ZP con su Botín a cuestas

Rafael Cid
Rafael Cid

El Vaivén de Rafael Cid

España es diferente porque los españoles somos indiferentes. Mientras en los restantes países sometidos a la brutal purga que los mercados decretan a sus dóciles gobiernos las gentes se echan a la calle para decir alto y claro “no a los recortes sociales” -caso de Grecia primero y luego y sucesivamente de Irlanda, Portugal y Reino Unido-, aquí no sólo mandan los de siempre sino que el propio presidente del gobierno Rodríguez Zapatero busca hacerse la foto-poster con los magnates que le dictan la hoja de ruta que más conviene a sus negocios.

Ya ocurrió hace semanas con el famoso encuentro del Rey con el clan de los poderosos que le entregó un memorándum para “regenerar España”. Un conciliábulo de notables que dio lugar acto seguido a una ristra de entrevistas de Moncloa con nuestros oligarcas. Hablamos de los dueños de esas empresas que al mismo tiempo que destruyen empleo a mansalva aumentan sus beneficios, quizás porque una cosa lleva a la otra. O sea, tenemos un gobierno corporativo, que se expresa a través de una bicefalia, la que forman Zapatero y Botín, franquicia y franquiciado. Y eso sí que es friki y hasta locoide.

Claro que con todo, sólo sería una nota de color, como el rojo tiburón de los tirantes que luce el presidente del Banco Santander, si no tuviera consecuencias dolorosas para los ciudadanos. La experiencia nos indica que el ejecutivo está haciendo más caso a las peroratas, vulgo mandatos, de la gran banca que a las justas demandas de los ciudadanos. Es cierto, en descargo de la casta financiera, que esta pinza ha sido bendecida en sus puntos cardinales por las cúpulas de CCOO y UGT, los señores del novísimo sindicalismo vertical, por cierto con intereses comunes en el terreno de los planes de pensiones privados con algunos de los principales bancos.

Que la banca es quien se lleva el gato al agua en esta presunta democracia es ya un disco rayado. Lo que pasa es que ni siquiera nuestros políticos guardan las formas ni les importa el qué dirán. Practican el dicho “que hablen de nosotros aunque sea mal”. Las palabras de Emilio Botín recomendando al presidente del gobierno que agote la legislatura y no plantee el tema sucesorio hasta el 2012 son las de un personaje proceloso. Por venir de quien viene. De un presunto protector de malhechores. Botín ha dado su respaldo cerrado al consejero delegado del Santander, Alfredo Sáenz, tras haber sido éste condenado a 3 meses de cárcel e inhabilitación por el Tribunal Supremo por un delito de acusación falsa.

Y ahora, como en una escena de Los Soprano, permanecemos a la espera de que el gobierno de los recortes sociales a los trabajadores que sufren la crisis económica (provocada por las finanzas especulativas) acceda al indulto solicitado para Sáenz por el banco que gestionó un fondo basura de Lehman Brothers a través de su filial de 5 estrellas Banif. Mientras, en el mundo real, el discapacitado físico José Luis Burgos sigue su tenaz lucha contra el Santander, la entidad presidida por Emilio Botín que pretende desahuciarle y llevarse su casa como botín. La banca española ganó 14.000 millones de euros en 2010.

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