
El Vaivén de Rafael Cid
Cuando este artículo se publique, el actual Gobierno de coalición cumplirá su paso del ecuador, como los universitarios al superar la mitad de sus estudios. Nació a la política del ordeno y mando el 13 de enero de 2020, después de que el noviembre anterior las urnas arrojaran un escenario preñado de posibilidades para ocupar el poder si las izquierdas confluían. Hubo, pues, entente cordiale entre PSOE y Unidas Podemos. Eso sí, después de que Sánchez e Iglesias se apestaran y de que la tropa minorista de nacionalismos varios que apoyó la moción de censura contra el PP confirmara su apuesta por los recién ungidos. Un progresismo nunca visto desde la transición, según vaticinaba su prospecto de presentación ante la sociedad habilitante.
Pero aquella epifanía era también el umbral de una gran crisis sanitaria-humanitaria, la pandemia provocada por el virus de la Covid-19 en sus distintas y mórbidas variantes (delta, ómicron, etc.). Con lo que las previsiones tuvieron adaptarse a las abracadabrantes circunstancias (el céteris paribus en la jerga de la ciencia lúgubre). Pero como segundas partes algunas veces fueron buenas, en esta ocasión la reacción de la Unión Europea (UE), matriz de la que somos inquilinos, fue generosa de aquella manera. No solo reaccionó a la de una para asumir la compra al por mayor de las vacunas para todos los miembros sin esperar a pesquisas ni conciliábulos. Sino que con parecida diligencia proveyó de un abultado paquete de estímulos monetarios a sus asociados para que no se vieran indefectiblemente devorados por la crisis económica consiguiente.
Así las cosas, el sedicente Gobierno de coalición de izquierdas más progresista desde la transición se apuntó el mérito de estar en el momento preciso y en el lugar adecuado. Frente al flagrante austericidio practicado por Bruselas en la Gran Recesión del 2008, ahora ellos proclamaban que las mismas instancias eran un dechado de virtudes. Semejante transmigración de conciencias, en el caso español, se concretó en sendas partidas de alrededor de 140.000 millones de euros, mitad en forma de créditos y mitad a fondo perdido. Con ese viento de cola favorable, el combinado PSOE-UP se las prometía felices. Los sañudos eurócratas de antaño lejos de recelar de la llegada de un gobierno <<socialcomunista>> al acotado terreno de juego (en Portugal la copla no pasó de apoyo parlamentario, con distancia político-social) se le brindaba la oportunidad única de poner en sus manos herramientas para emprender un sorpasso histórico.
Pero el calentón gubernamental reposaba sobre tierras movedizas. Primero, y como ya ocurriera doce años antes, porque papá Estado había sido movilizado básicamente para salvar los muebles del sistema. Si en 2008 ofició como ogro filantrópico rescatando bancos a costa de la gente, ahora se entregaba directamente en las fauces del neoliberalismo rampante con rostro humano. Por primera vez, ante una emergencia que amenazaba la vida y la integridad de la población mundial, Estados y Gobiernos pasaban el testigo de la investigación y producción de vacunas a escala planetaria a las principales multinacionales farmacéuticas, de esta suerte catapultadas a la cima de la capitalización corporativa. Una keynesianismo de todo a cien convertía a los entes tradicionalmente valedores del interés general en súbditos y clientes de grandes empresas regidas por el ánimo de lucro. De hecho, el contrato del siglo firmado en Bruselas permitía acortar los plazos para testar la bondad de las vacunas entre las diferentes cohortes personales y, en consecuencia, se eximia a las firmas de cualquiera responsabilidad por posible efectos no deseados. El Estado eran ellas, como de costumbre.
Esa anomalía de fuerza mayor vino escoltada sotto voce de otro espécimen igualmente recurrente. Los dineros en teoría altruistamente prodigados contenían una precautoria letra pequeña. Estaban condicionados a que los Gobiernos afectados emprendieran modificaciones sustanciales en su modelo económico y social, para adaptar el aparato productivo público y privado a un horizonte de pleno dominio digital y ecológico. Si después de la Segunda Guerra Mundial el Plan Marshall buscaba que la reconversión económica del Viejo Continente devastado por el conflicto bélico se hiciera teniendo como suministrador a Estados Unidos, lo que ahora entrañaban los fondos europeos era una mayor cuota de cesión de soberanía de los Estados nacionales a la Casa Común de la UE. Posiblemente, como asegura Noami Klein en su famoso La doctrina del Shock, porque los cambios de paradigma malintencionados siempre acechan tras las grandes crisis.
De esta manera, burla burlando, el Gobierno de izquierdas botado a bocajarro la víspera de estallar la crisis sanitaria ha terminado asumiendo el código de barras del nuevo orden mundial proyectado en los altos despachos de la Comisión Europea. De aquel orgulloso recibimiento a los náufragos del Aquarius y las promesas de derogar leyes y disposiciones reaccionarias, institucionalizadas en la década anterior por el PSOE de Rodríguez Zapatero y el PP de Mariano Rajoy (previo una amnésica <<discriminación positiva>> de las emprendidas por los socialistas), en lo mollar, solo queda un cestón de promesas y arengas que languidecen en busca de autor. De tal manera que hoy más que hablar de Gobierno de coalición habría que renombrarlo como <<Gobierno de aleación>>, dado que los metales nobles originales se han ido devaluación con ganga de inferior calidad para ofrecer a los mercados una moneda de curso legal más homologable. Y ya sabemos por la Ley de Gresham que, asumido el riego del bimetalismo decadente, la moneda mala suele expulsar del mercado a la buena. Aunque entre subvenciones, mordidas, clientelismos y fanfarrias, la euforia oficial no cesa. Por aquello de <<nunca dejes que la realidad te estropee una bonita historia>>.
El gel mutante, en la pandemia y en el poder. El tremendo impacto social del virus se utiliza para razonar la pobre recuperación de la economía y la misma amenaza sanitaria sirve a las autoridades para justificar las restricciones de derechos y libertades perpetradas. Un totum revolutum que comprende dos estados de alarma inconstitucionales (con confinamiento en hogares y cierre del Congreso); la vulneración de la inviolabilidad del domicilio; los millones de multas puestos aplicando la ley mordaza; la mayor tasa de paro de la Unión Europea; el recorte fáctico de las pensiones al <<revalorizarse>> con el índice media de inflación y no con el consolidado interanual; la expulsión forzosa de menores no acompañados en Melilla o la utilización de tanquetas para reprimir las protestas de los obreros del metal en Cádiz. Nada es verdad ni es mentira, todo depende del color con que se mira. De la calamidad de la primera ola de la pandemia, donde España copó el ranking mundial con el número más elevado de fallecidos, contagiados y sanitarios afectados, pasamos a ser líderes de vacunación cuando cupo la fase de cogobernanza con las comunidades. Todo por nuestro propio bien y sin que la otrora beligerante sociedad civil saliera de su postración. Incluso cuando la ministra de Trabajo y vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, reveló que antes de las grandes manifestaciones feministas del 8M del 2020 ella ya había advertido a sus colegas de Gabinete sobre la gravedad de la pandemia, se admite como un activo más de la <<nueva normalidad>> y la <<inmunidad de rebaño>>.
Precisamente, como infame rubicón y casi al tiempo que la legislatura doblaba el espinazo, se consumaba la última frustración. A primeros del pasado diciembre, PSOE y Unidas Podemos (la suma de Izquierda Unida y Podemos) dejaban en la estacada la Ley de Garantía del Derecho a la Vivienda Digna y Adecuada, promovida por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), los Sindicatos de Inquilinos, el Movimiento Sin Hogar y más de 110 colectivos sociales. El PSOE lo haría sumando sus votos a la derecha conservadora de PP y Ciudadanos y a la extrema derecha de Vox (<<el trifachito>> de su impostado y oportunista relato), mientras su socio de coalición de izquierdas recurría a la estratagema de estar en misa y repicando (el manoseado <<preferiría no hacerlo>>). Con una mano, UP se unía al minoritario grupo del sí, pero con la otra retiraba su firma como proponente de la norma (para evitar visibilizar que era derrotado por su propio socio de Gobierno). Una renuncia que minaba los fundamentos de la formación antisistema que llegó a la política para <<asaltar los cielos>>, implementada al unísono que la ex líder de la PAH en Barcelona, Ada Colau, usaba su cuota de poder en La Moncloa para designar a su válido en el Ayuntamiento para reemplazar al dimitido ministro de Universidades Castell. El sanedrín de Unidas Podemos se curtió en el activismo ciudadano bajo la divisa de una vivienda socialmente asequible.
Llegados a este punto, la cuestión es saber si en lo sucesivo se seguirá por la misma pendiente o habrá una rectificación sobre lo ya hecho en derecho. Una vez aprobados los presupuestos para el 2022 y con una ristra de consultas autonómicas en la agenda del año que empieza, nada sugiere grandes cambios en avanzada. Y si esa perspectiva se confirmara se deberá en buena medida a la atomía de la sociedad civil, que ha pasado del espíritu combativo que la distinguió cuando estaba el Partido Popular a la resignada desmovilización que practica estando en el gobierno <<uno de los nuestros>> ¿Habría sido diferente si el primitivo Podemos se hubiera mantenido firme en la oposición ciudadana en lugar de atropellarse sobre los cantos de sirena del poder retribuido? El reciente ejemplo de lo ocurrido con <<15-M chileno>>, con el triunfo de Boric y su coalición Apruebo Dignidad deja la puerta abierta a la fértil especulación (https://rojoynegro.info/articulo/el-15m-chileno-triunfa-donde-el-15m-espanol-fracaso/). Citando a Quevedo: <<En resumen, no solo las cosas no son lo que parecen, ni siquiera son como se llaman>>.
Últimas voluntades: el puedo prometer y prometo fake de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz. La reforma laboral se ha derogado de parecida manera a como el recibo de la luz ha vuelto a precios de 2018. Posverdad progresista.
(Nota. Este artículo se ha publicado en el número de Enero de Rojo y Negro).












































Un Comentario
Este gobierno de turno no es más que otro grupo de personas que hacen de CAPATECES DEL CORTIJO ESPAÑISTÁN, que cada día que pasa es también más como UN CUARTEL FASCISTA-FRANQUISTA.
Estamos, en Españistán, en UN RÉGIMEN DE PODER OLIGÁRQUICO-PARTITOCRÁTICO-ANTIDEMOCRACIA-USURPADOR-CORRUPTO-CORRUPTOR-EXPOLIADOR-NEOLIBERALISTA-MERCENARIO-SICARIO-FILOFASCISTA-ESTATALISTA-ANTINACIÓN·POLÍTICA-REPRESOR-DEMOFÓBICO-LIBERTICIDA-HETERÓFOBO-XENÓFOBO-RACISTA-PATRIARCALISTA-MACHISTA-APORÓFOBO-CLASISTA-SUPREMACISTA-OPACO-CORPORATIVISTA-ALIENADOR-GREGARIZADOR-CRETINIZADOR-ANALFABETIZADOR-EMPARANOIADOR-CULTURICIDA-IDIOTIZADOR-IMBECILIZADOR-ETC.-ETC.
Este gobierno (simples y simplones CAPATACES de turno de Españistán y su Régimen ya aquí descrito) sabe y siempre ha sabido (cuando estaban en la «oposición», me refiero) de todo esto mucho mejor que yo mismo lo estoy aquí explicando. Simplemente son unos miserables estafadores, corruptos, usurpadores y colaboradores necesarios para que se sigan perpetrando toda clase de megacrímenes nefandos y nefarios contra las personas más honradas y débiles, incluyendo crímenes de lesa humanidad en base a normativas y/o prácticas u opacidades propias de Régimenes tipo China, Korea del Norte o Arabia Saudí.
Esto es lo que hay. Y no va a haber ningún milagro, ni ningún ser providencial, ni mesiánico, ni salvífico que cree una comunidad humana-política-civil digna de ser habitada, vivida, disfrutada (recuerden que ya hubo hace un par de décadas el «milagro español» y miren en qué consistió y sigue consistiendo el «milagro español» de la burbuja financiera-inmobiliaria-etc.-etc.).
Esta basura megacriminal de Régimen de Poder Oligárquico-Etc.-Etc. (aquí descrito) seguirá perpetrando sus megacrímenes y autojustificándose con más usurpación, con más normativas y/o prácticas totalitarias o filototalitarias que les permitan seguir perpetrándolos con impunidad y, además, poniéndose medallas, canonjías, poltronas, subvenciones y demás abusos nefando y nefarios.