Se encontró radiación en casi la mitad de los niños japoneses de zona cercana a planta nuclear dañada

Un nuevo estudio del gobierno japonés establece que casi la mitad de los niños estudiados en tres localidades cercanas a la planta nuclear Fukushima Daiichi presentan rastros de elementos radiactivos en sus glándulas tiroides. El gobierno japonés sostiene que ninguno de los niños presentó niveles de radiación que podrían resultar problemáticos; sin embargo, los hallazgos del estudio suscitaron preocupación acerca de las consecuencias a largo plazo del desastre nuclear. El yodo radioactivo tiende a fijarse en la glándula tiroides, en especial de los menores, lo que aumenta el riesgo de desarrollar cáncer más adelante en la vida. En otras noticias sobre Japón, el Primer Ministro Naoto Kan descartó sus planes de reunirse con el Presidente Obama en Washington el próximo mes. En Japón, aumentan las especulaciones acerca de que Kan podría renunciar a su cargo en las próximas semanas.

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Zonas de exclusión y humanismo militar

Durante la guerra fría, el tiempo en que las superpotencias se miraban de reojo, los ciudadanos del mundo estuvieron sometidos a una especie de cuarentena permanente. Las ojivas nucleares de Estados Unidos y la Unión Soviética, capitalismo de Estado versus socialismo de Estado, crepitaban impacientes en sus lanzaderas por si acaso. Los usos bélicos de la energía nuclear, que luego se blanquearía como energía limpia en el entorno civil–“no emiten CO2”, dice el eslogan del Foro Nuclear-, demostraban su devastadora musculatura con un derroche económico único en la historia de la humanidad para hacerse valer. El resultado: dos sociedades calco, que aunque se presentaban distintas y distantes eran hijas de la misma patología. Autoritarismo, explotación y dominación por razones de Estado, cada una a su manera, dieron como colofón idéntico monstruo: el Estado como ogro filantrópico. La función crea el órgano.

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Adiós a todo eso y que no nos la den con queso

Con la que está cayendo, chuzos de punta, y nosotros otra vez entrando por el aro. Como en un circo. Nos crecen los enanos, somos el payaso de las bofetadas y de rondón pagamos la entrada de pista desde la que nuestros líderes (políticos, económicos, sindicales y dinásticos) contemplan la faena. Ahora pretenden que nos engolfemos con el debate sucesorio en el PSOE y la pugna electoral entre lo malo conocido y lo indeseable por conocer.

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