15M#2014, el penúltimo ¡Hurra!

El Vaivén de Rafael Cid

El rancio presentismo imperante en nuestra sociedad de consumición transmite al falsa percepción de que solo existe aquella realidad que se concreta en una acontecimiento, especialmente si es jaleado por los medios de comunicación. Por eso, el personal así domado ora y perora sobre si el 15M ha pasado a mejor vida o fue un feliz espejismo. Esa es también, la doctrina oficial de los valedores del statu quo que ahora se afanan en crear un clima artificial, tan falso como sus intenciones, para movilizar otra vez a la ciudadanía en el trágala de la elecciones.

Bienintencionados o integrados, hierran quienes con tales prejuicios y perjuicios postulan. El 15M, a punto de culminar su tercer aniversario, es un viejo topo que opera desde abajo, en profundidad, corroyendo las raíces del sistema, minándolo con savia nueva subversiva. Hasta el punto de que buena parte del actual escenario político-ideológico que ahora agitan loa heraldos del régimen está en precario por su decisivo legado.

Por mucho que nos vuelvan a hablar de brotes verdes y sus patrocinadores hagan simulacros de debates “a cara de perro” en la caja tonta, como si de verdad hubiera alguna diferencia sustancial entre la derecha eterna y la sedicente izquierda, la procesión va por dentro. El espíritu del 15M les corroe y la mejor forma de demostrarlo es chequearlo con las mismas encuestas que el régimen produce para su estrategia de seducción. Si pasamos de los titulares tramposos y se analiza el texto en su contexto, podemos comprobar el estado de putrefacción que les embarga. Un breve estudio sobre los sondeos que desde hace varias semanas viene publicando el diario El País lo revela en todo su esplendor.

Vayamos al principio. La información sobre el sondeo con que el autoproclamado “periódico global” comenzó su ofensiva propagandística en favor de “la fiesta de la democracia”, como suelen catalogar a la rebatiña electoral, fue publicada el pasado 25 de abril, e iba firmada por Fernando Garea. El texto destacaba en un titular principal que el informe pronosticaba un “Resultado incierto y ajustado”, y en el subtítulo se aclaraba esa indeterminación al afirmar que “Solo el 20% de los españoles tiene decidido el voto, según una encuesta de Metroscopia que augura un empate entre PP y PSOE, con ligera ventaja de los populares”. O sea, según el rotativo, otra vez el bipartidismo dinástico se alzaba al pódium de las preferencias ciudadanas. Sin embargo, una lectura más objetiva del sondeo lo que arrojaba como dato nuclear era el desplome sin paliativos de dicho tándem hegemónico en la estima de la gente. En concreto, comparado con los resultados obtenidos en el año 2009, el PP perdía un 9,7% de los votos y el PSOE el 6,4%. Una debacle para los centuriones del sistema era lo que en realidad reflejaba el estudio demoscópico tan amablemente cortejado por El País.

La siguiente encuesta vio la luz el 1 de mayo y se refería en este caso a un informe sobre las expectativas de los comicios en Catalunya. Firmado por Mariol Roger, el artículo destacaba en cabecera que “El CIS catalán pronostica un empate entre CiU y ERC en las europeas”, para a renglón seguido decir, en esta ocasión sí, que “El sondeo oficial de la Generalitat vaticina una caída de 20 puntos del PSC”. Pero el tenor literal del informe era igualmente severo para los otros “partidos de referencia”, dejando constancia que la formación emblema del gobierno autonómico descendía un 2,4% y su equivalente en Moncloa, el PP, un 5,9%. Por tanto, la muestra no hacía sino ratificar allí el hundimiento de los partidos-sistema que constataba Metrosocopia a nivel del Estado. Es más, por si quedaba alguna duda de la desafección de la población con el statu quo, señalaba que “David Fernández, de la CUP es el líder más valorado”. Verde y con asas. El representante del único grupo que no se presenta a las elecciones europeas, por considerar que “la UE no es una institución democrática, sino un proyecto de élites económicas”, resulta ser la persona que más confianza ofrece entre todo un elenco de políticos profesionales. La gente no solo sabe lo que no quiere; también sabe de quien se fía.

El tercer panel publicado por El País versaba sobre la intención de voto en Madrid, ciudad y comunidad, cara a unas aún lejanas elecciones locales y autonómicas. Pero si tenemos en cuenta la especial importancia de dicha circunscripción en cualquier tipo de consulta, concluiremos la poco disimulada intencionalidad de esa encuesta publicada el 2 de mayo como trasunto para las europeas. En ella Vicente G. Olaya decía que “El PP se desangra en Madrid”, rematando que el PSOE e IU gobernarían el Ayuntamiento con mayoría absoluta”, y que “Los populares necesitarían a UPyD para repetir en el Gobierno de la Comunidad”. Un mensaje de progreso con guiño dirigido el 25M, para cuantos todavía creen que segundas partes pueden ser buenas para la sedicente izquierda si cambia de aliados. Pero la letra pequeña de la encuesta permitía una segunda reflexión más cruda. En la ciudad de Madrid, el PP perdía 20 concejales y el PSOE ni fu ni fa, y en la comunidad ambos se despeñaban, el PP dejándose 19 diputados y el PSOE cinco. Bipartidismo en almoneda, de nuevo.

Finalmente, el lunes 5 de mayo El País ponía broche de oro a su despliegue taumatúrgico sobre previsiones electorales, con una encuesta-ficción sobre las opiniones políticas de la juventud española. Bajo el título “Los jóvenes quieren cambios y no revolución”, su glosadora, la periodista Anabel Díez, confirmaba la buena nueva ya anunciada en el sondeo de Madrid, ciudad y comunidad, con un informe de Metroscopia sobre las inquietudes políticas de los electores menores de 35 años. “Las elecciones europeas del día 25 y las generales de 2015 las ganaría el PSOE si dependiera exclusivamente de los jóvenes”, decía el rotativo. Ni más ni menos. Que si algo parecido a una elecciones por cohortes fuera de recibo en nuestra deficitaria democrática, los jóvenes, esa leva maltratada y humillada, cuyo ratio de desempleo alcanza casi el 60%, los mismos que tienen que recurrir al exilio económico para buscarse la vida desarraigados, premiarían a uno de los dos partidos causante de sus desgracias. ¡Impresionante!

Llegados a este punto, hay que volver al “espíritu del 15M” en su tercer cumpleaños. Un 15M que ha polinizado a muchos otros grupos del activismo social con su entusiasmo, creatividad buen hacer, radicalidad democrática, dignidad y combatividad. Desde las plataformas antides-ahucios, al apoyo a los estafados por las preferentes; desde las mareas aglutinadoras de colectivos como Sanidad y Educación hasta las luchas compartidas con excluidos y sin papales. Un trenzado de experiencias antisistema, solidarias y participativas que ha logrado éxitos como paralizar el proyecto del barrio de Gamonal en Burgos; evitar la privatización de numerosos hospitales en la comunidad Madrid; concienciar a algunos jueces dignos para evitar lanzamientos de sus hogares de personas sin recursos; desbaratar el faraónico proyecto de Eurovegas o lograr revisiones y reversiones de los contratos leoninos perpetrados por la banca con la monumental estafa de las preferentes. Sitios, lugares, plazas donde los partidos mayoritarios y los llamados sindicatos más representativos ni estuvieron ni se les esperaba.

Insistimos. ¿De qué vaina tiene que ver el 15M con la tabarra de las elecciones? De que el “espíritu del 15M”, al visibilizar la protesta por encima de opciones ideológicas regladas, manteniendo el fuego sagrado de la revuelta democrática y el imperativo moral en sus acciones y movilizaciones a lo largo del tiempo, ha logrado esa enmienda a la totalidad del duopolio formado por el PP y el PSOE que se concreta en su mutuo desplome electoral mondo y lirondo. Caída en picado sin freno ni marcha atrás, favorecida por el coraje de los indignados en acción, de la que se han beneficiado los grupos y partidos situados más allá de la sedicente izquierda institucional, como todas las encuestas obstinadamente confirman. Sin ese continúo y plural hostigamiento de las gentes en la calle, por ejemplo, Izquierda Unida (IU) no acariciaría hoy el “sorpasso” electoral que lleva tantos años ambicionando. Por primera vez desde la transición, el concepto de “voto útil” ha cobrado una verdadera dimensional transformadora: consiste en poner el voto fuera del alcance de demagogos, oportunistas y matapobres.

Pero si eso es importante, aún lo es mucho más lo que ha hecho que en estos momentos seamos una excepción positiva respecto a muchos países de nuestro entorno europeo. La onda expansiva del 15M, su terca labor de oposición sobre temas contantes y sonantes; el carácter ejemplar de sus experiencias; la inclusividad de sus acciones; su énfasis en potenciar el factor humano frente a otras contingencias, ha evitado que el más que justificado desencanto de millones de españoles que han dado la espalda a los cantos de sirena del PP y del PSOE sirviera de artillería ideológica para fletar partidos de corte xenófobo. Lejos de ello, y precisamente en el país que admite a formaciones parafascistas en su marco legal, aquí la frustración de las personas ante el doble atraco perpetrado por Bruselas y la casta política de la Marca España, no ha servido para encumbrar a la extrema derecha ante las elecciones europeas del 25 de mayo. Muy al contrario, como tampoco ocultan todas las encuestas y sondeos, ese talante iconoclasta de la multitud enardecida ha proyectado una voluntad de cambio real que se concreta apoyando opciones políticas no implicadas en el saqueo social. O, en mucha mayor medida, acumulando fuerzas para instar una ruptura democrática desde abajo que restablezca la verdadera soberanía del pueblo a través de un proceso constituyente de nueva planta.

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