{"id":6233,"date":"2017-04-22T13:27:58","date_gmt":"2017-04-22T11:27:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/?p=6233"},"modified":"2017-04-22T13:32:28","modified_gmt":"2017-04-22T11:32:28","slug":"el-sindicalismo-ante-el-fin-del-trabajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/el-sindicalismo-ante-el-fin-del-trabajo\/","title":{"rendered":"El sindicalismo ante el fin del trabajo"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">\n\t<!-- @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } --><br \/>\n\t<\/style>\n<h4>El Vaiv\u00e9n de Rafael Cid<\/h4>\n<p style=\"text-align: right;\">\u201c<i>\u00bfC\u00f3mo puedo conocer lo que pienso<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>hasta que no vea lo que digo?\u201d<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><i>(W.H. Auden)<\/i><\/strong><\/p>\n<figure id=\"attachment_418\" aria-describedby=\"caption-attachment-418\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-418\" src=\"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/rafael_cid_-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/rafael_cid_-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/rafael_cid_-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/rafael_cid_.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-418\" class=\"wp-caption-text\">Rafael Cid<\/figcaption><\/figure>\n<p align=\"JUSTIFY\">Desde que Alfred Marshall publicar\u00e1 sus <i>Principles<\/i>, all\u00e1 por el a\u00f1o 1890, catalogando la econom\u00eda como disciplina espec\u00edfica, los factores de producci\u00f3n consignados tradicionalmente han sido tres: tierra, trabajo y capital. Todos ellos considerados como recursos escasos y susceptibles de usos alternativos para lograr el objetivo de satisfacer las necesidades humanas. Incluso, una de sus estirpes te\u00f3ricas m\u00e1s influyentes, la que va desde Adam Smith a Carlos Marx, pasando por David Ricardo y Pierre-Joseph Proudhon, postul\u00f3 que el \u201ctrabajo\u201d ocupaba el centro del sistema, y que de su cuant\u00eda y adecuada administraci\u00f3n depend\u00eda el coste de producci\u00f3n de las mercanc\u00edas. En gran medida, esa concepci\u00f3n valor-trabajo inform\u00f3 la etapa de la civilizaci\u00f3n industrial, en sus diferentes y continuados episodios de renovaci\u00f3n, dando lugar a una din\u00e1mica social que gravitaba sobre la dualidad entre trabajo y capital. Las organizaciones obreras surgen y se institucionalizan al calor de esa perspectiva a la vez antag\u00f3nica y concurrente.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Sin embargo, hoy esas certezas de anta\u00f1o se est\u00e1n desvaneciendo a marchas forzadas. El trabajo ya no goza de la condici\u00f3n de bien intr\u00ednsecamente necesario sino que, por el contrario, comienza a ser excedentario y hasta superfluo. Diferentes olas de la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica han mutado la vieja concepci\u00f3n del <i>homo faber<\/i> como cemento social. La utop\u00eda de una rob\u00f3tica liberalizadora que permitiera a la gente dedicarse a cosas m\u00e1s placenteras ya es formalmente una realidad, pero llega como distop\u00eda usurpadora. Irrumpe para disputar \u201cla dignidad del trabajo\u201d a las personas, excluy\u00e9ndolas del proceso productivo y cuestionando su papel protagonista para \u201cganarse la vida\u201d. In\u00fatiles y prescindibles por su limitada eficacia, el paradigma de la historia cincelaba sobre el sagrado principio del trabajo toca a su fin.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Los s\u00edntomas est\u00e1n a la vista. El desmantelamiento del fugaz \u201cEstado de Bienestar\u201d, erigido gracias a las aportaciones de asalariados y empresarios (trabajo y capital) en periodos de desarrollo sostenido y empleo generalizado, no es solo el efecto de una brusca crisis econ\u00f3mico-financiera. Su embestida anticipa la obsolescencia del factor humano en el \u00e1mbito mercantil ante la avasalladora presencia de las m\u00e1quinas inteligentes. La sociedad inspirada en la liturgia de la fuerza de trabajo se bate en retirada. El trabajo remunerado, raz\u00f3n vital de la humanidad contempor\u00e1nea, es cada vez m\u00e1s \u00ednfimo y degradante. Su desequilibrada y feroz competencia entre oferta y demanda hace estragos donde antes brillada la solidaridad de los productores. El declive de los partidos socialistas y los sindicatos de clase, atrincherados en sus respectivos <i>numerus clausus<\/i>, son espasmos de esa transformaci\u00f3n imparable que progresa aniquilando empleo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Una guerra que el capital est\u00e1 ganando sin apenas tener que dar la batalla porque llevamos al enemigo en las hormonas. Siempre se ha ritualizado el trabajo como un referente universal, con su correlato disciplinario de jerarquizaci\u00f3n, coerci\u00f3n y obediencia. Troquel del pensamiento \u00fanico. Sin distingos ideol\u00f3gicos. Desde la derecha a la izquierda, liberales y fascistas, todos los ismos pol\u00edticos conocidos desde la Revoluci\u00f3n Industrial han sustentado sus propuestas de organizaci\u00f3n social sobre el altar del trabajo. Es la idea fuerza que todo lo justifica. De ah\u00ed la resignaci\u00f3n sist\u00e9mica de muchas personas felizmente \u201cocupadas\u201d ante el letal avance del paro y la exclusi\u00f3n entre los m\u00e1s vulnerables y desfavorecidos de su entorno. O la contumacia con que trabajadores fijos defienden su puesto en empresas y actividades nocivas y a menudo criminales (centrales nucleares, f\u00e1bricas de armamento, industrias contaminantes, y un largo etc\u00e9tera). No hay conciencia de clase ni lucha de clases porque el mundo del trabajo que hemos conocido desfallece.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">La hegemon\u00eda de la automaci\u00f3n y la rob\u00f3tica significa a la larga el inexorable declive de categor\u00edas pol\u00edticas como \u201calienaci\u00f3n\u201d y \u201cexplotaci\u00f3n\u201d, bestiones de la doctrina socialista, la que predicaba \u201cde cada uno seg\u00fan su capacidad y a cada uno seg\u00fan su trabajo\u201d. Tambi\u00e9n introduce un sesgo de negatividad en la distribuci\u00f3n de la riqueza acorde con la contribuci\u00f3n de los factores productivos, ya en plena minusvaloraci\u00f3n del activo trabajo. De ah\u00ed la creciente precarizaci\u00f3n de la existencia en la sociedad capitalista del siglo XXI y su exponencial desigualdad carente de la necesaria racionalidad. El grado de desempleo previsto en la madurez del capitalismo de \u00faltima generaci\u00f3n por el impacto combinado de la financiarizaci\u00f3n de la econom\u00eda, las nuevas tecnolog\u00edas y la rob\u00f3tica se aproximara al paro masivo del primer capitalismo fabril, aunque las caracter\u00edsticas de ambas etapas son diametralmente opuestas, de abundancia en un periodo y de estrecheces en otro. Es como si la ley de rendimientos decrecientes se hubiera instalado funestamente en el proceso civilizatorio contra la mayor\u00eda asalariada, un \u201cej\u00e9rcito de reserva\u201d abandonado a su suerte. Todo lo cual entra\u00f1a un imaginario social en el que la dominaci\u00f3n, lejos de desaparecer, adquirir\u00e1 formas de expresi\u00f3n m\u00e1s sofisticadas e inhumanas.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Pero no deber\u00eda ser as\u00ed de prevalecer las formulaciones de autodeterminaci\u00f3n que fundamentaron la Primera Internacional de Trabajadores, la \u00fanica que supo intuir el contexto opresivo inserto en el ideario estajanovista y la servidumbre anexa a la dependencia tecnol\u00f3gica. Desde ese punto de vista el fin del trabajo asalariado deber\u00eda alumbrar la era de la autorrealizaci\u00f3n. El nuevo imperativo moral est\u00e1 en la amortizaci\u00f3n del trabajo, un t\u00e9rmino que en su etimolog\u00eda latina <i>tripalium<\/i> se utilizaba para designar el aparato utilizado para la tortura y el castigo de los esclavos. Pero para ese abordaje se necesita una nueva mentalidad y otro instrumental c\u00edvico. Y sobre todo, no valen las instituciones actuales cuya funci\u00f3n principal es preservar el <i>statu quo<\/i>. Las se\u00f1as de identidad de la sociedad del pos-trabajo deben prefigurarse, en la te\u00f3rica y en la pr\u00e1ctica, desde la experiencia de la libre asociaci\u00f3n, poniendo todo el potencial que ofrece el arsenal tecnol\u00f3gico al servicio de un aut\u00e9ntico estado de bienestar generalizado.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">En ese marco la pregunta obvia es saber si el sindicalismo que enrola a trabajadores ser\u00e1 parte de la soluci\u00f3n o del problema. Si sabr\u00e1 reinventarse para asumir los retos de la invasi\u00f3n de las m\u00e1quinas como criaturas del capital o se enrocar\u00e1 en sus esencias. Una tarea vedada a aquellas organizaciones que permanecen ancladas en la m\u00edstica del trabajo y permeable a aquellas otras que, como el anarcosindicalismo, nacieron con metas menos corporativas. Por su trayectoria hist\u00f3rica, el anarquismo y el movimiento libertario deber\u00edan liderar la gran reflexi\u00f3n sobre la convivencia de ir m\u00e1s all\u00e1 del mercado laboral, aqu\u00ed y en adelante. Y ello porque solo desde su \u00f3ptica rupturista se puede construir un escenario consecuente contra la dominaci\u00f3n del capital. Lo que no significa renunciar a tramos reformistas como la renta b\u00e1sica universal o la dr\u00e1stica rebaja de la jornada laboral sin merma salarial. Aspectos que deber\u00edan considerarse como una gimnasia de mantenimiento para avanzar teleol\u00f3gicamente hacia desconexi\u00f3n mental. Ser\u00eda un mal negocio asumir esos cambios imprescindibles a costa de privatizar servicios p\u00fablicos esenciales como la sanidad y la educaci\u00f3n, o consolidar regresiones en derechos como el seguro de paro, las pensiones y otros hasta anteayer insertos en el marco del ahora repudiado Estado de Bienestar. Eso supondr\u00eda una transferencia de renta desfavorable y confiscatoria para el conjunto de la poblaci\u00f3n bajo la especie de un populismo altruista, la nueva faz del pan\u00f3ptico capitalista en la era rob\u00f3tica. Tambi\u00e9n los animales son parte de la clase trabajadora.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Al igual que la revoluci\u00f3n, el trabajo tiene un pedestal en el devenir del movimiento obrero. Sol y sombra de una misma realidad, ha acompa\u00f1ado a sus luchas durante siglos. Ni siquiera en la disputa entre socialistas autoritarios y antiautoritarios se puso en cuesti\u00f3n el valor-trabajo. Marx y Bakunin lo insertaban en el centro de la emancipaci\u00f3n, y los libertarios lograron su mayor ascendente social bajo el formato anarcosindicalista, como organizaci\u00f3n en defensa de los derechos y libertades de los trabajadores frente al capital. Pero fosilizar hoy esa taxonom\u00eda, por cierto tambi\u00e9n reivindicada en su d\u00eda por la extrema derecha con el veh\u00edculo del nacional-socialismo, empieza a ser un anacronismo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Eso ya lo entendieron los primeros dem\u00f3cratas griegos en su forma pervertida, y revolucionarios comprometidos como Paul Lafargue. La perspectiva de la automatizaci\u00f3n, la informatizaci\u00f3n y la rob\u00f3tica se\u00f1ala en la direcci\u00f3n de una exigencia: la de emanciparnos del trabajo mercanc\u00eda. Porque de perpetuarse la primac\u00eda del <i>homo faber<\/i> corremos el riesgo, como teme Viviane Forrester, de terminar creyendo que \u201chay algo peor que la explotaci\u00f3n del hombre por el hombre: la ausencia de explotaci\u00f3n\u201d. Es el tiempo de pensar en un mundo sin \u00abtrabajos forzados\u00bb y por tanto sin sumisi\u00f3n ni plusval\u00eda. El mundo nuevo siempre presentido por la humanidad.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><a name=\"_GoBack\"><\/a> (Nota. Este art\u00edculo ha sido publicado en el <a href=\"https:\/\/www.radioklara.org\/radioklara\/?p=6200\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">n\u00famero de Abril del peri\u00f3dico Rojo y Negro<\/a>).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Vaiv\u00e9n de Rafael Cid \u201c\u00bfC\u00f3mo puedo conocer lo que pienso hasta que no vea lo que digo?\u201d (W.H. Auden) Desde que Alfred Marshall publicar\u00e1 sus Principles, all\u00e1 por el a\u00f1o 1890, catalogando la econom\u00eda como disciplina espec\u00edfica, los factores de producci\u00f3n consignados tradicionalmente han sido tres: tierra, trabajo y capital. 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