Aguirre 8, Camps 6

El Vaivén de Rafael Cid

Rafael Cid
Rafael Cid

Podría ser el resultado de un derby, pero es un pronóstico electoral, que en realidad tiene poco de deportivo pero mucho de competitivo falaz, que es en lo que se ha convertido hoy el deporte a fuerza de talonario y mugre.

Digo, Madrid 8, Valencia 6, es el vaticinio de la crecida en escaños del Partido Popular respecto a sus expectativas electorales en las comunidades de Madrid y Valencia el 22-M, feudos de la populista duquesa consorte Esperanza Aguirre y de ese árbitro de la elegancia que es Francisco Camps. Ambos, según las encuestas, van a arrasar en los próximos comicios municipales y autonómicos. Lo que lleva a varias reflexiones, aunque todas giran en torno a un mismo tema: ¿por qué los de abajo premian a los de arriba por someterlos y explotarlos? Asunto que no cabe en este breve atril, pero ahí queda como apunte.

Más fácil es reconocer que había dos realidades. La real, de la calle, la que no se expresa más que en secreto de confesión, en privado, que apoya políticas de derecha sin mirarle el diente. Y la de los analistas de alcurnia y medios de referencia que no han cesado de reflejar el lado oscuro de ambos dirigentes, pero al parecer sin ningún éxito sino todo lo contrario. Porque esos mismos sondeos dicen que el sorpasso de Aguirre y Camps será a costa de robar votos y votantes al PSOE y a Izquierda Unida, confirmando lo que la raquítica capacidad de convocatoria de CCOO y UGT el último 1º de mayo en Valencia denunciaba.

¿La corrupción no pasa factura a los corruptos?, es otra pregunta de interés. Y se nos ocurren dos matices para valorarla. Una, que es complicado que la corrupción se cebe sobre todo en un partido cuando se trata de un fenómeno generalizado del que casi ninguna formación importante se salva. Dos, que la sedicente izquierda, supuesta heredera de las tradiciones políticas más transparentes, con su continuo viraje hacia la derecha para mendigar en su granero electoral, ha atizado tal analfabetismo democrático en el electorado que ha terminado devorándole. Quien siembre vientos..

Y como colofón, se evidencia la continua pérdida de influencia del diario El País, periódico pretendidamente global que hizo de las denuncias del caso Gürtel divisa y banderín de enganche, y ahora se comprueba que sin dejar demasiada huella. Aunque también es cierto que ello en buena parte es debido a la contraprogramación de los medios de comunicación autóctonos que comen de la mano del PP en Madrid y Valencia.

Quien pierde de nuevo es la democracia, o sea los de siempre, los de abajo. Porque ellos, cuando se apaguen las luces, volverán a sus negocios y garitos.

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