Las cosas claras (Manifiesto preelectoral de urgencia)

Abelardo Muñoz
Abelardo Muñoz

Abelardo Muñoz

La socialdemocracia europea ha traicionado el socialismo desde sus inicios. No por casualidad los grandes filósofos políticos del XIX, desde Bakunin, Marx, Engels y no digamos Lenin, desconfiaban de ella. Los socialdemócratas ingleses y franceses traicionaron nuestra II República. El “demócrata” Churchill trató de hacer la vida imposible a los trabajadores bolcheviques fabricando y financiando una guerra civil. Los socialistas españoles, poseídos por el pecado de la soberbia, despreciaron desde el principio la colaboración con los comunistas y otras formaciones alternativas de clase. Diseñaron una transición bajo el síndrome de Estocolmo, acojonados. Hasta ahora.

Ante estas elecciones inminentes que se nos echan encima los socialistas (nada que ver con el PSOE) libertarios debemos ponernos en guardia. Ya basta de “el menos malo de los sistemas”, esa democracia europea descafeinada y que, como en los años 30, tiene pavor al fascismo y lo consiente. Se traga con Berlusconi, se traga con Obiang, se traga con Mohamed VI, se traga con Asad…

Los trabajadores ibéricos, como los griegos o portugueses, nos vemos abocados a elegir entre dos fuerzas, a cada cual más antiobrera. El discurso político de los socialistas del PSOE (los comunistas somos socialistas, no olviden amigos) intenta ser tan políticamente correcto que raya en la inanidad.

Entran de continuo al trapo pringoso que les presentan esos neofascistas del PP, lobos explotadores y reaccionarios con piel de cordero pascual. La corrupción ideológica del mensaje político llega al punto de no decir nada en absoluto y limitarse a devolverse los insultos unos a otros. Como no tienen tiempo para leer filosofía política (Montesquieu, por ejemplo) se dedican a recitar los titulares de los medios. Lo que importa es la foto.

Las fuerzas de clase genuinas y sus dirigentes siempre han sido remisas a criticar el funcionamiento burgués de los partidos por el miedo a coincidir con el aullido fascista contra el sistema de partidos.

¿Qué opción queda a esos centenares de miles de hombres y mujeres que desean acabar con la dictadura del capital financiero y sus superestructuras perversas encarnadas en la Iglesia y el culto al consumo? ¿Cómo recuperar el sentido común político de izquierdas representado por grandes pensadores como Chomsky, Saramago, Fuentes, Ferlosio, Goytisolo, la gente de Attac y tantos otros?

¿Tendremos que votar al PSOE para frenar el avance de la derecha tardofranquista? ¿O a los muchachos de IU que se niegan a coaligarse con formaciones verdes y nacionalistas como pasa en el país Valenciano? Aquí se produce la farsa catastrófica de que la izquierda de EU y Compromís, se presentan por separado. ¿Hasta cuando ese pesimismo histórico de las izquierdas, siempre lloronas ante la falta de unidad? ¿Quién ha protestado ante el tremendo escándalo judicial de prohibir la voz y el voto a decenas de miles de ciudadanos vascos con el asunto Bildu? Semejante movida desestabilizadora de la democracia hispana ha sido frenada a tiempo.

Con un estado en manos de jueces reaccionarios, una policía poco formada y con tendencias racistas, unos sindicatos que hacen política en lugar de lucha de clases; con unos medios públicos y privados que tratan de hacer normal la injusticia social dominante; con esos discursos que jamás dicen las cosas por su nombre… Nuestro país ha perdido el espíritu ilustrado y vanguardista que tuvo en los años 30. El parlamento español parece una tira cómica de La Codorniz de los años 60. Berridos, abucheos, insultos, maltrato del idioma…La igualdad de sexos es un cuento chino, la violencia de género es publicitada por las teles y los seriales. Los responsables de expolios y tragedias (¡ el accidente del metro de València!) siguen impunes.

La socialdemocracia jamás resolverá el problema central que desestabiliza nuestro estado y da alas al clerical fascismo del PP: el de Euzkadi. En rigor, los españoles deberiamos negarnos a seguirles el juego mientras no se ponga sobre el tapete el modelo de estado. Queremos que se cambie la constitución; aquella redactada por el miedo a los poderes fácticos. Cuando acabamos de una vez con la dictadura los socialdemócratas nos tomaron la delantera. En pocos años, el ingente trabajo asociativo hecho en barrios populares, asociaciones de vecinos, cooperativas, sindicatos combativos, sobre todo gracias a las fuerzas comunistas como el MCE, BR, UCE, PCE, PSUC, CNT…etc, quedó en nada. El PSOE se ocupó de desmontar el activismo civil y lo redujo todo al modelo americano. Se tragó con una monarquía impuesta por el asesino Franco, se consintió la continuidad del poder oscuro de la jerarquía católica, cómplice de la barbarie de los años 30 y 40; se puso a la cabeza del PCE a los estalinistas que perdieron la guerra como Carrillo y Pasionaria y se expulsó a las nuevas hornadas jóvenes de un partido esencial, se mantuvo el icono de la represión popular encarnado por la Guardia Civil; se dieron cargos de inteligencia a antiguos comisarios fascistas…

Mientras nuestro pueblo no logre un estado republicano y federal, los fantasmas cadavéricos de la derecha clerical seguirán ganando elecciones.

Los que lo tenemos más que mal somos los ciudadanos del País Valencià. Laminada la disidencia por la larga noche franquista y la tibieza patética del PSPV con antilíderes como Lerma o Alarte; con una Esquerra Unida cuyos dirigentes no se han leído ni siquiera el manifiesto y no digamos a Chomsky o Berlinguer; con una senadora socialista (Alborch)que era la esperanza blanca de la modernidad asistiendo a las misas de la catedral junto a los diablos tonsurados, lo tenemos muy crudo.

Sólo las decenas de organizaciones y colectivos cívicos sin partido que hormiguean por el viejo país perplejo de Joan Fuster, Vicent Andrés Estellés, Raimon, Renau, Peset, Blasco Ibáñez, Azzati y tantos otros, son el anuncio de un futuro sin mentiras.

Votaremos a la izquierda, desde luego, pero a regañadientes, pues no es eso, amigos, no es eso. El espíritu de la revolución sigue inmutable desde que en 1789 cayeron en la cesta de mimbre las testas de la chusma absolutista.

¡Viva la libertad de los pueblos soberanos!
¡Abajo la burguesía explotadora!
¡Viva la clase obrera y sus aliados!
Socialismo o barbarie

Y PESE A TODO LO EXPUESTO, NO OS QUEDEIS EN CASA CAMARADAS Y AMIGOS, SALID A VOTAD A LAS IZQUIERDAS

Abelardo Muñoz (periodista)

València, 17 de mayo de 2011

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