Mesas de convergencia: ¿No a la guerra?

Rafael Cid
Rafael Cid

El Vaivén de Rafael Cid

En su día, no hace mucho, fuimos algunos los que mostramos públicamente reticencias sobre las verdaderas intenciones de esas mesas de convergencia ciudadanas que un grupo de personas vinculadas a movimientos sociales y a organizaciones de izquierda propuso como fórmula eficaz y novedosa de combate contra el neoliberalismo rampante. Nuestras críticas iban dirigidas a una especie de falta de legitimidad de origen, puesto que en el manifiesto fundacional no se hablaba de anti-capitalismo ni de ecología, y a que en la presentación de dichas mesas acudieron como protagonistas dirigentes del PSOE, como el ex fiscal general del Estado Eligio Hernández, afín al gobierno que ha llevado a cabo con mano de hierro esas contrarreformas neoliberales dictadas por los mercados que las mesas refutan. También porque entonces se pasó por alto la lógica referencia a los sindicatos CCOO y UGT que se plegaron como mal menor al “pensionazo” y callaron cuando se bajó el sueldo a los funcionarios.

Pero aquello tiene enmienda. Ahora a la deriva neoliberal del gobierno socialista se unen otros factores más demoledores que ofrecen una magnífica ocasión para que las mesas de convergencia ciudadanas manifiesten todo su potencial contestatario anti-neoliberal. La necesidad de una moratoria nuclear inmediata tras los graves sucesos de Japón y una decidida repulsa ante la guerra de Libia que el ejecutivo que llegó al poder con la divisa de “No a la Guerra” ha emprendido con una ardor guerrero tan inusual que se ha lanzado al combate antes de su ratificación por el parlamento español, teórica sede de la soberanía nacional, son sus nuevos desafíos.

Yo particularmente estoy desde este mismo momento dispuesto a rectificar si las mesas de convergencia ciudadanas se estrenan contra esas dos muestras del mayor neo-liberalismo que pueda darse. No me dolerán prendas, y supongo que como yo otros muchos discrepantes de primera hora. Ya sé que las direcciones de CCOO y UGT, abanderadas en su día del “No a la Guerra” de Irak promovida por el PP de Aznar, y algunos artistas e intelectuales que entonces lideraron ante la opinión pública la cultura del pacifismo, ahora se muestran a favor de esa intervención. Pero eso hace todavía más meritoria, y difícil, la apuesta por la resolución pacífica de los conflictos de las mesas de las convergencia.

La ocasión la pintan calva. ¿Qué mayor manifestación de anti-neoliberalismo que promover otro “No a la guerra” y exigir un Referéndum Nuclear? Si no, la historia se lo demandará. ¡¡Allons enfants!!

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