Como polillas alrededor de una bombilla

El Vaivén de Rafael Cid

“El cambio climático es la Tercera Guerra Mundial”
(Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía).

“No hagáis guerras, solo las ganan los ricos”
(Rafael Gómez, el único superviviente de La Nueve).

Rafael Cid

Hoy el neoliberalismo económico es global, absoluto y determinante. No hay otro sistema-mundo habitado. De norte a sur, de este a oeste, se mire por donde se mire y cómo se mire. Desde esa constatación, por primera vez en la historia contemporánea, tiene escaso sentido hablar en términos bipolares, restrictivos, reduccionistas. No hay una alternativa válida en razón exclusiva de la ideología. No cabe ni derecha ni izquierda, propiamente dichas: no nos representan. Lo único sostenible es la democracia postcapitalista. Democracia, porque solo el autogobierno del pueblo (horizontal, confederal y de abajo-arriba) garantiza derechos y libertades reales para todos, y postcapitalista, porque es inaceptable que el efecto hipnótico de las innovaciones técnico-científicas sirva para justificar un modelo productivo que nos aboca sin opción a la expoliación de la naturaleza y la dominación humana.

Basta echar una mirada a nuestro alrededor para comprobar dónde deben situarse las prioridades ya inaplazables ante el Armagedón en ciernes. Los pavorosos incendio de Siberia, la Amazonia, Bolivia (medio millón de hectáreas arrasadas) y la isla de Gran Canaria; el calentamiento global desatado que ha dejado el mes de julio más tórrido desde que existen registros en 1880; la vuelta a la terrorista carrera armamentista entre superpotencias con capacidad de aniquilación de la especie; o el éxodo de sociedades enteras para zafarse de la miseria, la hambruna y la opresión.

Todos estos episodios lúgubres muestran que las energías de la política ciudadana del momento presente deben ir dirigidas sin mayor demora a frenar y evitar el colapso medioambiental; hacer que la paz universal adquiera valor existencial para el conjunto de los gobiernos; y comprometernos para erradicar las desigualdades haciendo que en lo sucesivo nadie carezca de lo necesario. Entretenernos en polémicas estériles es una temeridad suicida ante el avance de la emergencia antropocéntrica. Porque cuando estas dinámicas letales nos alcancen no distinguirán entre derechas e izquierdas.

Esa es la tarea de muchas generaciones sucesivas que deben empezar las actuales vivientes. Pero al mismo tiempo se antoja música celestial. Un ejercicio de vana retórica en las actuales circunstancias. Un sermón más, cargado de buenas intenciones. Aunque recurramos a todas las argucias de la razón para despertar conciencias. Desde el imperativo categórico de Kant (“actúa según la regla que cada uno podría desear que se convierta en ley universal”), el principio de responsabilidad de Hans Jonas (“obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la tierra”) o su recepción en Gandhi (“sé el cambio que quieres ver el mundo”), todo son palabras que se las lleva el viento de persistir en el “y tú más” fratricida con que nos tienen enardecidos los Estados y sus instituciones. Una pulsión pavloviana que nos configura como bloques incompatibles. Aunque la esperanza sea cada vez más difícil de sostener, el pensar global y el actuar local (glocalización) puede ser el primer paso del largo camino hacia la superación del actual estado partidista y maniqueo de las personas y las cosas. Lo dejó escrito con mayor autoridad el siempre indispensable Miguel Torga: “la universal es lo local sin muros”. Lo personal es político.

Muestras nunca faltan. Estos días la prensa traía el caso ejemplar de la ingeniera británica Alexandra Jellicoe. Una experta en ciencias ambientales que ha tomado la inusual decisión de no viajar nunca más en avión debido a la gran cantidad de emisiones nocivas que producen en su masivo pulular celeste. Algo que sin duda alguna significará un enorme hándicap para el desarrollo de sus actividades profesionales. Lo fácil, pero igualmente estúpido, es mantener la confrontación entre personas, religiones, ideologías o pueblos prima facie, ahondando el lado oscuro de unas diferencias que por su pluralidad constituyen nuestra mayor riqueza. Afortunadamente ya empiezan a oírse voces autorizadas que nos convocan a superar la dogmática izquierda-derecha para encarar transversalmente los graves problemas que tiene ante sí la humanidad toda. En esta línea va el artículo de Andrés Kogan, “La superación de las izquierdas ante el inminente colapso planetario”, publicado al hilo de lo planteado en el último Foro de Sao Paulo realizado en Venezuela. Denuncia su autor que insistir en esa lógica instrumental maniquea es una manera de reproducir un <discurso estadocéntrico, que como se ha visto con los gobiernos progresistas, no ha hecho más que construir dinámicas clientelares, autoritarias y corruptas>>. <<La colonización ideológica –sostiene- por tanto ha sido una constante en nuestros territorios, despojados históricamente tanto por derecha como por izquierda, ya sea en nombre de la sociedad sin clases desde el marxismo, la defensa de la nación y familia desde el conservadurismo, la libertad individual desde el liberalismo y la desregulación de los mercados desde el neoliberalismo>>.

Esa obsesión banderiza a la que nos subordinan Estados, Iglesias y Partidos para garantizarse la supervivencia en la competencia del “nosotros y ellos”, retroalimentando sus identidades, está cocinada con fake news y postverdades. Basta echar un vistazo a lo que ocurre en estos momentos en nuestro entorno ideológico más próximo. La derechona desenfunda su atávico arsenal con ánimo ofensivo frente a “rojos” y “herederos de los terroristas” para que sus huestes embistan contra lo que solo son posiciones políticas reguladas en el juego democrático, y la izquierda, mimética en su furor institucional, emprende otro tanto con sus adversarios llamando a la “alerta antifascista” y tildando de “nazis” a los ultraespañolistas que acaban de acceder a cargos en la Administración del Estado por el voto de los ciudadanos (aunque, sin embargo, la misma izquierda consistió cuando sus colegas de Syriza formaron Gobierno con la extrema derecha griega). Una compulsión inquisitorial que luego complementan sus correspondientes terminales mediáticas, recreando un escenario que sirva para validar su negociado común. La Razón, ABC y El Mundo, en el bando de los “patriotas”, y El País liderando a los “progresistas”.

El pasado 2 de agosto, este último periódico se superó en su afán de criminalizar al por tantos motivos bochornoso Vox recurriendo a una fake news que debería figurar como ejemplo de manipulación supina en los estudios de periodismo. Destacaba en su portada en tipografía rotunda: <<Ayuso presidirá Madrid tras asumir Ciudadanos las exigencias de Vox>>. Encabezado que se explicitaba en un artículo anexo de la página 13, párrafo quinto, donde se añadía. <<Díaz Ayuso y su segundo, Ignacio Aguado, líder de Cs en la región, han acatado, entre otras, la propuesta de Vox de derogar artículos de la ley LGTBI y de limitar los derechos de los inmigrantes en situación irregular>>. No obstante, en la información específica sobre el pacto de marras en la CAM, de la enfrentada página 12, “Las tres derechas cierran su último pacto y copan el poder en Madrid”, cuarto párrafo, afirmaba todo lo contario: <<El partido de Santiago Abascal deja de reclamar que se reduzca en número de consejerías […]; que se deroguen artículos de las leyes LGTBI regionales; que se traslade a sus países de origen la factura sanitaria originada por atender a sus nacionales en situación irregular y que se trabaje para repatriar a los menores migrantes no acompañados que han llegado a Madrid. También renuncia a entrar en el Gobierno regional y en los entes públicos>>. ¿Remedo nostálgico de aquel “contra Franco luchábamos mejor”? Los hechos son tozudos. Lo cierto y verdad no era lo que predicaba la primera de El PAÍS y replicaba la página 13, sino lo contrario. Por cierto, otro medio “progresista”, el digital eldiario.es, días después informaba verazmente que el colectivo integrista católico de <<Hazte Oír rompe con Vox por suavizar su discurso anti LGTBI en los acuerdos con el PP y Ciudadanos>>.

Una prueba de que el troquel izquierda-derecha, aquí y ahora, tiene mucho de impostura está en el distinto pero no distante rasero ético con que administran y retroalimentan sus respectivas querencias. Basta ver que el mismo esquema simulacro que utilizan las dos izquierdas (PSOE y Unidas Podemos) para airear la promiscuidad de PP y Ciudadanos con los bizarros chicos de Vox (“herederos del franquismo”, cosa cierta por los demás), es el que emplean con similar fruición las tres derechas (PP, C´s y Vox) respecto a sus contrincantes en el también proceloso caso del pacto con Bildu (“herederos de los etarras”) en la Comunidad Foral de Navarra. Gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones. Pirotecnia para crédulos. En las cosas de calado real derechas e izquierdas saben entenderse a las mil maravillas al margen de sus ideologías. La prueba paradigmática la tenemos en la votación “todos para uno y uno para todos” (PP, PSOE, Ciudadanos, Más Madrid y Vox) a favor de la Operación Chamartín, el mayor negocio inmobiliario y urbanístico de toda Europa. La cesión de una gran extensión de suelo público de primer nivel en Madrid a precio de amiguetes para beneficio de grandes constructoras y bancos, con el visto bueno de todas las instituciones competentes (Ministerio Fomento, Comunidad de Madrid y Ayuntamiento). Un cambalache que recuerda a aquel otro pacto contra natura entre Partido Popular e Izquierda Unida a favor de la recalificación de la Ciudad Deportiva del Real Madrid ( más de 83.000 millones de ingresos) en el pleno del ayuntamiento de 25 de octubre de 2001, siendo presidente de la “Casa Blanca” Florentino Pérez. La novedad entonces fue que el grupo municipal socialista votó en contra, mientras las direcciones de CCOO y UGT presionaron por el multimillonario dueño de la constructora ACS y la cúpula de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos (FRAV), tradicionalmente en la órbita del PCE, dejaba hacer. Por su parte, lo singular hoy ha sido que la fabulosa Operación Chamartín representó el bautismo político de Íñigo Errejón, un ilustre abanderado de la regeneración contra el imperio de la casta. Durante la Transición a ese amancebamiento se le llamó “consenso”, luego tomó el nombre de “Pactos de Estado” y “tangentópolis”. Tutti contenti.

Seguimos ciegamente disciplinados a esa contienda de pensamiento único pendular izquierda-derecha como si hubiera un Jordán seráfico que delimitara el mundo y la vida entre aptos e ineptos, virtuosos y villanos, sin más matices ni reflexión, anclados en el pesebre mental del imaginario establecido. De continuar en tal guisa estamos abocados a la satelización que sufren las polillas alrededor de la bombilla hasta morir abrasadas por su astro sol. La política de bloques, a nivel nacional e internacional, deja de tener sentido cuando hay un único bloque hegemónico: el del ecocidio, la xenofobia, el belicismo y el austericidio. Aunque muchos aún porfíen, cual Sísifo, en que lo sustantivo pasa por “darles una patada en nuestro propio culo”, la circularidad sectaria y competitiva del vaivén acción-reacción ceba el sistema por encima de las apariencias.

Concluyendo. Lo único cierto, común, evidente y universal de la geopolítica vigente es que las armas de destrucción masiva (contra la población civil) de todo tipo (nucleares, químicas, bacteriológicas), financiadas con nuestros impuestos (su monto global permitiría acabar con los innumerables estados carenciales de la gente a nivel mundial); la tolerancia e inacción ante el voraz cambio climático para preservar la escalada técnico-científica del desarrollo productivo-extractivo monopolista; y la denegación del derecho de auxilio a colectivos y personas en situación de grave emergencia social, son atentados de lesa humanidad perpetrados por los Estados contra sus ciudadanías. El imperativo moral del siglo XXI exige que cualquier alternativa concluyente pase por una disidencia generalizada que hermane a todos los pueblos contra las nuevas formas de barbarie distópicas que amenazan la vida en el planeta. Mañana puede ser demasiado tarde.

Si alguna nostalgia extraigo todavía del 15-M, tiene que ver con su orgullosa capacidad para insuflar indignación entre amplias capas sociales ante la aberrante realidad que nos embarga.

(Nota. Este artículo se ha publicado en el número de Octubre de Rojo y Negro)

Un comentario en “Como polillas alrededor de una bombilla

  • el 13 octubre 2019 a las 21:06
    Permalink

    Un ácrata en camiseta

    Nunca las organizaciones políticas y supuestamente sociales han tenido tanto crédito como el que tienen en estas calendas. Jamás se vio tanto sectarismo y ansias de poder en estos grupos criminales. El hábito no hace al monje, del mismo modo que la camisa de seda de Cachemira o el traje- sastre hace pasar al político por hombre de bien por mucho que se envaine en ropas principales. Mas bien son todo lo contrario, sobre todo cuando se juntan en recuas de truhanes y fulleros y se trasmutan en un peligro objetivo para aquellas gentes de bien, máxime si hay credulidad ingenua, haciendo que estos fulanos o fulanas sienten cátedra de pestilencia ideológica.
    Tiene razón sobrada Rafael Cid en su «Vaivén», pero sólo falta un detalle de bulto, quién va a ser el que le ponga el cascabel al gato. Además; ayer ya era demasiado tarde…

    Emili Justicia

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