La gesta de Wikileaks

Abelardo Muñoz
Wikileaks

Wikileaks

La colosal colisión entre el crash capitalista mundial y el gran aventador global de las heces del imperio norteamericano que está siendo Wikileaks da la razón a lo predicho por los socialistas del siglo XIX sobre que nos encontramos en la fase final del capitalismo. Es muy posible que no la veamos ni usted ni yo, porque este es un proceso tan imparable como una taladradora subterránea y tan lento como un día sin pan, pero ya se están dando pasos de gigante: el rey está desnudo y ya todo el mundo lo ha visto.

Como ya aventuraron los gurús beats de los años 60, como Allan Watts, la tecnología en manos del pueblo puede ser devastadora para el capitalismo. Y ahora la gente dispone de la red, y la red es la nueva arma del cambio social y de lucha por las libertades y derechos humanos. La red desnuda las perversidades del estado y pone en manos de la gente elementos esenciales de crítica. Wikileaks es la utilización revolucionaria y socialista de la red.

En 1932, Bertolt Brecht escribió:

“La radiodifusión ha de ser transformada de aparato de distribución en un aparato de comunicación. La radiodifusión podría ser el más gigantesco medio de comunicación imaginable en la vida pública(…) que el oyente no sólo escuchara, sino que también hablara, que no quedara aislado sino relacionado(…) el desarrollo técnico será un instrumento para la propagación de ese otro orden” (Radiothorie).

Lo cita Hans Magnus Enzensberger en su teoría de los medios de comunicación, escrita en 1971. Ambos pensadores esenciales del siglo XX se muestran optimistas ante el futuro tecnológico que sustituirá los medios violentos de las revoluciones clásicas.

La subversión de esquemas que supone la documentación que ha puesto en manos de los medios esta, llamémosla cariñosamente estación pirata, acaba de empezar. Como cuando Radio Luxemburgo, emisora ilegal en medio del Atlántico, emitía la buena música a toda Europa.

Por eso, emulando de nuevo el viejo manifiesto comunista de Marx y Engels, todos los gobiernos y servicios secretos del mundo, ejércitos, policía, iglesias, presidentes y consejos de administración, los bien pensantes y los que no quieren que nada cambie, perseguirán con saña a los chicos de la red. Será como querer atrapar humo. Ni todos los imperios del podrido mundo decimonónico, con sus ejércitos y carnicerías callejeras, impidieron que la clase obrera se consolidara como fuerza social unida y creara sus sindicatos. Y eso a pesar de que los imperios coloniales europeos hicieron todo lo posible para diezmarla en las grandes guerras.

Se me podrá decir que todo eso no es nada nuevo. Bien. Todo el mundo sabía antes de la crisis que los bancos no juegan limpio, pero el crash que nos ahoga está ante las narices; todo el mundo sabía que los servicios secretos norteamericanos, el cártel financiero-industrial, jugaba sucio. Hay un reguero de crímenes de estado impunes desde que los pueblos iniciaron su lucha por la independencia: Patricio Lumumba, Ben Bella, Luther King, Olof Palme, Biko, Allende, Guevara. Por eso el estado orwelliano hurta a los investigadores datos históricos hasta que las ranas crían pelos y ya no quedan historiadores.

Lo de la recesión y los papeles de Wikileaks han recordado dos cosas fundamentales: que el capitalismo y su política son intrínsecamente perversos y que pese a estar en la era espacial, los imperios siguen funcionando como antes de la I Guerra Mundial. Saqueo y mentiras.

Los amantes de la libertad en todo el mundo deben estar contentos porque la perversidad del estado ha quedado al descubierto. Saberla no cambiará gran cosa de momento; pero el escándalo y el bombo de los medios, por primera vez a remolque de la red, está creando los elementos para que el entramado depredador e injusto del sistema se vaya tambaleando. Si los financieros nos han llevado a la ruina y los políticos nos engañan como si fueran Mandrake el Mago, ¿Qué nos queda?

Barrunto que nosotros mismos. La gente; utilizando la tecnología para derrotar a la sociedad orwelliana que se nos quiere imponer y lograr la libertad. Y aunque nos cueste varias generaciones la verdad nos hará libres.

Abelardo Muñoz

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