Ultramarinos: Imperios, patrias grandes, pequeñas, sopa y corbatas

Desde la franja de Mieres. Abel Ortiz

Amanece al este, por ahora en el Esequibo, un arroyito pozuelón de mil kilómetros, que no es poco.
Al oeste, colombian border, relaxing cup of cafe con leche, un crepuscular Vargas Llosa, el idiota latinoaméricano por antonomasia, a dos minutos de secarse, pone prosa elegante a la invasión.
El caso, por abreviar, que ya me canso, es que el emperador dorado, a la vez que transporta el cuajo en carretilla, lo que dificulta sus andares, amenaza a Venezuela con marines hispanos, mercenarios brasileños, opusdeistas chilenos y mafiosos colombianos. Por compromisos previos en Irán no puede asistir al fiestón y se disculpa en instagram, la tuna de derecho constitucional de la Universidad Rey Juán Carlos. Viva el rey, viva el vino, viva Honduras, viva la virgen de Nagasaki.

La cosa, por concretar, es inexplicable. Un tarado asume el mando del mayor ejército del mundo, no es la primera vez, y convierte a los EEUU, again, en un estado macarra. Libertad y democracia, palabras con salsa barbacoa, no se le caen de la boca; Libertad fried chicken, democracia maiamera.

Las almadrabas sociales cumplen su función de pescar pardillos-tenca al por mayor. Diseminan paparruchas de fragmentación, burundanga en doscientos idiomas para que la desencantada civilización de las pantallas tenga tema de conversación. El chandal.

El chandal tricolor de la revolución bolivariana no lo diseñó Hugo Boss, como los uniformes de las SS o esas marcas que llevan ahora los maulas con chaleco porque les hace efecto Sprite en el bullarengue. Para los runners fosforito-humanitarios un error estético es imperdonable, todavía hay clases, un color inadecuado puede ser mortal. Las corbatas de Duque, o de Uribe, sin embargo o con embargo, les encantan. Para gustos, las corbatas.

A los cazadores como dios manda, de toda la vida, esos que llegan al monte disfrazados de paramilitares pidiendo comisión y volquete de putas, milana bonita, lo que más les gusta es cazar rojos.
No son para comer, luego los entierran en las cunetas y se les olvida. Los toros no, eso es sagrado. Ah, la tauromaquía, el escalafón, la muerte, los huevos apretaos en la taleguilla. Tardes de gloria en la plaza de Badajoz. Sus temas favoritos.

En Venezuela hay hambruna, asesinatos, secuestros, violaciones, ejecuciones masivas, hordas de zombis, armas de destrucción más o menos masiva, etarras biónicos, lluvia de meteoritos contagiosos, ébola, diarreas de la muerte, droga caducada, terrorismo infantil y pederastia institucional. Algo habrá que hacer.

Donald pone un tuit con el dedo gordo y la lengua fuera de medio lao. Alabado sea el señor. Tranquilos todos; Estamos trabajando en ello. Keep cool, boy…

Apocalipsis; Fin de la historia.Volvemos después de la publicidad. Después de la publicidad no hay nada. Antes tampoco.

En la selva se escuchan tiros; armas de pobres. El grito del latino que lleva, al puente de Las Tienditas, la Bersuit Vergarabat. En el otro puente José Luís Rodríguez, Zapatero no, el Puma.. Acabáramos. ¿Por qué tanto odio?

Un comentario en “Ultramarinos: Imperios, patrias grandes, pequeñas, sopa y corbatas

  • el 12 marzo 2019 a las 15:24
    Permalink

    Un ácrata en camiseta

    No es odio, no. Es vilis el ver que el precio de esta interesada beligerancia de los del Norte, los Uropeos y los muertos de hambre de un poco más abajo, sea sé Colombia y samberos, dejan a los habitantes venezolanos al pié de los caballos, ( por ser fino) en lenguaje llano están estos como puta por rastrojo.
    ¡ Viva el pretóleo, los pretoléros y los honorarios de quienes de ello viven como Dios! Qué asco y que desprecio.

    Emili Justicia

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