El último servicio de Bin Laden

Rafael Cid
Rafael Cid

El Vaivén de Rafael Cid

Como siempre que sucede un acontecimiento que afecta a la razón de Estado, destacan casi más las sombras que las luces. Por eso no es extraño que sobre la eliminación extrajudicial de Bin Laden estén surgiendo conjeturas para todos los gustos, interpretaciones capciosas que la propia jacaranda de quienes festejan su eliminación a la mafiosa manera (enterrado en el fondo del mar con un bloque de cemento), no logra disipar. Porque, junto a esos inevitables prejuicios que se apoyan en un burdo antiyankismo, a medida que se van conociendo las circunstancias de la exitosa acción militar, surgen otros datos que invitan a la reflexión por si las moscas.

La primera es esa noticia que habla de que Bin Laden llevaba 5 años residiendo en la casa donde fue localizado y muerto, un lapso de tiempo tan excesivo que hace casi increíble que pasara inadvertido para sus avezados perseguidores. Con lo cual, siempre que la especie se confirme, habría que preguntarse a qué ha sido debido ese cambio por parte del Pentágono, que ha pasado de su control remoto a la tolerancia cero que decidió acabar con él. Todo ello, sabiendo además que el operativo se ha realizado en Pakistán, un país soberano aunque estrecho colaborador de Washington en la guerra de Afganistán, por cierto un conflicto bélico que ya es el de mayor duración de la historia norteamericana, por encima de Vietnam.

Y luego hay otro escenario no menos chocante. Y es el que se refiere al reciente y amplio cambio en el equipo de seguridad de la Casa Blanca. La acción militar secreta contra Bin Laden se ha efectuado prácticamente 72 horas después de que Obama nombrará a León Panetta, director de la CIA, como nuevo secretario de Defensa, y eligiera para el cargo dejado por éste al general David Petraeus, hasta ese momento comandante en jefe de las fuerzas de EEUU y de la OTAN en Afganistán. Una carambola de cargos que haría pleno en orden a relanzar el prestigio del Barack Obama en sus horas más bajas.

Por no echar en saco roto otros hechos colaterales que se produjeron casi simultáneamente, como si fueran parte de un tablero de ajedrez: el atentado atribuido a Al Qaeda en Marruecos, socio preferente de Estados Unidos en el Magreb, la escalada de la OTAN en Libia matando a un hijo y varios nietos (civiles todos) de Gadafi y, lo más importante de todo, la reconciliación entre la Autoridad Palestina de Fatah (Cisjordania) y el Gobierno de Hamas (Gaza) poniendo fin una división que ha beneficiado el status de Israel en la región. Un calidoscopio que, con la anunciada venganza de Al Qaeda por la eliminación de Bin Laden, puede anunciar la vuelta a la estrategia de la tensión en el mundo árabe. Precisamente cuando sus pueblos están optando por rupturas pacíficas y democráticas que demuestran la inconsistencia del mantra del islamismo radical predicado por los halcones de Washington y Tel Aviv.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies