La inefable felicidad del president

francisco_camps_rita_barberaAbel Ortiz

«Puedo decir que hice todo aquello que correspondía a un demócrata para que el presidente del Gobierno dejara de serlo. Hice lo que estuvo en mi mano para que la Comunidad Valenciana se convirtiera, pese a él, en un territorio de modernidad y futuro, denunciando las malas artes y malas políticas de una mala persona que se llama Zapatero”.

El señor Camps está contento. Tanto, o más, que cuando le llaman a declarar y tiene un mano a mano, propio o impropio, con sus amigos jueces, sastres, constructores u organizadores de campañas. Su vida es un jolgorio, toda felicidad, plenitud e iluminación. El buda de Borbotó tiene un secreto para mantenerse fuera del mundanal jaleo; ver solo canal nou. A través de la televisión el president se escucha a sí mismo y entra en trance. Una vez en ese estado de nirvana llama a Cotino, Pujalte y Trillo y organizan un retiro espiritual para hacer vudú a Zapatero y una güija electoral.

Conclusión: Forzado, desde Valencia, por las oraciones fervorosas del president a la Geperudeta, Zapatero anuncia que no se presenta a la reelección en 2012. Milagro.

Al señor Camps ya le enseñaron los jesuitas, hace años, a explicar las cosas al revés. Quiere decir que si definitivamente no hay anticipadas, a la basura miles de horas de racarraca, y Zapatero termina la legislatura, lo que parece más que probable, tiene un año más garantizada su felicidad. Y tanta felicidad no puede ser buena.

Francisco Camps, a quien tan desconsideradamente llamaban sus amigos “el curita”, ha demostrado, efectivamente, madera de mártir. No solo le persiguen las brigadas del amanecer sino que el mismísimo maligno se interpone entre él y su legítimo sueño de convertir Valencia en un paraíso. Con barracones en los colegios, pero paraíso al fin y al cabo. ¿Qué son el cohecho, la prevaricación, la falsedad en documento público, o la financiación irregular sino pecados menores que no ensombrecen la magna tarea de construir un dique de hormigón hipotecario para librar a valencianos y valencianas de un inminente Tsunami en el Mediterráneo? ¿Cuándo alabaremos como se merecen a Zaplana por haber sido el profeta visionario que construyó de la nada una Terra Mítica envidiada por todas las culturas del orbe y a Camps por haber conseguido construir un circuito de formula uno con decorados de Calatrava donde antes había una ciudad? Preguntas sin respuesta. Material para Iker Jiménez.

Si Zapatero, como asegura el president, es mala persona, de malas artes y malas políticas, y no tiene asuntos en el juzgado y Camps es buena persona, de buenas artes y buenas políticas y le persiguen los
tribunales, la fiscalía anticorrupción y los informes policiales, estamos en un sindios. Y eso, si alguien puede arreglarlo, es Alvarito. Perdón, quería decir Camps.

Cuando el consorte legítimo de la farmacéutica ahorradora aplaude que el presidente Zapatero deje de serlo, aplaude al futuro, como quien aplaude la liga que ganará el Valencia en el año 2014, o los aviones que volarán
a Castelló cuando se inauguren los juegos olímpicos de Benicássim.

Sabe que, reelegido o no, un año es tiempo suficiente para que los enviados del diablo, transmutados en jueces, lo condenen a la hoguera. Y eso, como es natural, le produce un placer indefinible, un gozo místico. Una vez más podremos disfrutar del espectáculo combinado de altura y grandeza al que nos tiene acostumbrados el president cuando hace el paseíllo por los juzgados. Y no tiene precio.

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