La banalidad de la guerra

Rafael Cid
Rafael Cid

El Vaivén de Rafael Cid

La banalidad del mal fue un término acuñado por la politóloga norteamericana Hannah Arendt para tratar de entender la rutina del holocausto nazi. Es decir, para catalogar la impunidad y la falta de conflicto íntimo con que muchos jerarcas del nacionalsocialismo habían aceptado la doctrina de la obediencia debida cometiendo crímenes contra la humanidad. Lejos de nuestra intención buscar semejanzas con aquella atrocidad sin parangón en situaciones actuales. Pero si queremos advertir, a través de un sucedido que este analista ha vivido en primera persona, sobre cómo se dan hoy problemáticas de parecido registro, no bajo el amparo de la obediencia debida, pero si con la excusa de que estamos en una democracia. Como si la democracia fuera el fin de la historia, cuando sólo es un peldaño para iniciar una escalada hacia zonas de mayor autonomía social y personal. Siempre que lo que llamemos democracia sea democracia y no sólo votocracia, como a menudo ocurre.

Voy con el cuento. Hace unos días, el vienes 18 de marzo, el consejo de ministros dio su enterado preceptivo a la intervención de España en la guerra de Libia con la coalición occidental. Un enterado que sirvió, sin todavía contar con la preceptiva autorización del pleno parlamento, para iniciar las hostilidades al día siguiente, sábado 19 de marzo. Por cierto la misma fecha en que otra coalición, liderada por el Trío de las Azores, apretó el botón de la guerra contra el Irak de Sadam Hussein.

Pues bien, esa misma tarde, viernes 18 de marzo, yo estaba en un cine de Madrid, digo más en la sala Renoir Cuatro Caminos, viendo la película Incendies, un film estremecedor que muestra de una manera turbadora las consecuencias de los fanatismos religiosos y de la cultura de la violencia sobre las personas normales. En concreto narra las atrocidades cometidas por terroristas cristianos para imponer con las armas, la tortura, la violación y el asesinato la fe de su único Dios verdadero. Un impresionante alegato contra los niveles de crueldad que alcanza la violencia armada que viene institucionalmente legitimada

Pues bien, cual fue mi sorpresa al encenderse las luces y comprobar que en mi misma fila estaba sentado el ministro de Educación Ángel Gabilondo, y lo primero que pensé fue, no en la banalidad del mal, ni siquiera de la violencia, sino en la versatilidad de nuestras conciencias: se podía dar el enterado para una terrible guerra y luego irse al cine a ver una película anti-militarista y pacifista. Claro que mi asombro se abismó cuando ya en la calle observé a la ministra de Economía Elena Salgado entrando presurosa en la misma sala para contemplar Incendies.

¿Habría recetado el presidente Zapatero ver Incendies a sus ministros como penitencia por declarar la guerra de Libia y así suministrarles un punto de conformidad con aquel viejo humanismo del “No a la guerra” ahora convertido en “Guerra, de entrada Sí”? En cualquier caso, la conciencia crítica y humanista del pueblo español ha sido salvada de nuevo por esos ciudadanos anónimos que desde la tribuna destinada al público en el Congreso de los diputados han gritado ¡No a la Guerra! cuando nuestros representantes declaraban su “hágase” a los bombardeos sobre Libia.

3 comentarios en “La banalidad de la guerra

  • el 23 marzo 2011 a las 15:50
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    Estimado Rafael Cid.

    Le escucho a menudo y me gustaría compartir con usted una reflexión que me ronda por la cabeza. No he encontrado ningún artículo o xarla que exponga argumentos sólidos y propuestas factibles para salvar la masacre de la población anti-gadafi. E incluso hoy he leído en El País a uno de los teóricos y expertos antimilitaristas y pacifistas que yo he leído y seguid: Vicenç Fisas, donde él expone que la única solución para proteger a los civiles era la intervención armada.

    Con todo, y sabiendo los intereses de «occidente», sabiendo el pasado amgio de Gadafi y conociendo la realidad económica de la zona, puede indicarme donde encontrar o darme argumentos de oposición a la intervención que a la vez expongan procesos de intervención y salvaguarda de la población?

    Se que es un tema complicado y que incluso remueve la consciencia de expertos como Vicenç Fisas.

    Salut i enhorabona per la teva tasca!

  • el 24 marzo 2011 a las 12:15
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    Muchas gracias. He leído con detenimiento este y otro artículo en el bloc personal del autor: http://noviolencia62.blogspot.com/

    Sigo creyendo que la noviolencia es el camino y que la denúncia que se hace des del pacifismo es certera. Ahora bien, me preocupa un poco la falta de propuestas concretas ha hechos concretos y reales. El autor plantea una serie de medidas para encaminarse hacia la paz que me parecen acertadas. Pero me pregunto que hacer ante un asedio como el que se estaba dando en una ciudad. Se que no es fácil de resolver.

    De todas formas, hay que seguir preguntándose para hallar la respuesta.

    Gracias de nuevo.

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