Ángeles Sanmiguel
“Dejemos de jugar a las mitificaciones, fue polémico y crítico el personaje” comenta Jesús Catalá Gorgues, profesor valenciano de Historia de la Ciencia en la Universidad de Alcalá de Henares (UAH), charlando en la casa de la Ciència de València (CSIC). Clérigo, bachiller, maestro en Filosofía y botánico del siglo dieciocho, oriundo de la ciudad del Turia, Antonio José Cavanilles, ¿es ejemplo de multitasking (multitarea) por aquél entonces? Cavanilles, sotana en ristre, le “debe mucho a su formación filosófica” esa que siempre está en la cuerda floja de los planes de estudio españoles, ruleta educativa a la que juegan los partidos políticos, Iglesia y empresariado. ¿Cuántos centros docentes de cualquier nivel, incluida la formación profesional, pueden vanagloriarse de no ser manipulados, direccionados y silenciadas ciertas enseñanzas? ¿Cuántas facultades no se aprovechan de prácticas y proyectos de investigación para tener docentes a bajo coste?
“Aspiraba a ser catedrático y fracasó”, en su devenir laboral el desempleo le perseguiría con tanta ferocidad como actualmente al elevadísimo porcentaje de jóvenes que, además, no cuentan con el hábito o alzacuellos como sustentáculo. “Cavanilles se queda sin trabajo” a la muerte de Teodomiro Caro de Briones, principal que formó parte del Consejo de Indias, “órgano supremo de gobierno legislativo y judicial del Imperio español en América” y en el que la iglesia participaba y hacía de chivata para la corona. La sotana, la sotana ¡cuánto disimula y facilita la sotana para meter mano a todo, desde vidas y sexos hasta patrimonio del pueblo ya que esta corporación extranjera ha inmatriculado (quedárselo por la cara) lo que le ha venido en gana! El clérigo Cavanilles acuciado inicia la búsqueda de trabajo y ¡dinero! Los curriculums, en el siglo dieciocho, tal como ahora, sólo llamaban la atención si detrás había un padrino o madrina. Moviendo cucamente hilos logró ser “preceptor de los hijos de una gran familia noble”, la del Duque del Infantado –título con grandeza de primera clase- (¿cómo es posible que la grandeza tenga clases igual que los billetes de avión?). Su discípulo sería Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo (duque, marqués, conde, caballero, militar, al final murió un sábado en invierno a los setenta y tres años). “La duquesa era alemana y tenía intereses en el mundo germánico” y eso significaba contactos e información trasnacionales que para cualquier denominado “hombre de Dios” constituye tener la sartén por el mango. En su periplo vital este multidisciplinar eclesiástico buscó la supervivencia en entornos que le facilitasen el gustoso acicalamiento y la ansiada notoriedad. Cavanilles, como millones de españoles y españolas, fue un migrante en busca de trabajo recalando en París donde encontró nuevas formas de estudio, en aquel ambiente cultural el horizonte se le amplió alejándose de la cuadratura oscura y rígida de una España siempre abusada y maltratada, empobrecida y vendida, engañada y enfrentada en base a intereses de clases dominantes que rivalizan a degüello. Muchas organizaciones funcionaban como centros de estudio, “una manera de estudiar que hoy en día nos choca, París era un hervidero de estas academias, salones, laboratorios” y allí el ávido ilustrado “se empapa del método analítico”, es en mil setecientos ochenta cuando se encauza completamente por la Botánica. Sin duda sabía de las salidas crematísticas de la especialidad dado que “la Botánica es una ciencia muy puesta al servicio del poder” quien otorgaba reconocimiento a peritos en la materia por cumplimentar las solicitudes tan de moda entre príncipes y gobernantes, promotores en la búsqueda de nuevos ejemplares vegetales algo glamuroso y clasista hasta el punto de calificar ciertas plantas como “de ricos”, tal es el caso de la palmera Kan-non-chiku (Raphis excelsa) también llamada princesa de la luz o budesa “sinónima de poder y posición”, importada de China a Japón, y que “se planta en macetas de porcelana decoradas con oro”. Curiosamente también había plantas, como la orquídea, prohibidas para la casta de los intocables indios e incluso cualquier persona considerada vulgar.
Cavanilles, como para todo sacerdote católico, debía cumplir con la imposición del celibato. “En 1930, el canonista seglar Torrubiano Ripoll, decía que su experiencia de contacto constante con el clero demostraba que el 90% de los clérigos son fornicarios…; un 10% escandalosos; y el resto discretos”, tal como recoge Enrique Miret Magdalena, teólogo y ex director general de Protección de Menores del Ministerio de Justicia. Cavanilles “no va a ser una persona predestinada desde su infancia a la botánica”, “la formación filosófica de Cavanilles fue muy sórdida” con un “escolasticismo muy tradicional”, bajo ese adoctrinamiento pertinaz en los aularios, y a pesar de ello, durante su periplo académico, estuvo “muy abierto” a las “nuevas orientaciones”.
Clasificar soluciona problemas, en otro orden de cosas hasta éticos. Por aquél entonces cualquiera que se dedicase intensamente a clasificar lograba reconocimiento (claro está excepto mujeres botánicas). Clasificar en versión siglo veintiuno sería mediante el reconocimiento facial, el seguimiento de tarjetas de crédito, el historial profesional, sanitario, mapa genómico y el acceso a ciertas redes telemáticas. “No es una broma clasificar ni un pasatiempo”, tampoco la “afición de diletantes aburridos”, antaño y ahora esa ordenación por datos se experimenta en la inteligencia artificial (IA). “El siglo dieciocho está muy marcado por el debate de la clasificación, pasó a ser un requisito, una exigencia, los seres humanos son seres clasificadores, clasificamos porque es útil”. ¿Clasificar o calificar? La citada IA, la robotización, ha tomado cartas en el asunto decidiendo a quién bloquea, quién recibirá apoyos económicos y sociales, quién puede huir de la pobreza y las guerras, de la muerte y la violencia segmentando a migrantes en función de su dinero y color de piel, deshumanizando para masacrar -“¡Dí no! Contra el Pacto Europeo de Migración y Asilo”-En París “Cavanilles se revela como excelente dibujante” y como autor era “muy dado a polemizar”. Se “prestó a juegos políticos” entre “imperios y nuevas naciones”. En la época de Cavanilles -nombre botánico Cav- también las rivalidades, plagios, envidias y mentiras pululaban a fin de conseguir ¡el puestecito! en el trust del poder. ¿Mujeres en Botánica? Como siempre silenciadas, menospreciadas, cuando no usurpados sus descubrimientos. Las argentinas Marta Noemí Cabello e Irma Gamundi de Amos, Lizabeth R.Caddick y sus estudios sobre la flora de Madagascar, Jeanne Baret, quien se travistió para poder navegar alrededor del mundo. ¿Cómo viajar solas en tiempos pretéritos? Blanca Catalán de Ocón pionera de las botánicas españolas, “no la tomaban muy en serio por el mero hecho de ser mujer” descubrió la flor Saxifraga Blanca, Lilian Suzette Gibbs, feminista y ecologista que denunció a la humanidad por la degradación de selvas y bosques, Ynes Mexia, la cual, tras separarse de su segundo marido, descubrió la Mimosa mexiae. Jane Colden, que una vez estudiado concienzudamente el entorno vegetal cercano al que le dejaban acceder, encontró dos especies nuevas y “no recibió crédito alguno por su hallazgo como ha sucedido tantas veces en el mundo de la ciencia, ambas especies fueron descritas y nombradas por otros botánicos varones que fueron los que se llevaron el mérito”.
“En algunas cosas, Cavanilles era un chorizo” escribe el ensayista Martí Dominguez, “era una persona muy conflictiva, provocador nato”. “Con Cavanilles partimos de una distorsión”, su obra “Observaciones” es “uno de los mayores éxitos de reedición a lo largo de bastantes décadas”. Ensalzado a más no poder puede vanagloriarse de una “conspicua presencia en el callejero valenciano”. ¿Por qué otras personalidades oriundas como Joan Plaça (catedrático de Hierbas del siglo dieciséis), “¡Este sí, este es botánico!”,no figuran entre los top? ¿Alguien sabe del botánico y farmacéutico segorbino Carlos Pau Español que murió en la Guerra Civil? “Salvo en Segorbe nadie sabe” de su eminencia, siendo que describió nuevas especies de plantas, y la comunidad científica lo ha silenciado.
Cavanilles mantuvo “una disputa por ocupar un puesto, tenía que procurarse un pasar, ha tenido que vivir a base de beneficios eclesiásticos, era un cura venal y le gustaba vestir bien”, aunque, “tenía sus escrúpulos, sus líneas rojas”. Finalmente “había logrado un colchoncito económico”. ¿Escrúpulos? ¿Quién en la cúspide o ya alcanzado el “sillón” cultiva tan inusitada variedad caracterológica? Juan Fuster delegado institucional del CSIC apuntaría que se considera a Cavanilles el “precursor de la sostenibilidad ambiental”. ¿Ecologista Cavanilles? “¡Es una patraña absolutamente ridícula!”.
¿Cuánto le debe la Botánica a la Historia? sin ir más lejos la azucena de flores blancas (dibujada por Leonardo da Vinci) fue conocida en toda Europa gracias a los legionarios de la Antigua Roma, el tulipán, en el siglo diecisiete se convirtió en moda e inversión financiera, la drosera, “rocío del sol común”, “atrapamoscas”, “hierba de la gota”, especie carnívora, insectívora, protegida en España y de notable “acción antiespasmódica y antibacteriana” ya era empleada en el siglo doce en los monasterios expandiéndose. Cavanilles estuvo al frente del Jardín Botánico de Madrid “era el cacique absoluto”, supo moverse “en plenitud intrigando en la corte” obteniendo buenos resultados. Para su trabajo se había creado una “magnífica red de informantes” -las denominadas fuentes en medios de comunicación- gracias a lo cual sus publicaciones eran amenas, leer su obra “da vivacidad, esa vivacidad viene de sus informantes, una red de informantes muy tupida y muy comprometida”, algo así como cualquier agencia actual de inteligencia o comisario Villarejo. “¿Fue un ladrón de plantas que se aprovechaba de otros botánicos?”. “La Botánica funciona así”. El jardinista José Casasús Colom, decía de plantas y vegetales: “Estos seres tan agradables, que no discuten y que, por el contrario, dan placidez a la existencia”.











































