Mesas de convergencia: ¿No a la guerra?

En su día, no hace mucho, fuimos algunos los que mostramos públicamente reticencias sobre las verdaderas intenciones de esas mesas de convergencia ciudadanas que un grupo de personas vinculadas a movimientos sociales y a organizaciones de izquierda propuso como fórmula eficaz y novedosa de combate contra el neoliberalismo rampante. Nuestras críticas iban dirigidas a una especie de falta de legitimidad de origen, puesto que en el manifiesto fundacional no se hablaba de anti-capitalismo ni de ecología, y a que en la presentación de dichas mesas acudieron como protagonistas dirigentes del PSOE, como el ex fiscal general del Estado Eligio Hernández, afín al gobierno que ha llevado a cabo con mano de hierro esas contrarreformas neoliberales dictadas por los mercados que las mesas refutan. También porque entonces se pasó por alto la lógica referencia a los sindicatos CCOO y UGT que se plegaron como mal menor al “pensionazo” y callaron cuando se bajó el sueldo a los funcionarios.

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Sobre las mesas de divergencia. Una respuesta, cariñosa, a seis amigos antineoliberales de buena voluntad

El 21 de febrero difundí por la Red un texto en el que señalaba mis diferencias con respecto a las llamadas «mesas de convergencia». Hace unos días mi buen amigo Armando Fernández Steinko me envió una réplica en la que él y otros cinco colegas –Jorge García, Carlos Martínez, Rafael Pillado, Juan Torres y Roberto Viciano– contestaban de manera cordial a mis argumentos. Los dos trabajos pueden encontrarse sin dificultades en la Red. Consúltense para ello, y por ejemplo, http://www.carlostaibo.com/articulos/texto/?id=320 y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123487.

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Mesas de convergencia: por qué no he firmado

Sabido es que el pasado día 19 de febrero se celebró en Madrid una concurrida reunión que pretendía ser la señal de partida de un proyecto ambicioso: las mesas de convergencia. Son varios los amigos que me han preguntado si he suscrito la convocatoria correspondiente, como son varios los que, sabedores de que no lo había hecho, han deseado conocer mis razones. Intento explicarlas a continuación, no sin antes expresar dos cautelas. Si la primera me obliga a certificar que entre los promotores de las mesas hay gentes respetables, personas ingenuas y arribistas genuinos, la segunda reclama que subraye que mi juicio de estas horas lo es en exclusiva sobre el sentido general de la convocatoria, y no prejuzga lo que ésta, con el paso del tiempo, pueda dar de sí.

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