La central nuclear de Cofrentes y el (poco) empleo

Artículos Perecederos.

Antonio Pérez Collado.

No puede decirse que València sea afortunada por contar con una central nuclear a unos 65 km. en línea recta y en una zona con riesgo sísmico, un volcán apagado y la posibilidad de inundación por alguna riada. A pesar de reunir todas estas peligrosas circunstancias Cofrentes fue el lugar elegido en los años ´70 para albergar un reactor de agua en ebullición (el sistema que más disgustos nos ha dado ya) y desde finales de 1984 la central ha venido funcionando, no sin sus más que ocasionales paradas e incidencias por averías y fallos en los sistemas.

Aunque llevamos 35 años expuestos a la posibilidad de un accidente más grave, lo cierto es que hemos tenido más de suerte que las poblaciones cercanas a Harrisburg (1979), Chernobyl (1986) o Fukushima (2011) donde sendas centrales, tan limpias y seguras como la de aquí, han originado fugas radioactivas que han contaminado a miles de personas, en muchos casos condenadas a una muerte lenta pero segura.

Las experiencias que ya ha vivido la humanidad dejan pocos argumentos a favor de la energía nuclear, sobre todo cuando sabemos que hay alternativas a ese modelo, y a pesar de que las energías renovables no reciben las mismas inversiones que la atómica. En España la nuclear cubre el 21% del consumo eléctrico y Cofrentes apenas aporta el 5% de las actuales necesidades del mercado; algo totalmente sustituible por la procedente de fuentes limpias.

No es extraño, por tanto, que la mayoría de países avanzados estén dando un frenazo a la construcción de nuevos reactores o, incluso, los haya (Suecia, Alemania, Bélgica, Italia, Suiza, etc.) que han cerrado este peligroso sector o tienen planes para realizarlo en los próximos años. España en esto de procurar la seguridad y la salud de la ciudadanía tampoco va a la cabeza de Europa, pues aunque ya ha cerrado tres centrales (por su alta peligrosidad o por bajo rendimiento) aún mantiene otros siete reactores activos.

Y no es sólo que quieran agotar los permisos de explotación o la vida útil de cada instalación; no, es que el gobierno socialista ya ha llegado a un acuerdo con las empresas correspondientes para prolongar la explotación de las nucleares hasta la fecha tope de 2035, lo que supone prorrogar en otros 17 años el período de funcionamiento que los fabricantes de los reactores consideraban razonable.

En el caso de la C. N. de Cofrentes, que agota su permiso de funcionamiento en marzo de 2021, la prolongación autorizada supone mantenerla en activo hasta el año 2033. Es evidente que esta decisión política supone ignorar los riesgos que representa y despreciar las opiniones de los grupos ecologistas y los expertos que aconsejan cumplir con la fecha prevista para el cierre. La única explicación es que las eléctricas, a las que ya hemos pagado millones de euros por el parón del programa nuclear, todavía reciban el regalo de seguir sumando años de ganancias después de que las centrales estén ampliamente amortizadas.

En este y otros casos de industrias peligrosas o contaminantes el único argumento que se esgrime para convencer a la población es el de la defensa del empleo, algo que tampoco se sostiene cuando te lo dicen gobiernos y empresas que han tomado decisiones con las que se han destruido cientos de miles de puestos de trabajo: reconversión industrial, privatizaciones, reducciones de plantillas en Renfe, Telefónica, Iberdrola, Correos, banca, automoción, etc.

Volviendo a centrarnos en el caso de Cofrentes, conviene aclarar que su cierre, desmantelamiento y sellado garantizaría el empleo a la plantilla actual durante los años que les faltan para la jubilación, además de crearse centenares de nuevos empleos durante ese período. Tampoco hay que olvidar que la incidencia de la nuclear en el empleo de la comarca ha sido mínima. Si miramos los datos demográficos comprobaremos que la población de la villa de Cofrentes apenas ha aumentado en 170 habitantes entre 1990 y 2017, pero es que si comparamos los padrones del Valle de Ayora-Cofrentes lo que vemos es que la población total ha bajado en más de mil personas en ese mismo período.

No nos cabe duda de que una apuesta por sectores menos peligros que el nuclear habrían mantenido mejor la población y el empleo, la vida en suma, de esta comarca valenciana. La zona tiene muchas posibilidades si se potencian actividades como la apicultura, la agricultura ecológica, la artesanía, el pastoreo, el turismo responsable, la gastronomía, etc. pero esa apuesta por lo natural y sano es incompatible con el funcionamiento de un nuclear a escasos kilómetros.

Antonio Pérez Collado
Plataforma Tanquem Cofents
Publicado en Cartelera Turia el 08-11-19

Un comentario en “La central nuclear de Cofrentes y el (poco) empleo

  • el 19 noviembre 2019 a las 14:45
    Permalink

    Un ácrata en camiseta inspirado en la filosofía del erudito cagallero de la Tenaza

    A la gente no hay que convencerla de nada. Ya está convencida, si no, de qué se mantiene más de cuarenta años mamando retóricas infumables. Pongamos por caso el gran problema que sufren los «murcianos» con su Manga del mar Menor. Pero qué es lo que quieren estos tíos mangantes de la Manga del Mar Menor. Es que no sabían que sus prácticas con el medio no causarían graves problemas contra ellos mismos. Y ahora se quejan y lloriquean pidiendo «ayudas». Ayudas de quién y Para qué (?).
    Cofrentes y el valle que le da nombre sufre, salvando alguna diferencia de matiz del mismo mal y de la misma patología que el mar Menor. Huelga decir lo mismo de la Albufera de Valencia, El coto de Doñana, o de la junta de Andalucía.

    Y una última observación; Cómo se van a dedicar a la apicultura, a laborar la tierra en un régimen alternativo al uso, o a crear pequeñas empresas en régimen de cooperativa que de vida y pulso a pueblos y espacios rurales. No creo en tales cosas por una razón muy sencilla. Para llevar a cabo un proyecto de tales características hace falta mucha voluntad y mucha capacidad de trabajo amigo Antonio y de eso precisamente la gente carece, sustituyéndolo por un discurso fácil que satisface sus malas conciencias.
    Nos veremos en el Infierno.

    Emili Justicia

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