Una China para un peta democrático

Desde la franja de Mieres

Cada vez que oigo a alguien hablar de la dictadura china me descojono. Tienen mucha guasa las autoproclamadas democracias (casi todas). La griega, inventora del término, era clasista, machista, xenófoba, esclavista y basó su poder en el militarismo; La liga Ática, la otan de entonces.

Sobre el delirio de la Grecia clásica basó buena parte de su diarrea mental Heidegger, el filósofo humorista con carnet del partido nazi hasta el año 1945 y un ejemplar dedicado de “mein kampf”, rector de la universidad de Friburgo, profesor de Hanna Arendt, reina madre de los liberales, a quien citan con desparpajo Ruiz Gallardón o Esperanza Aguirre, entre otros demócratas intachables enemigos acérrimos de las dictaduras.

La democracia deseable, la prueba del algodón, el gobierno de las mayorías sin persecución de las minorías, no ha existido nunca, más allá, mal que bien, de grupos relativamente pequeños como la confederación iroquesa u otras posibles experiencias desconocidas para la cultura occidental.

Algunos igualan parlamentarismo y democracia con un cuajo considerable. Hablan de Islandia en el siglo X o de las cortes leonesas del XII. Si Ordoño II levantara la cabeza se escucharían las carcajadas, y los reconfortantes eructos de matachana, desde el Bernesga hasta el Pisuerga.

A día de hoy se entiende por democracia el teatrillo cómico que montaron los ingleses para justificar su imperio clasista, machista, xenófobo, esclavista, racista, homófobo y militarista; una coartada moral. Los gringuitos siguieron con el espectáculo invadiendo decenas de países para llevar la buena nueva. Ahora mismo están asesinando “indios” a balazos desde los helicópteros. Democracia en vena, un cachondeo.

China no es una democracia, perrito piloto. Que tontos son los chinos que no han leído a Heidegger, no estudian griego, ni saben dónde está León.

La experiencia de los chinos con la democracia ha sido maravillosa, una fiesta. Cada vez que oyen la palabra se les hace el culo coca-cola, a unos, y pepsi-cola a otros, según.

Sus primeros contactos con los beatíficos y siempre divertidos demócratas, ingleses y yanquis mayormente, fueron las guerras del opio y la amistosa política de las cañoneras.

Ardieron ciudades enteras, se masacró a la población, se controló la economía, saquearon a placer. Hubo muchas risas en Pekín cuando los demócratas les explicaron que lo mejor que podían hacer era emigrar a América a lavar la ropa sucia de los payos, incluidos gayumbos protestantes con palomino sajón, o a poner las vías del tren entre el Atlántico y el Pacífico a cambio de un plato de arroz. De soberanía, elecciones libres y transparentes, derechos humanos y otros asuntillos menores no les dijeron nada. Se les olvidó. Lo que no se les pasó fue quedarse con Hong-Kong donde curiosamente a los ingleses no se les ocurrió hacer unas elecciones. Un despiste.

Los chinos nacieron ayer por la mañana y no teniendo historia, ni cultura, no entienden lo que les conviene. Deberían saber que es intolerable que la censura no les permita acceder a los censuradores homologados del puto feisbuc, la mierda del tuiter, o los logaritmos macartistas del yutube. Así no hay manera de que se enteren de lo que necesitan y lo compren en amazon.

Es curioso que la mayor y más criticable atrocidad que se comete hoy día en China, la pena de muerte a cascoporro, se comente tan poco. A lo mejor es porque entre bomberos no se pisan la manguera. De lo que si se habla, y mucho, es de violaciones de los derechos humanos. Cágate lorito.

Los derechos humanos arrojadizos de los demócratas blancos anglosajones y protestantes hay que respetarlos, joder. En eso consiste el derecho internacional. Lo demás es el caos y la anarquía.

La prensa facha acaba de descubrir que los reyes son los padres y que en China, sin pedir permiso, hacen con los uigures la mitad de la mitad de lo que hace John Wayne con negros, latinos o árabes. Intolerable.

El hecho palmario de que no les persiguen por su religión, el islam, es fácilmente demostrable, existen varias minorías islámicas más. Existe en la aborrecible dictadura china la libertad de culto; no se permite el proselitismo. Puede que tenga que ver con que los primeros evangelizadores eran jesuitas. El papa negro, el baranda de los de Loyola, humor fino, lleva décadas instalado en China. Con mil trescientos millones de potenciales clientes tampoco es raro.

Les persiguen, a los uigures por terroristas e independentistas. Me extraña porque eso no pasa en ningún lugar del mundo. También me extraña que se ignoren, como si no existieran, las víctimas. Dice el gobierno chino que doscientos atentados con más de 160 muertos o la presencia comprobada de uigures en Chechenia o en el fronterizo Afganistán junto a los talibanes no es un buen chiste. Pero claro, cómo vamos a comparar la credibilidad del gobierno chino con la del periódico que puso en su portada a toda plana “HA SIDO ETA” o la prensa internacional que ve en Bolivia un gobierno de transición.

La dictadura china persigue minorías. La democracia no, nunca, jamás, palabrita del niño Jesús. Lo de Bolivia, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Turquía, Israel, Afganistán, Irak o Libia, entre muchos otros, son bromas. Ya lo decía Gila, si no sabes aguantar una broma vete del pueblo.

Hace falta ser muy gilipollas para entender todo esto como una defensa de las dictaduras o como un ataque a la democracia. Es un intento, presuntamente vacilón, probablemente con poca gracia, de explicar que hace falta mucha soberbia para señalar con el dedo, carajo, con el armario lleno de muertos.

Si China es una dictadura, EEUU es la dictadura perfecta. ¿En qué consiste esa perfección?: En llamarlo democracia. No es maniqueísmo, no es antiamericanismo. Es una puta constatación.

Por cierto, si me pillan fumando el porro me empapelan. Los unos y los otros. Debo ser terrorista y narcotraficante. Menos mal que nos queda Portugal. Amén.

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