La Veranda de Rafa Rius
Nunca he entendido por qué le llamaban “corralito” a lo de Argentina, no sé a que viene el diminutivo cuando dejó a medio país en la ruina. Cuando un banco bloquea sus depósitos porque se desata el pánico entre los clientes y no puede hacer frente a los reintegros solicitados, eso es un corral en toda regla, con sus animales convenientemente estabulados, sin poder salir y rodeados de mierda, mucha mierda.
El penúltimo corral nos lo ha proporcionado el Banco Madrid, filial de la Banca Privada d’Andorra. Al parecer existían fundadas sospechas de que -¡Oh sorpresa!- se estaba utilizando para blanquear fortunas procedentes de actividades delictivas. Lo que sigue es de manual: en cuanto se divulgó la noticia de la investigación, los clientes acudieron en masa a por su dinero y el banco, de acuerdo con la autoridad monetaria, se vio obligado a bloquear las cuentas, limitando los reintegros a los consabidos 100 000€. Y no es que uno sienta precisamente empatía y compasión por los usuarios de un banco que no te abría una cuenta por menos de 300. 000€, cantidad estratosférica para la inmensa mayoría de habitantes de un país hundido en múltiples precariedades.
Hasta aquí los hechos conocidos. Quizás faltaría por saber lo que se esconde en los varios trasfondos ocultos tras la operación financiera. No es en modo alguno casual el hecho de que el epicentro del seísmo se encuentre en el hermoso país de los Pirineos. La oligarquía andorrana siempre ha ligado su supervivencia y prosperidad al contrabando y los trapicheos financieros. Prácticamente desaparecido el negocio del comercio minorista porque ya no compensa ir hasta Andorra para comprar una cámara fotográfica o una vajilla, los caciques del lugar se han refugiado en actividades menos confesables. Sería ingenuo recordar que las cuestiones éticas no forman parte de la ecuación. “La pela es la pela” y no tiene sentido cuestionar su procedencia.
Visto que el dinero no conoce patria alguna porque su única referencia identitaria es la consecución de la máxima rentabilidad (véase el hondo catalanismo de los dineros del clan Pujol) los sátrapas andorranos han descubierto la piedra filosofal sin salir de su pequeño país. Cual si de unas madres condescendientes se tratara, se dedican a dar mucho y pedir poco. Dar todo tipo de facilidades para blanquear y “redistribuir” todo tipo de capitales y no pedir ninguna clase de información acerca de su procedencia y su situación con respecto a la legislación o el sistema impositivo de sus países respectivos. Todo muy pulcro, pero tan descarado que ha provocado que el gobierno del Gran Hermano Obama se haya “mosqueao” y haya decidido intervenir. Entretanto, ese eufemismo llamado Banco de España, se obstina contra toda lógica, en hacernos creer que, como de costumbre, no se había enterado de nada.
En cualquier caso, quien arriesga su riqueza en semejantes estercoleros bancarios ya sabe a lo que se expone. Toda institución financiera está basada en la rapiña, su negocio es la usura, pero existe una especie de pacto entre ladrones basado en mantener las formas y no sobrepasar ciertos límites con actuaciones que pongan en peligro la tan necesaria discreción.
De todas formas, La Banca Privada d’Andorra aún no ha dicho su última palabra: tiene en sus listas de clientes demasiados nombres conocidos, que se verían en una posición delicada si se divulgaran sus cuentas y cuentos (Sin ir más lejos, el pobre Sr. Cotino, de ejemplar trayectoria profesional y política, ya se ha visto salpicado)
Pero esto no es una disputa cualquiera. De un lado el Banco Madrid-Banca Privada de Andorra, del otro, gente que no se va a conformar con perder su dinero: políticos, empresarios, deportistas, peña del “famoseo” y miembros destacados de diversas mafias. El duelo entre los excrementos de OK Corral, no ha hecho más que empezar.









































Un Comentario
«Corralito» en Argentina es un pequeño cerco de madera que se usa para poner alrededor de los niños cuando empiezan a moverse y a intentar ponerse de pie y caminar. Se usó «metafóricamente» para nombrar las acciones que usó el gobierno para que los argentinos «no produjeran situaciones de riesgo».