Que la realidad no asfixie la verdad

Jesús Arteaga «Jipy»

J. Arteaga “Jipy”

(Reflexiones sobre virus, pandemias, alarmas, y cuarentenas.)

La ya calificada como neo-realidad se ha impuesto como una especie de tsunami sorpresa: En poco tiempo ha arrasado la normalidad o cotidianidad, individual y colectiva de nuestras vidas y ahora nos inunda con inquietos interrogantes. Una sacudida en forma de pandemia está haciendo tambalearnos en el tablero de una supuesta normalidad… lo que parecía estable o seguro y que ya no lo es tanto.

El epicentro de este terremoto se sitúa en la aparición del virus COVID-19, y también en sus replicas en forma de cuarentenas, confinamientos y estados de alarma. Una nueva realidad con categoría de momento histórico, llena de distintas nuevas realidades y repleta de grandes dudas y pequeñas nuevas contradicciones, se instaló sin pedir permiso en cualquier lugar del planeta. Se rompió la idea prefabricada de que todo sucedía siempre muy lejos y a l@s demás.

El virus está afectando de manera importante a los “países del primer mundo”, del que llaman “desarrollado y civilizado”, cuyas poblaciones fuimos absorbidas por el crecimiento sin fin y el consumo hasta consumirnos. Las sociedades que formamos parte del modelo occidental de los países del hemisferio norte, hoy nos vemos arroyadas y trastocadas al comprobar que la desgracia superaba fronteras, clases, color de piel y genero.

Las sociedades del “esto es mío” y “yo primero” y “el más fuerte vence”, de la salvación a base de “golpe en pecho”, víctimas de su propia avaricia, creen que sus miedos tienen prioridad ante los de l@s demás. De ahí que en los medios de “información” hayan desaparecido los problemas noticiables de otra índole o de otras partes del mundo. Hoy sólo tienen cámaras y micrófonos para hablar de nuestro gran problema. Ese egoísmo, característico de sociedades prepotentes y expansionistas, empezó ha verse amenazado por sus propias poblaciones tras la mal llamada crisis de 2008, pueblos que con cada vez más argumentos, empiezan a desarrollar un sentido por lo común y de la colaboración, de lo útil socialmente y de lo importante frente a lo superficial.

Pero apareció este nuevo peligro y con él las dudas y los miedos. Como en las sociedades que occidente empobreció a lo largo y ancho del planeta, las de los países enriquecidos nos hacemos las mismas preguntas:

¿Qué de cierto tiene la pandemia?
¿cómo afecta a nuestra salud?
¿Cómo podemos defendernos?
¿Cómo evolucionara?
¿Será una amenaza constante?
¿Que cosas van a cambiar y en que dirección?
¿Lo pagaremos l@s de siempre?

Pero quisiera incidir en otra pregunta que también flota en el ambiente:

¿A qué obedece nuestra “aparente” sumisión durante el estado de alarma y confinamiento?

Muchas preguntas y quizás demasiadas respuestas porque tras un exceso de interrogaciones aparece una cascada de vendedores de soluciones. Aun así todavía subyacen preguntas cuya respuestas serán muy difíciles de encontrar y que nos darían muchos datos reveladores. Respuestas, no tendenciosamente enfarrangadas. que nos acercaran de manera certera… lo más posible, a verdades que aporten algo de luz sobre las sombras que nublan este presente.

No pretendo dar respuestas sobre lo que no se por desconocimiento y porque los motivos de nuestro comportamiento son múltiples y demasiado complejos, y porque parto de posiciones absolutamente subjetivas. Pero soy de la opinión que reflexionar en torno a estos comportamientos anómalos y extraordinarios, aunque nos cueste y por difíciles que parezcan, no sólo es tarea de “expertos o especialistas infalibles”. Es una cuestión que nos implica a todas las personas, porque somos cada una de nosotras quienes, influenciadas por una cosas u otras, estamos siendo protagonistas reales de lo sucede y que también nos afecta, aunque nuestras respuestas estén condicionadas por multitud de factores, nada casuales pero si muy causales, y que podemos encontrar anidando en los valores y
éticas que sustentan a un modelo-sistema suicida.

POR QUÉ NO ES LO MISMO, que el coranovirus19 haya sido una fatídica retransmisión de animales a personas (como otras tantas pandemias antiguas y modernas) y tener que adecuar nuestra libertad o someternos a la sumisión por protegernos de un nuevo peligro biológico o medioambiental y que nuestras trabajadoras de la sanidad ( o cualquier otro sector), nuestr@s mayores y las familias de las víctimas estén viviendo en una desolación afectiva brutal.

NO ES LO MISMO, que el bichejo haya sido cultivado en un laboratorio de cualquiera de esos batallones dedicados a la guerra bacteriológica. O que las empresas de tecnología avanzada estén realizando un experimento social de control tecnológico e ideológico, o aprovechando la coyuntura anden calculando los beneficios económicos de la patente de una posible vacuna o que de manera macabra, los estados resuelvan los inconvenientes de que vivamos tantos años.

Los primeros podríamos aceptarlos como el resultado de la autogestión de nuestra incertidumbre y de nuestros miedos (una manera muy recomendada de superar la angustia) y también de nuestra solidaridad y empatía hacia las demás, que también somos nosotras.

Los segundos serían imperdonables, porqué no se puede tolerar que una minoría descerebrada planifique algo tan cruel y a la vez provechoso para su único interés; ampliar sus ganancias y reforzarse como la clase dirigente. Datos para pensar en un sentido u otro hay de sobra. Y las dudas al respecto nos deberían conducir a conclusiones muy distintas. Pero insisto, NO ES LO MISMO.

Pero no hay manera, no soy capaz de mantener un equilibrio entre las certezas y las dudas que me produce el incalificable panorama que estamos viviendo. Toda una faena tener que seleccionar –entre las preguntas absurdas y las respuestas estúpidas- las que puedan servir para hacernos una composición de lugar que nos ayuden ha interpretar qué está pasando, cómo afrontar esta nueva realidad, qué podemos o debemos hacer en adelante, etc.

Todo para defender la vida en sus facetas humanas más evidentes; la naturaleza, la dignidad, la justicia, la educación, la salud, etc. No es casualidad que las grandes agencias de noticias, las grandes corporaciones de la comunicación, esa gran industria de la “información” que nos narra lo que sucede en cualquier rincón del planeta, haya contribuido de manera intencionadamente sensacionalista y alarmista ha deformar cualquier otro relato razonado o razonable, ofreciendo así un colchón imprescindible para la imposición de los estados de pánico y miedo colectivo, necesarios para conseguir un comportamiento asustadizo y sumiso de la inmensa mayoría de las poblaciones.

Todo esto con una falta de respeto absoluto a la libertad de información y expresión. Sin ningún rigor y dando voz a fabricantes de especulaciones carentes de ética pero de lengua suelta y retorcida, dando pábulo ha infames mequetrefes para los que la pandemia no es mas que un recurso para darse a conocer, intentando decir la mentira mas grande.

Sus tácticas consiste en ocasionar el atasco neuronal a través de la saturación y la congestión deformativa. Sus ingredientes principales son la estridencia el alarmismo y el sensacionalismo, que no casan bien con la verdad pero si encuentran un ecosistema perfecto en su antónima: la mentira.

El objetivo pretendido deja secuelas; el desinterés por la información, la apatía por los problemas ajenos, el hastío por la reiteración, la indiferencia o el desprecio con lo que no creemos como propio. Un terreno abonado para el “todo vale” porque todo es mentira y verdad a la vez. Cualquier razonamiento está sometido a cualquier estupidez. Todo siguiendo una máxima: “sí no puedes convencerlos al menos confúndelos”.

El papel que han jugado a sido un abono muy necesario para que fructifique la parálisis social provocada por los miedos que esa misma maquinaria alimenta. Las noticias falsas, los bulos, las mentiras y las verdades a medias solo vienen a consolidar la tendencia a idiotizarnos por desidia.

Detrás encontramos a lo mas casposo y rancio de la mentira editorializada o de la opinión publicada. Una retaguardia metemierda bien pagada escondida en los recónditos mundos de lo digital fabricando nubes nocivas para ensuciar el ambiente. Los empujan tres fines en uno… enrarecer la realidad, dificultad la verdad y llenarnos de miedos. Pero el principal es ganar dinero.

“La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad” Hiram Jhonson. 1917

Estamos en una época denominada por los tecno-ilustrados como la era de la comunicación, de la grandes autopistas de la información, resultado de la “revolución tecnológica” en las entrañas del capitalismo, con sus monstruosos bebes; la globalización y el neo-liberalismo y el militarismo. Un modelo que nos quiere impedir que sepamos, conozcamos y aprendamos. Que ejercitemos nuestra formación para poder deducir y decidir. Pero en estos momentos el conflicto se mantiene tan enconado como siempre.

¿Y cómo puede ser que con tantos medios implicados en descifrar la realidad cada vez nos alejemos mas de ella? ¿Por qué es tan difícil discernir que hay de verdad entre tanta realidad distorsionada? La reflexión es un camino lleno de bifurcaciones y no todas tienen un mismo destino. De ahí la inevitable confusión. No es razonable que ante incertidumbres desconocidas nos ofrezcan humo como verdades absolutas, resultado de intereses económico-comerciales, o político-ideológicos de élites fanatizadas por el poder y la pasta, esos que aprovechan la ocasión para “hacer su agosto” caiga quién caiga, los que son capaces de primero romperte las piernas para luego venderte las muletas.

Una de las facetas (dentro de otras) destacable, imprescindible y transversal; la instalación del miedo en diversas dosis dentro de nuestros cuerpos. Miedo al virus, a la ley, a perder el trabajo, la casa. Temor a aceptar que podemos perder salud y otras cosas tan complejas como sentirnos libres, aunque sea para respirar.

Intentar descifrar, interpretar o analizar la realidad tienen mucho que ver con la perspectiva. La realidad se puede interpretar según los ángulos o elementos que se quieran añadir. Se puede segmentar y también distorsionar para adaptarla, destacar puntos de vista que sirvan para colorear el cuadro que cada cual quiera imaginar. Hay micro y macro realidades Hay quién mira a ras y en horizontal y hay quién la observa con la vista del halcón.

Parecería normal que cada cual tuviéramos distintas conclusiones sobre unos mismos hechos, que ante unas mismas situaciones llegáramos a tener discrepancias, aunque fueran por visiones sesgadas o interesadas, independientemente de cualquier criterio objetivo o elemento razonable que ponga en duda la verdad que nos hemos fabricado.

Hoy no es difícil concluir que la realidad es maquillada o ensuciada según convenga. La intención de llegar a la verdad, a través del análisis de la realidad, es una tarea más de saneamiento y descontaminación que otra cosa. Y no pensemos que es una tarea fácil, máxime en tiempos donde la industria de la contaminación ideológica está funcionando a pleno rendimiento.

Ahora que nombro a la verdad, ¿Qué de verdad tiene la realidad y qué de realidad tiene la verdad? ¿Qué relación tienen una y otra? Saber esto tendrá mucho que ver mucho con la cantidad de contaminación que hayan recibido cada una de ellas, tanto por separado como juntas y la capacidad que tengamos para disponer herramientas que sirvan de desintoxicación comunicativa e informativa. Herramientas ambas, útiles tanto para formarnos personalmente como para formar opinión colectiva.

Es pedirnos demasiado tener que gestionar sin sobresaltos esta experiencia, que nos ha convertido en cobayas (hay quién piensa que en rebaño… aunque no lo comparto). El confinamiento o cuarentena han sido utilizados para establecer versiones absolutas en forma de salvación, la indiscutible solución para conseguir un imposible; intentar frenar la extensión de la enfermedad. La nueva religión nos fuerza a elegir sin remedio; seguridad antes que libertad. De ahí los aplausos a la policía cuando actúa, los chivatos de finca, los militares dando ruedas de prensa sobre “el
enemigo”.

Pero hay puntos débiles dentro de su verdad consagrada. Uno es que es una imposición, otro que su base es falsa. Otra es, que como todo proceso social está en evolución constante aunque aparentemente todo sigue igual, y todas las cosas que suben pueden bajar y todo movimiento ocasiona ondulaciones y vaivenes. También existen factores espontáneos o sorpresa. Por que las personas somos así… “pensamos…luego existimos”. Y a veces nos da por pensar más allá de lo que digan vuestras vacas sagradas, Otras veces actuamos en consecuencia teniendo en cuenta todos los elementos en juego.  Es decir, nos plantamos ante la infamia y la soberbia de los uniformes, creamos nuestras fuentes y buscamos nuestros canales, para tener mejores cosechas que las que nos venden los nuevos templos del Dios Dinero ; los supermercados y la Iglesia de las Santas Noticias: La televisión.

A simple vista se hacen de notar quienes aparecen mas estridentes… pero tenerlo en cuenta… sólo a simple vista. Miremos pacientes vuestra decrepitud y decadencia. Como lo hicieron nuestras antepasadas; pacientes pero no pasivas. Hay cosas cómo la solidaridad y el apoyo mutuo, que no forman escándalo pero siguen siendo eficaces armas con silenciador que apuntan en dirección opuesta… miran hacia la cooperación, el amor, el humor y el respeto. Y las tenemos que hacer servir en tiempos tan convulsos y difíciles, saber administrar nuestras fuerzas en los tramos más complicados que están por llegar… con tantas dudas, por nuevas, como las que hemos superado tras mas de cuarenta días. Empieza la ochentena… que continúe la tragicomedia.

Pero lo que es importante es: ¿por qué tenemos que intentar resolver los dilemas de esa enigmática y contaminada relación entre la realidad y la verdad? ¿Cual es esa contaminación de la que tenemos que protegernos? ¿Por qué tenemos que buscar antídotos y herramientas? “Estate alerta, o te golpearan con la misma llave que te abre la puerta”.

En mi opinión no hay nada mas pernicioso que una verdad absoluta, más si esta se sostiene sobre una base llamada ignorancia, que se sustenta sobre otra base más potente: el miedo. Esa es la estructura que predomina, de mecánicas perversas y opacas. Una pirámide que pretende ser eterna y donde la realidad sólo es interpretada por su vértice, la cúspide, la élite, que en base a su privilegiado estatus, elabora y retransmite hacia abajo su verdad única, sagrada, incuestionable:“Esto es así y así debe ser, Amen”

A lo largo del tiempo se ha mantenido una eterna pugna para romper el monopolio del conocimiento, y de las verdades que de su uso se derivaban. Podemos encontrar multitud de rastros sobre de este conflicto, tanto en la literatura -En el nombre de la Rosa- , en el cine -Matrix- o en otras expresiones artísticas y referencias de la historia. Esos rastros nos conducen hasta hoy, hasta el ahora. Y encontramos el mismo conflicto en un escenario diferente, con decorados y actores distintos pero con guiones muy parecidos.

Quedan bastantes episodios por venir en la evolución de esta crisis entre las crisis. Las realidades volverán a modificarse, mientras que la búsqueda de respuestas será permanente, aunque nos traiga nuevas incertezas y nuevos miedos que afrontar. Y eso lo tendremos que hacer a través de canales propios (medios de comunicación, información, formación, culturales, etc ) horizontales y autogestionados, libres de intereses especulativos, de cercanía y sociales.

Es una manera de respetar la verdad a la hora de descifrar e interpretar la realidad.. la que tenemos y la que pueda venir.

Como dice Calle 13…”A brindar por el aguante”,. aunque sea con agua

Jesus Arteaga… “Jipy”

Participante de la Asamblea de Paradas y Precarias de C.G.T-Valencia y cantante de Skaparapid.

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