u00e9poca con la que las viejas maneras sindicales no parecen querer familiarizarse: el siglo XXI.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ruyman Rodr\u00edguez El imaginario actual de la reivindicaci\u00f3n obrera bebe en muchas ocasiones de un mundo laboral que ya no existe. 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