Del Nobel de la Paz al terrorismo de Estado: ¡si se puede!

El Vaivén de Rafael Cid

Rafael Cid
Rafael Cid

¿Qué diferencia hay entre Bush y Obama? Que Barack Obama tiene el Premio Nobel de la Paz. Porque por todo lo demás, excluida la pasión del tejano por las generosas libaciones, las distancias iniciales se han acortado como rectas paralelas que confluyen en el cadalso del terrorismo de Estado. Y si es por guerras, todas las iniciadas por el anterior inquilino de la Casa Blanca, Obama las ha mantenido y aumentado. Irak, Afganistán, Libia y la caza al terrorista en busca del aplauso de la América profunda por esa proclamada , son ya muescas en el caché del político democrático que llegó a la presidencia de Estados Unidos prometiendo una nueva era. ¡Yes we can!

La realidad del Poder es como una úlcera sangrante. Una patología muy común que pervierte todo lo que toca y suele anular al ser humano que en algún momento el político lleva dentro. Lo dijo espléndidamente Lord Acton con una expresión que pocas veces se recoge en su integridad: El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente, por eso la mayoría de los políticos son malas personas. Aquellas promesas, bonitas palabras, propaganda para novicios, se han quedado en nada porque nada y sólo nada cabe sin cuestionar las sagradas reglas del sistema.

Hoy ya sabemos que aquél pimpante ¡yes we can! (¡si se puede!) significa una vez más que el fin justifica los medios: vulneración de los derechos humanos, aplicación de la tortura, asesinato legal, cárceles secretas (checas) y gulags extraterritoriales tipo Guantánamo, vuelos de la muerte, etc. Todo por la patria, como en los cuarteles de la guardia civil. La cultura de la violencia imperial, la fuerza bruta, la impunidad ante la agresión, crímenes a crédito, injerencias humanitarias, caza de brujas y muchas más cosas que desconocemos pero intuimos cuando revisamos las biografías de todo a cien de los grandes líderes. Lo hemos visto en la vida real, con tipos como Putin, ufanándose de sus éxitos contra los terroristas chechenos, y en la ficción, en películas-verité como Apocalipyse Now.

Es el golpe de Estado permanente que desde los inicios del complejo militar-industrial se está perpetrando contra sociedades formalmente democráticas. Una suerte de totalitarismo invertido ya denunciado con enorme lucidez por el politólogo estadounidense Sheldon S. Wolin en su libro Democracia S.A., que se incuba sobre la placenta de una supuesta democracia fuerte cuando el híbrido político formado por el poder económico y el poder del Estado se han asociado y quedado fuera de control.

La justicia del degüello que Barack Obama acaba de reivindicar como seña de identidad del pueblo americano se llama incursionar militarmente en un país aliado, asesinar a un enemigo indefenso y a su mujer delante de su hija de 12 años y tirar sus restos al fondo del mar para lograr un subidón popular en las encuestas que le permita reinventarse en el poder. Como el GAL y las cinematográficas razias del Mossad y sus chacales. Un verdadero peligro público por venir precisamente de aquellos que dicen representar el lado democrático de la civilización occidental. También la Alemania de Hitler era la sociedad más culta de su época.

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