COVID-19: el crisol de la Internacional del siglo XXI

El Vaivén de Rafael Cid

<<La evidencia es lo más oculto,

 y el exceso de evidencia ciega>>

(Remo Bodei)

Rafael Cid

La rueda de prensa ofrecida por Pedro Sánchez el martes 17 anunciando el plan de choque del Gobierno de Coalición (o de lo que a estas alturas quede de él) para paliar los efectos sociales de la pandemia, tuvo una alarmante puesta en escena. Fue con la prensa en diferido, como ya suele ser habitual (el plasma elevado a excelencia), pero con un arranque y un colofón del manual de inquisidores. La inició la Agencia Efe (la oficial, es decir gubernamental, dirigida por Gabriela Cañas en situación de excedencia de El País, el diario amigo de Ferraz), con una pregunta propia de pirómanos, si no fuera porque calzaba una respuesta al dente del presidente. <<Hasta cuándo cree usted que podrá aguantar el Estado facilitando  ayudas>>, se escuchó en la sala sin que nadie se espantara ante la posibilidad del colapso de los recursos públicos que la cuestión planteaba. Pero el asunto tenía truco, porque lo que se pretendía era facilitar que, de entrada y por directo, Sánchez blandiera el mantra de la casa: <<haremos lo que haga falta, donde haga falta y cuando haga falta>>. Con una coda específica para esta trascendental ocasión: recordando a la opinión pública la fortaleza de un sistema que engloba más de un 40% de sector público. Hasta ese preciso momento, el Ibex 35 apenas registraba un 2% de subida.

Y como los extremos se tocan, el misterio se aclaró con la pregunta que cerraba el encuentro con los medios (en holograma). La realizó el representante en España de la agencia internacional Bloomberg (propiedad del fallido candidato demócrata a la presidencia de EEUU, el multimillonario Michael Boomberg). Tras indicar que Macrón en Francia y en  Giuseppe Conte en Italia no descartaban nacionalizar empresas si fuera necesario, el servicio de noticias especializado en cuestiones financieras demandaba si acciones parecidas entraban en los planes del Ejecutivo. Larga cambiada de Sánchez, remachando la obviedad de que el Decreto-Ley aprobado no iba a dejar a nadie desprotegido, y otros circunloquios igualmente veniales. Estaba claro que su gobierno, <<rotundamente progresista>>,  no tenía ninguna intención de marchar en dirección a socializar sectores básicos de la nuestra economía. Fue mano de santo. Despejado esa borrascosa perspectiva, el principal índice bursátil español tomaba carrerilla para culminar con un rebote del 6,4% al cierre de la sesión.

La suerte estaba echada. Habrá avales para empresas, financiación barata, moratoria para los más desfavorecidos, aplazamiento de pagos de impuestos, y otros rudimentos placebos de menor cuantía, pero la crisis más letal sufrida por el conjunto de los asalariados no modificará el modelo económico neoliberal vigente.  El mismo algoritmo de gestión utilizado por los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, primero, y de Mariano Rajoy, a continuación, para combatir la gran recesión del 2008 provocada por multinacionales bancarias y financieras. Un virus que nos dejó como legado brutales ajustes y recortes en la estructura del magro Estado de Bienestar; una luctuosa involución laboral y del sistema público de pensiones; y la contrarreforma exprés del artículo 135 de la Constitución para primar el pago de la deuda sobre otras contingencias. Amén de un agujero de casi 66.000 millones de euros de todos para salvar con el patrocinio del Estado a la casta plutocrática que había provocado el desastre. La diferencia es que ahora el testigo de cargo es el primer Gobierno de Coalición de izquierdas de la democracia. Juramentados del Régimen del 78.

Hace escasas semanas, el ministerio de Trabajo, a la sazón ocupado por una dirigente de Unidas Podemos, derogaba el apartado d) del artículo 52 del Estatuto de los Trabajadores que permitía el despido con <<bajas justificadas>>. Una infame disposición que, si bien figuró siempre en la normativa laboral, fue agravada con las contrarreformas del PSOE y del PSOE, en 2010 y 2012 respectivamente. La titular de la cartera, Yolanda Díaz, había ofrecido ese óvolo como compensación por dejar para mejor ocasión la anulación total y absoluta de la <<herencia recibida>>, como había prometido solemnemente en su toma de posesión. Irónicamente, el COVID-19  nos coloca ante un tsunami de parados con una incierta cobertura de renta disponible a causa precisamente del alud de otro tipo de <<bajas justificadas>>, en este caso originado por un cierre empresarial indiscriminado tutelado desde el poder. ¿Qué suerte, por ejemplo, espera a los autónomos de verdad, tirados en el arroyo con el linimento de una raquítica prestación de paro sin suspender las cotizaciones, quizás hoy el colectivo de trabajadores más precario y mayoritario del país?

Miremos a largo plazo. Aquí y ahora hay que cerrar filas para ganar a la pandemia, pero con dosis de Responsabilidad, Autogobierno y Solidaridad a raudales. Refutando mediante el apoyo mutuo la militarización de las conciencias que inocula entre la gente el miedo existencial y la inseguridad vital reinante. Pero al mismo tiempo, urge un relanzamiento y resignificación de aquel espíritu subversivo del 15-M con que la parte más dinámica de la sociedad combatió las políticas coercitivas aplicadas para suturar la crisis del 2008. Existe un peligro cierto de salidas autoritarias consentidas e incluso aplaudidas por los ciudadanos ante el infortunio creciente. Una tentación en la que pueden caer gobiernos y personas, al maximizar el desorden sobrevenido para perennizar la injusticia y la desigualdad como forma de vida. La globalidad del coronavirus, como ocurrió cuando la revolución industrial atropelló y disciplinó a millones de personas al ponerlas al servicio del productivismo competitivo, ha situado en una misma condición a medio planeta. Es sobre ese <<estado de naturaleza>> desde donde debería nacer un nuevo orden mundial que ponga término a la criminalidad inserta en la inhumanidad capitalista y el despotismo biopolítico.

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