Los bellacos se rebelan

Rafael Cid
Rafael Cid

El Vaivén de Rafael Cid

El domingo 15 de mayo pasará a la pequeña historia de la democracia ciudadana como un hito. El día en que decenas de miles de personas en las principales ciudades de España se echaron a la calle al margen de las consignas de partidos y sindicatos representativos y de la censura previa de los medios de comunicación, que hicieron todo lo posible para que fracasara la convocatoria a favor de una democracia real.

Claro que visto el éxito de las movilizaciones, su calidad democrática y la pluralidad de los asistentes, es lógico que esos pretorianos del sistema intentaran sabotearlas. EL 15-M ha supuesto una enmienda a la totalidad de un statu quo que ha provocado hasta ahora 5 millones de desempleados, un 45 por cien entre la juventud, y ha hecho aún más ricas a las grandes fortunas, banqueros y magnates de las multinacionales, que son los que con su infinita codicia han atizado la crisis que padecemos.

Respiren hondo nuestros intelectuales de pitiminí, los periodistas de cabecera del régimen, los todólogos del esperpento reinante, los cruzados de las políticas matapobres, la juventud ni-ni ha hablado, y ahora a prepararse, se ha abierto la veda, ya no valen monsergas. Algo está empezando a cambiar en el país más resignado de Europa. Esta vez no podrán golosinarnos con el circo de unas elecciones para que todo siga igual.

Pero lo más grave es que con su desprecio, negando la evidencia, han demostrado que prefieren la injusticia al desorden. Temen a la calle, a la democracia directa, porque saben que sus oscuros intereses peligran. Son tan irresponsables que les gustaría que la protesta se encarnara en focos xenófobos y ultras, reales o prefabricados, en la convicción de que en un contexto de violencia ellos tienen la última palabra. Pero hasta en eso se equivocan, ya nadie les hará el juego.

Por eso horas antes de que la ciudadanía se desbordara en la capital al grito de “PSOEPP, la misma mierda es” y “no nos representan”, Felipe Gonzalez y Jose María Aznar recibían la medalla de oro del ayuntamiento de Madrid.

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