Elecciones: Achtung, achtung

Me acabó de enterar de que, al parecer, el domingo hay elecciones. Me lo ha dicho un señor habitualmente muy bien informado. Además, muy amable, me lo explica. Parece ser que se presenta, con todas las encuestas a favor, el Bono alemán, menos manchego que el de aquí, más famoso que el de los U2. Los alemanes, Bonos o no, hasta ahora, siempre se han caracterizado por ser de otro país, uno que, hasta ayer por la tarde, eran dos. Los alemanes, como es público y notorio, son gente solvente, de fiar. Prestan dinero a troche y moche, sin exigir nada a cambio, nos visitan en verano para ayudar al señor PIB, y nos aconsejan dietas sanísimas para jubilados, funcionarios y parados. Ellos, no hay más que ir a Mallorkenn o al aeropuerto de Frankfurt, capital mundial de las sabrosísimas salchichas de plástico, para verlo, han vivido siempre por debajo de sus posibilidades con la intención solidaria de ayudar a los pobres griegos, portugueses, o españoles, gentes sin cultura del ahorro, disolutas, irresponsables. Gracias a Alemania, Europa, odal o no, se salvará. Ya ni siquiera hace falta invadir Polonia. Comer no comeremos pero nos vamos a reír una jartá. El humor alemán, que causa furor en el Mediterráneo, se basa, sobre todo, en imitar acentos de otros países en los parqués de la bolsa, hacer chistes de turcos, y vacilar con la prima de riesgo. Gente alegre y cantarina.

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