El curita y la alcaldesa; tenemos un marrón

francisco_camps_rita_barberaAbel Ortiz

Siguiendo el rastro de la arcana norma energética a la que rimara Valle unas prosas de apologética, y las luces de los puticlubs con aparcamiento para mil coches, se observa el hormigueante ir y venir de los billetes manchados de polvo, sudor y babas.

En las cuentas bancarias los ceros aumentan y viajan; Las Barbados, Gibraltar, Suiza, Uruguay, Panamá. Las centrifugadoras yiran, yiran. Otra urbanización milagro. Otro centro comercial imprescindible. Otras dieciséis rotondas sobre las dieciséis recién acabadas. La maqueta de un aeropuerto a tamaño real.

Convertir la basura en montañas de dinero para los chicos listos es una práctica muy extendida en el Mediterráneo. El sur de Italia, un enorme estercolero donde se amontona la mierda tóxica del norte opulento, el paraíso de las familias mafiosas, exporta su modelo de negocio. Grandes beneficios.

En esto, Ecclestone, conocido filántropo, avisa de que sólo si el papa Ratzinger gana las elecciones a la Generalitat tendrá Valencia un oceanográfico, y que tras el advenimiento del Santo Camps en cuerpo triste, habrá circuito urbano para los barcos de la copa América. Acabará ganando Calatrava en tres sets. Una constructora de Castilla, como es natural, pone el equipo de sonido. A Alvarito no le cabe un piñón por el fitur.

El mercado naranja se sale. Costa encarga el Infiniti. En Canal Nou reponen fallas y procesiones. En el Cabanyal la resistencia aguanta el tirón, los porrazos y las visitas al barrio de Barberá. Expertos juristas asesoran a las constructoras, a los contables, a los cargos del partido. Se prepara el burbujazo.

Cuando el corralito acorraló a la ya vampirizada Argentina los europeos sonrieron de medio lado. Nada parecido nos ocurrirá a nosotros. Eso son cosas del tango, la milonga, el candombe y la murga. Los ríos de mierda de Avellaneda nunca llegarán a las puertas de nuestras casas de última generación. El detective Gálvez no lo tiene tan claro.

Las escuchas telefónicas, the wire, dejan perplejo al inspector de policía. Dos breves anotaciones en el cuaderno de hule. Cuando el juez oiga esto se rila. Cotino se va a enfadar.

(continuará)

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