El Vaivén de Rafael Cid

Ante algunos conceptos y categorías cognitivas con “buena prensa” hay que tener mucho cuidado. Tienen retranca, efecto retroceso, bumerán, y pueden gastarnos malas pasadas. Un clásico es el del aserto Estado, bendecido y alabado por todo el arco iris de la política institucional, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, pasando por la derecha de andar por la casa y la sedicente izquierda que oficia de oposición que nunca se opone. Por eso se producen espectáculos chocantes, como que en la actual crisis, unos y otros, los que están dirigiendo la barbarie que dicta el golpe de los mercados, y los que se enfrentan desde el proscenio político convencional a ese holocausto social, asuman el Estado como aliado. Aquellos para perpetrar sus escabechinas sobre la parte más vulnerable de la sociedad, des-regulando; estos, “los nuestros”, clamando por un relanzamiento del papel del Estado para recomponer ese desaguisado, regulando de nuevo. Un “abre la muralla”, “cierra la muralla” -socializando pérdidas y privatizando ganancias-, que ignora el infausto rol instrumental del fetiche Estado como “ogro filantrópico”, que decía Octavio Paz en otra derivación que no hace al caso.
Pues bien, la palabra de moda en estos momentos de subida indignación es “socializarnos”, en el sentido de los beneficios que lleva implícita la operativa en común de la ciudadanía activa. A esa puesta en barbecho que implica la socialización hay que rebajarle los humos. O al menos, ponerla en contexto. Precisamente las luchas, protestas y escraches que ahora distinguen a las verdaderas revueltas, lo que experimentan es un nuevo territorio para zafarnos de la socialización sistémica del sistema. La servidumbre voluntaria que nos hace pensar desde los intereses de nuestros enemigos declarados. Por tanto, ojo a esa “socialización negativa” que nos domina y somete con su efecto placebo. Y sigamos ahondando en los yacimientos de la otra socialización, que nos provee libres, iguales, solidarios y combativos.
Porque precisamente la batalla sorda que en estos días han emprendido los variados púlpitos con que muta el aquelarre de la ilógica reinante busca eso: socializarnos de nuevo, en negativo, re-socializarnos para devolvernos al redil. Lo que ahora toca en esas instancias lo expresa con toda claridad el editorial del diario El País del martes 14 de mayo titulado “Hacer política”, en el que se tiende una garra al 15-M para su recuperación institucional, visto que los “muertos que vos matáis gozan de buena salud” (¡Qué bonito ese titular de la edición digital del día de autos, 12-M, incitando a la deserción con “El 15-M pierde visibilidad gana en rabia” !). Con el know how burocrático que le caracteriza -y no la torpeza infinita de una Cospedal-, en un desesperado intento de re-encanto ante el desplome imparable del bipartidismo turnante, el órgano por excelencia de falsimedia afirmaba: “Y en ese escenario (un sistema político posiblemente más atomizado), las reivindicaciones del 15-M, incluidas la reforma de la ley electoral o la exigencia de más espacio para formas más abiertas de participación, permanecen al fondo de cualquier proyecto de transformación, por lo menos de la izquierda”. ¿Gracias por venir? O sea, una llamada a la reintegración en la casa común, socializar la indignación bajo el patrocinio de una rive gauche autista moral, que no sabe no contesta. Para que ese “fondo” del proyecto que cita siga siendo el “fondo de comercio” de siempre jamás.
Y es que no les entra que lo esencial en esa explosión democrática que anida en el 15-M y sus múltiples afluentes es el cómo y no el cuánto, el medio y no el fin, desenlace que vendrá prefigurado por los medios empleados. De ahí que, expuesto por sus propios agentes de influencia que las encuestas certifican la falta de quorum representativo del duopolio dinástico imperante PPPSOE, se apresten a lanzar una campaña de re-socialización en los valores del sistema, con un primer asidero en el trucado juego electoral gonfiabile percorso ad ostacoli. Que es como incitarnos a un eterno peregrinar por la ruta del milagrero para escrutar el más allá olvidando el aquí y ahora. Saben y temen que la subversión en marcha ha recuperado para una creciente, consciente y beligerante minoría social el significado de las actividades en común, la responsabilidad individual y la iniciativa social de una política que anhela hacer del hombre la medida de todas las cosas.
Por eso resultan baldíos tantos y abrumadores intentos de re-enganche en la irracionalidad vigente. Ante la disyuntiva del paro forzoso y el trabajo forzado, la banalidad del mal, se yergue la vieja sabiduría que nos recuerda que el sistema realmente existente es como el“señor don Juan de Robles, que con caridad sin igual fundó este hospital» , pero antes creó los pobres.








































