Sánchez, Iglesias, Junqueras, el saqueo y la correlación de debilidades

El Vaivén de Rafael Cid

Rafael Cid

El primero de julio de 2018 el Partido Popular de Mariano Rajoy era derrocado por una moción de censura armada a lomos de una sentencia de la Audiencia Nacional que condenaba a Génova 13 a una multa de 245.492 euros por beneficiarse a <<título lucrativo>> de las actividades delictivas de los exalcaldes de las localidades madrileñas de Majadahonda y Pozuelo. Un año y medio más tarde, el PSOE de Pedro Sánchez está apunto de formar un Gobierno <<rotundamente progresista>> con Unidas Podemos de Pablo Iglesias sobre la estela de la condena por saqueo de 680 millones de dinero público realizado durante una década de manera sistemática por la Junta de Andalucía a través de sus respectivos ex presidentes y de 19 altos cargos del organigrama institucional. ¡¡¡Cosas veredes!!

En política lo que no se entiende se sobreentiende. Es un juego que esconde la verdad a la gente para que los ejecutantes hagan de las suyas. Eso es lo que está ocurriendo aquí desde que se cerraron las urnas el 10-N y se vio que, lejos que mejorar, las posiciones del PSOE habían mermado. Y que, por tanto, las de Unidas Podemos, igualmente rebajadas en el escrutinio, habían aumentado proporcionalmente en posibilidades. Lo mismo que sucedió en el bando independista con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que se dejó 2 escaños en el alero. Fue entonces cuando Sánchez, Iglesias y Junqueras cayeron hacer de la necesidad virtud. Constaban una <<correlación de debilidades>>, pero por triplicado y de manera asimétrica. Aquel artilugio dialéctico ideado por el escritor Manuel Vázquez Montalbán para justificar el <<donde dije digo digo Diego>> de Felipe González y Santiago Carrillo sin caérseles la cara de vergüenza por consensuar la claudicación ante el tardofranquismo.

Lo primero fue negar la terca realidad. Por eso el vapuleado Pedro Sánchez salió al balcón de Ferraz invictus. <<El PSOE ha ganado por tercera vez las elecciones>>, manifestó ante sus hooligans allí convocados por el acarreo urgente de las atribuladas agrupaciones (computando como éxito electoral el de la moción de censura). Eran pocos, pero una buena escenografía, el ulular banderizo y sobre todo la transmisión al resto de las televisiones de la señal seleccionada por Ferraz hizo el milagro de formatear una percepción muy alejada de la cruda realidad. Iván Redondo, el alquimista de la general, había logrado refundir imagen y palabras sin solución de incredulidad.

Para entonces, en Moncloa y en el reducto más prosaico del presidente en funciones, ya se sabía que la sentencia de los ERE iba a ser dura y de difícil digestión. Posponerla a la consulta electoral, como se hizo con la postergación de los datos del paro a después del debate, era una prioridad. Era necesario evitar el efecto arrastre que podría suponer un descalabro de esa naturaleza en una circunscripción que a pesar de los últimos tropiezos sigue siendo la aldea gala del socialismo. Si en las autonómicas del 2018, el granero bético ya había dado muestras de flaquezas para solaz de un Vox pugnante, ir al 10-N con ese flanco dañado podría ser dramático (Andalucía aporta la quinta parte de los escaños del PSOE a nivel nacional). Incluso así los de Abascal, contra pronóstico del CIS de Tezanos, arrancaron 52 escaños en esos comicios. Tocaba tragarse el orgullo y decirle a Iglesias <<ahora sí quiero y no se hable más>>.

La firma del Pre-Acuerdo de los 10 puntos para un gobierno <<rotundamente progresista>>, sin opción a preguntas incómodas de los periodistas, era la señal de que la cohabitación antes anatemizada pasaba a ser un bien de primera necesidad. Ni vetos ni carajadas sobre falta de credenciales democráticas del oponente, o pesadillas nocturnas por comulgar con ministros sin experiencia y rojos. Nunca un silencio concertado en Do-Re-Mi-Fa-Sol-La-Si había reflejado tan canallescamente la venalidad de los liderazgos. Necios en la conspiración, ya solo quedaba que cada uno hiciera su papelón cuando estallara el ding-dong de los ERE. Sánchez y su séquito se lo quietaron de encima como cual mosca cojonera; Iglesias se limitó a endosarlo en el haber del bipartidismo declinante (se supone que gracias a su asaltar los cielos con <<perseverancia>>); y hubo un colectivo heterónimo y heterogéneo de 140 abajofirmantes que compareció para reafirmar <<la honradez y honestidad de Pepe y Manolo>> (en alusión al saqueo estructural de dinero público por el que han sido condenados Griñán y Chaves). Núcleo de fidelidad al socialismo rociero entre los que, entre otros heraldos de la notoriedad, figuraba el periodista Juan Cruz, adjunto a la dirección del diario El País. El autodenominado <<periódico global>> que, con el fallo de los ERE en la casilla de salida, levitaba la presunción de inocencia hasta el extremo de publicar un artículo a cuatro manos de José Antonio Griñán donde podían leerse perlas como esta:<<No hay mayor ruina económica para un país que despreciar las leyes, hasta llegar a incumplirlas, sin antes sustituirlas o desacreditar las instituciones>> (Hablar de política y no de políticos. Marcos Peña y Juan Antonio Griñán. Viernes 4 de octubre de 2019).

Ningún ejercicio de autocensura o crítica hubo por el colosal desfalco perpetrado durante una década desde las más altas instituciones de los Gobiernos de la Junta de Andalucía a sabiendas, con sus dos expresidentes de cuerpo presente. El mantra era que <<Pepe y Luis>> no se habían llevado una peseta, aunque el extenso auto de la Audiencia sevillana dejaba claro que los delitos de <<prevaricación y malversación de fondos públicos>> allí reseñados sirvieron como abrevadero para familiares, amigos, afiliados, allegados, militantes y simpatizantes. Una red clientelar para perseverar en el monopolio del poder otra larga temporada con la inmaculada probidad de no haberse llevado un duro más que los 680 millones de euros deslocalizados. Una versión caricaturesca de aquella legendaria escena de El Padrino en que Vito Corleone susurra a su próxima víctima: <<no es nada personal>>.

Pero igual que en la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy, el ser o no ser de la nueva singladura pasa hoy por el nihil obstat del presidente de ERC, el muy honorable Oriol Junqueras. Solo que ahora había que venderse caro para que la apuesta funcionara en prospectiva. Tres en raya pero sin pasarse en los guiños. El aterrizaje suave requería hoy un nuevo punto de inflexión, el que marcaba otro pacto, el de Pedralbes firmado el 20 de diciembre de 2018, cuando Sánchez quería hacer como si no hubiera consensuado con el PP la aplicación del mazazo del 155. En realidad, un folio en papel barba con cuatro anodinos párrafos donde lo único que quedada claro era la mutua voluntad de diálogo. Lo mismo que consta en el penúltimo apartado del Pre-Acuerdo para un gobierno <<rotundamente progresista>> con la señora Nadia Calviño al frente de la partida de los cuartos. El compromiso de buscar <<fórmulas de entendimiento y encuentro, siempre dentro de la Constitución>>.

En realidad, ese <<siempre dentro de la Constitución>>, que no se mienta en el texto de Pedralbes, era tanto como pretender soplar y sorber al mismo tiempo. Manca fineza. Y en eso apareció la consulta de ERC a sus bases. Un gesto de radicalidad democrática que en realidad envolvía un trampantojos para obtener los resultados previamente buscados por los tres tenores. Mera profecía autocumplida que requería de una brillante pirotecnia para hacerse fascinante realidad virtual. La pócima redentora llegó de la consigna <<OTAN, de entrada no>> con que el felipismo cocinó su campaña para seguir en la Alianza Atlántica sin que se transparentaran sus verdaderas intenciones. Con ese espíritu espurio se ha diseñado el texto y el pretexto que será expuesto al veredicto de la militancia de ERC: <<Está de acuerdo con rechazar la investidura de Pedro Sánchez si previamente no hay acuerdo para abordar el conflicto político con el Estado a través de una mesa de negociación?>> Tautología para principiantes, y sin necesidad de que Sánchez coja el teléfono al presidente de la Generalitat, Quim Torra. La técnica del sacacorchos. Un mete-saca cabal para que todo siga igual con el disimulo y la tranquilidad de haber obrado en conciencia. O sea, <<siempre dentro de la Constitución>>. La experiencia reciente nos dice que en la política partidaria <<no es no>> puede ser el camino más corto entre <<después>> y <<cuando me dé la gana>>.

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