El paradigma Greta Thunberg: elogio del activismo

El Vaivén de Rafael Cid

<<Los mejores libros son aquellos

que cuentan lo que ya se sabe>>

(George Orwell. 1984)

Rafael Cid

La conferencia sobre el clima recientemente celebrada en Madrid ha sido una extravagante mezcolanza de autobombo, bodrio, desvergüenza y linchamiento. Vayamos por partes sin atropellarnos. Autobombo, el del presidente de Gobierno en funciones, bulímico a la hora de ofrecer España para la celebración del COP25 como alternativa a Chile, donde el estallido social reprimido a tiro limpio por su colega neoliberal Piñera frustró cualquier intento de proyección internacional. Ocasión pillada al vuelo por Pedro Sánchez para fardar de anfitrión de postín y excelencia organizadora. Bodrio, porque por mucho que se cacareara en los títulos de crédito del certamen que “Es hora de la actuar”, las conclusiones fueron un colmado de nimiedades y vaguedades. Desvergüenza (y ahí reside parte de la gracia del <<éxito>> sanchista), porque la edición del 2019 estaba patrocinada por algunas de las multinacionales que más contribuyen al deterioro medioambiental (Endesa, Iberdrola, Banco de Santander, Acciona, Repsol y otras que tal bailan). Y finalmente, linchamiento, porque contra todo pronóstico hubo una especie de encuentro en la tercera fase entre actores diversos, e incluso opuestos, para denigrar a Greta Thunberg, la activista que con su contumaz denuncia ha logrado insertar la emergencia climática en la agenda-dial de la generación milennials. ¿A qué se debe este acoso en el que han coincidido la derecha inquisidora y la izquierda de la revolución pendiente? ¿Por qué la presencia motivadora de la frágil adolescente ha provocado un rechazo tan intempestivo y grotesco en sectores antagónicos?

No estamos ante el refritado ocaso de las ideologías por más que sus contornos se difuminen a marchas forzadas, sino en el despliegue de las teologías políticas. Lo que ha despertado la inquina a diestra y siniestra contra la ecologista sueca está más en lo que les une que en lo que les separa. A saber, que haya puesto en solfa su inmarcesible representación social. Acostumbrados a significarse como valedores de la ciudadanía unida que nunca será vencida, la irrupción turbadora de la joven Thunberg sobre sus respectivos condominios ha sido percibida como una amenaza a su estatus por las familias ideologías dominantes. Greta no solo acaparaba la atención de la opinión pública, sino que en un gesto casi suicida se permitía dar la espalda a la opinión publicada, tan codiciada por una derecha y una izquierda franquiciadas. Y por si tamaña afrenta no bastara, incluso desdeñaba olímpicamente las peticiones de líderes, organizaciones e instituciones que solicitaban su presencia en grata compaña.

Así, el desdén protocolario de Greta Thunberg les robaba protagonismo; convertía lo oficial en refractario y reventaba con la autenticidad de su compromiso las fake news de la cumbre, que sus mentores idearon como trampantojos (aparte de ofrecer chocolate con churros a los visitantes). Proclamar algo y cumplirlo; coherencia entre ser y estar; honrar la palabra dada; en suma, la <<propaganda por el hecho>> de su mensaje era algo insufrible que los legatarios de la intermediación social no podían entender. Y encima la <<niñata>> (según los zorrocotrocos, que dice mi amigo Carlos Taibo) se daba el pisto de rechazar los pingues ofrecimientos de gobiernos y potentados para viajar a España confortablemente, prefiriendo cruzar el Atlántico en un velero con otros pirados como ella (los del Mayflower cruzaron el charco en mejores condiciones). Antes de poner un pie en la COP25 ya estaba pisando callos. ¡¡¡Quién se había creído que era esa mocosa!!!

De ahí la rebatiña malhumorada de los tonsurados del arco representativo contra la activista antisistema. Concepto, el de <<activista>>, que resume exponencialmente el prejuicio que envenena los sueños de nuestros abanderados. Porque el efecto Greta Thunberg ha propiciado un nuevo paradigma en la teoría de la emancipación, que a partir de ahora, además de económica y política, deberá ser ecológica o no será. Y ese desafío está calando en la conciencia de las gentes al margen de los canales convencionales, sin líderes ni agentes institucionales al frente de la pancarta. Gracias al voluntarismo ético de las personas normales. Las mismas que a principios de siglo animaron las primaveras árabes (tan denostadas a derecha e izquierda, por cierto) y ahora llenan de aliento vital las protestas que recorren buena parte de América Latina, Argelia, Francia o Hong Kong. De las musas al teatro. Como ejemplificó en su día el filósofo británico Bertrand Russell sumándose en las calles al movimiento pacifista y hoy personalidades como el lingüista norteamericano Noam Chomsky. El caso Urgenda, la ONG holandesa que, por primera vez en la historia, ha conseguido que el incumplimiento del pacto climático por un Gobierno se tipifique como delito de lesa humanidad, forma parte de esa escuela civilizadora emergente.

El paradigma Thunberg es algo más que un acontecimiento, se enmarca en una fase superior de los movimientos sociales que ha dado paso a la acción directa de la ciudadanía. Cuando la joven activista sueca proclama <<Los líderes nos han traicionado>>; <<La democracia se ejerce cada segundo>> y <<Cada gran cambio en la historia ha venido del pueblo>>, señala en la dirección que la derecha negacionista y la sedicente izquierda solaparon hace tiempo. Porque en su espasmo opositor, esa dialéctica amigo-enemigo que han enarbolado como espantapájaros, anidaba una unidad de destino: el productivismo. Esa ha sido la divisa imperecedera de los conservadores elevada a categoría de tótem desde su más tierna infancia (<<Ganarás el pan con el sudor de tu frente>>). Lo nuevo es que en las antípodas propagaban parecido opio del pueblo. Desde Cornelius Castoriadis, hasta Edward P. Thompson, pasando por el Premio Nobel de Economía 1998 Amartya Senn, cada vez está más claro que el énfasis en el modelo de explotación económica centrado en la producción cuantitativa ha sido una rémora para el auténtico progreso más allá del mero crecimiento insostenible y el desarrollismo distópico. El activismo autogestionario que en la actualidad encarnan el feminismo y el ecologismo de la juventud es la mejor muestra del coraje de la sociedad civil, en clave sociolizadora de lo que Robert Putnam denominó <<capital social>>.

En esta memorable ocasión, al pin-pan-pum contra la joven Greta de la derecha chusquera le ha salido un competidor de campanillas en los medios progresistas. Y como sucede en las ocasiones en que de lo que se trata es de matarlas a la chita callando, la mano invisible en guante de seda la ha suministrado el diario El País. Durante la cobertura de la cumbre, el periódico más influyente se dedicó inocentemente a reproducir en sus titulares toda la sarta de improperios y basura dialéctica que la caverna dedicaba a la revoltosa activista. <<Histérica, marioneta y majareta, los insultos que hombres dedican a Greta Thunberg en Twitter>>, amén de <<puta>>, eran los rebuznos que le endilgaba en lugar destacado el rotativo al noticiar la Cumbre del Clima. Eso sí, para descargo de conciencia, dos semanas después el Defensor del Lector reconocía haber servido de <<Altavoz de lujo para insultos de baja estofa>>. Sin acuse de recibo, porque la posición del grupo que preside el banquero en activo y ex traficante de armas al por mayor Javier Monzón, investigado judicialmente por corrupción en una pieza de la trama Púnica, no admitía enmienda. La prueba de algodón fue la publicación el 18 de diciembre de una columna de opinión de Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola y cliente del ex comisario Villarejo y sus cloacas, destacando que <<La COP25 ha constituido un éxito de organización y capacidad de involucración de los más diversos sectores>>. Y a quien Dios se la de san Pedro se la bendiga.

(Nota. Este artículo se ha publicado en el blog de El Salto)

3 comentarios en “El paradigma Greta Thunberg: elogio del activismo

  • el 23 enero 2020 a las 17:15
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    Un comentario destructivo del cagallero de la Tenaza

    Por encima de la derecha cavernícola o la izquierda confusa y difusa y muy en la distancia respeto a la «niñita estreñida», está de lejos, muy lejos ( hace más de cincuenta años) el análisis de científicos y meteorólogos que, apoyados en sesudos estudios del clima, hicieron a futuro pronósticos exactos de la misma manera que el físico puede pronosticar con exactitud donde cae una piedra lanzada con una potencia determinada. Insisto: ya se sabía, pero a dicha certeza se le daba el mínimo valor o más bien un valor nulo a semejanza del cuento de «Pedro y el Lobo». Ahora vienen los duelos y quebrantos y más de un hijoeputa se tira del cabello a guisa del Barón de Munchausen, que en su caída libre a resultas de su viaje espacial con prácticas anti natura, se coge de los cabellos y tira de ellos hacia arriba para no reventarse en su encuentro con el suelo, creyendo que con semejante acción se puede burlar la ley de la gravedad. Pues algo parecido ocurre con el grave problema del cambio climático.

  • el 23 enero 2020 a las 21:48
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    Parece ser que en los desastres habidos en toda la costa Mierditerránea les amos a tener que pagar los paganos de siempre a todas las corporaciones hijaeputas, sean del color que sean, que por caprichos inconfesables decidieron poner a menos de quinientos melimétros de la linea de costa innumerables bloques de apartamentos, un sin número de restaurans, paseos marítimos molones y un sin número de zarandajas y nimiedades tan necesarias todas ellas para el buen funcionamiento de este «Parque Temático» que es la España del turismo cultureta y de solaz. Hace muy bien el Mare Nostrum en sacar su genio y mandar a tomar viento, si no mucho más «pa allá», demostrando que quien manda en la Naturaleza no es ese insignificante y engreído mico con ínfulas de Dios Mitológico.

  • el 24 enero 2020 a las 20:30
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    Ahh… Qué paradigma el existente entre administradores y administrados, con esos intereses encontrados como el que puede haber entre lobos y rebaño, cuando el rebaño nunca se da en la Naturaleza, pues es cosa forzada en las relaciones de comportamiento y sumisión, lo que hace o conduce que estos segundos acaben siempre como en algunos de los relatos del Decamerón ¡¡¡Cornudos burlados y apaleados!!!. Vale

    Emili Justicia

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