Moriarty Talegón (el final, perdonen las molestias)

Abel Ortiz

Los socialistas ya no son socialistas. Ley número uno de la nueva termodinámica. Es un tanto tautológica, pero pase. Este aserto se refiere, supongo, a la enorme, visible e innegable diferencia de planteamientos entre los históricos, los de la guerra, los de la UHP, los de la revolución de Asturias, y los de hoy. Gran descubrimiento. Hallazgo. Monolito. Rubalcaba no es Pablo Iglesias. Parece ser que no.

No eran traidores ya, como se les señala ahora descubriendo el Mediterráneo, a la vista de muchos, o colaboracionistas, durante la dictadura de Primo de Rivera, durante los gobiernos republicanos y los crímenes de Casasviejas o durante la transición, la renuncia con mariachis al marxismo o el ingreso en la OTAN. Este pecado es muy grave. Han vendido su alma al diablo y al capital, han renegado de sus orígenes.

Si Pablo iglesias levantara la cabeza.

Los demás no. Esos que dicen que no se utilice el y tú más, no sea que les salpique.

Hay que limitar los daños y utilizar el dedo acusador sólo contra los otros, el payaso de las bofetadas, los malos sin perfiles, el gran mal, los supervillanos, la gran excusa de nuestros propios fracasos. Esta condición de renegados de su propia historia es exclusiva de los socialistas. Los comunistas de hoy, por los que tengo un respeto sincero, incluso admiración en algunos casos, a los que defendería si de eso estuviéramos hablando, en cualquiera de sus infinitas versiones, se mantienen en los presupuestos originales y dicen y hacen lo mismo que hace un siglo.

Anguita, Cayo Lara o cualquiera de los diputados comunistas de hoy son revolucionarios que están haciendo proselitismo para conseguir la abolición de la propiedad privada y llegar a la dictadura del proletariado, como hacían Dolores Ibárruri, Jesús Hernández o José Díaz. Siguen siendo prosoviéticos, como cuando Semprún (si, si, Semprún, el ministro de cultura de Felipe) escribía una oda a Stalin, defienden el régimen albanés y proponen como modelo en sus programas electorales la Cuba de Fidel. Ellos no han cambiado nada, no han renunciado a nada, no han traicionado ningún principio.

Esto de evolucionar es una cosa malísima. Cambiar es algo que no se puede permitir y se debe insistir, caiga lo que caiga, en los presupuestos iniciales. De esa manera el camino comunista tiene que ser un sendero luminoso para llegar al paraíso chino, las brigadas rojas o el GRAPO. Esos si que son guardianes de las esencias y no los floritos de Siryza que se presentan a las elecciones y todo. Ah, perdón, que también están los trotskistas que siguen trabajándose, igual que en tiempos del inolvidable POUM, con poca fortuna parece, la revolución permanente.

Afortunadamente esto no nos pasa a los anarquistas. Los anarquistas de hoy somos como Durruti, Ascaso y García Oliver, como Pestaña y Peiró. Igualitos. Andan por ahí, a la vista de todos, los actuales Sabatés, Caraquemadas y Facerías expropiando al capital para montar imprentas clandestinas. En los ayuntamientos de hoy cada dos por tres se proclama el comunismo libertario y las insurrecciones son algo habitual.

Hay miles de presos anarquistas en las cárceles, unos sindicatos con un control absoluto de sus ramas de producción y una presencia como en los años treinta. Propugnamos el sindicato único, como en la Barcelona de Martínez Anido, el montón en la plaza de Fermín Salvochea, los liberatorios de prostitución de Federica, la prohibición de los bares y la quema del dinero. Saca pecho, berberecho.

Beatriz Talegón eligió el PSOE para su militancia. Al afiliarse, como todos los socialistas, lo único que buscaba era un chollete, una prebenda, un carguito. A nadie le cabe en la cabeza ninguna otra opción. No puede ser, aparta de mí ese cáliz, que fuera una elección libre, meditada y honesta. Un socialista, por definición, no puede ser honesto. No puede ser y además es imposible. La gente que se afilia al PSOE, o que le vota, lo hace para ser cómplice de lo de la OTAN o para desahuciar a sus vecinos.

Son intrínsecamente malos, o tontos útiles, los socialistas en general y Beatriz Talegón en particular, y quién ose dudar de esa premisa, desde cualquier partido, organización o individualidad se convierte en socialista vergonzante. Acojonante.

Claro que, en lo que a responsabilidades de poder se refiere, el PSOE tiene cuentas caras que pagar, lo que no está tan claro es a quién. Las cuentas de la sangre y de la libertad, vuelvo a citar el romancero de Durruti. Los socialistas cometieron, y cometen, desde mi punto de vista, tan minusválido como cualquier otro, un error imperdonable; el sectarismo. Aquí no hay ni un gramo de ironía. Su tratamiento despectivo a los otros, su sordera voluntaria. Han despreciado a los demás. Despreciable estuvo Almunia cuando hablaba de turismo revolucionario refiriéndose a los jóvenes que viajaban a Chiapas, despreciable estuvo González con su a mi izquierda el abismo, despreciables los jóvenes socialistas que miran con cara de asquito a okupas o, en su momento, insumisos. Despreciables los diputados de riñón cubierto que ningunean cualquier planteamiento que no vaya acompañado del pragmatismo más zafio. Despreciables en sus ansias de poder. No en su legítima aspiración al gobierno, sino en su ansiedad enfermiza por tocar moqueta.

En lo tocante al poder los comunistas tampoco pueden hablar muy alto. Lo han tenido, y lo tienen, en muchos países con muy distintas condiciones. Hay para elegir desde las tiranías más impresentables a lo Camboyano, coreano o chino hasta algunos de los gobiernos más prometedores de la América latina actual (Evo, Correa, Chávez) ninguno de los cuales ha llegado al poder por un estallido revolucionario sino siguiendo el camino parlamentario.

Por eso mi opción es el anarquismo que no ha querido el poder y que renunció a él cuando lo encontró en la calle en julio del 36 o en mayo del 37. Porque no queremos imponer nada a nadie, porque no pretendemos ser vanguardia iluminada que diga por dónde hay que ir obligatoriamente. Porque no somos sordos y somos conscientes de que en la sociedad no todos son, ni serán nunca, como nosotros y tenemos que convivir con ellos pensando que no somos mejores, ni peores, que nadie es más que nadie. Porque no tenemos Biblia, ni dogmas. Porque partimos de la base, para mi acertada, de que el poder corrompe sea cual sea el color de su bandera.

Beatriz Talegón cobra ya un pastizal con Zapatero en el gobierno, coge aviones como quien lava y es asesora, nada menos, uno de los mayores chollos que ha inventado la humanidad. Yo de mayor quiero ser asesor. Que te pregunten ¿a ti que te parece? Y te paguen por contestar me parece algo sobrenatural. Pero existir existen. Hay miles y todos cobran cantidades llenas de ceros. Beatriz ha conseguido ya levantarse un sueldo con el que comería una familia numerosa, a base de jamón de jabugo y lubina al horno.

Eso, parece, es motivo de lapidación. A mi, me gustaría también lapidar, ya puestos, al del taller de la esquina que dice que se ha jodido la trócola y que son mil euros por apretar un tornillo. El dice que los mil euros no son por apretar un tornillo, que son por saber qué tornillo hay que apretar. Tiene su lógica. El caso es que también se lo lleva caliente, miente y estafa, y no le insultan por la calle. O esos que, dice mi vecino, en los buenos tiempos, tiraban azulejos a destajo, puestos de farlopa, y apañaban seis mil euros todos los meses para gastárselos en putas. O el capullo del pub de la esquina que tiene juicios con las camareras, va de revolucionario guay y se ha comprado una Harley a base de vender alcohol a menores. A este tampoco le abuchea nadie (para ser sinceros tengo que reconocer que le ha empapelao la pasma).

Que hay mucho cabrón suelto ganando mucho dinero, legal e ilegalmente, es tan obvio que no me voy a extender. A esos no los van a desahuciar. Ni van a colaborar con la PAH. Eso sí, tienen disculpa. Ellos no son socialistas.

Así que Beatriz Talegón decidió sumarse a una manifestación antidesahucios y, como es normal puesto que es la responsable, culpable o cómplice, de la gran estafa de los que si han respetados sus principios de simios desde que se bajaron de los árboles, fue abucheada. Lo normal. Pero dejadme, ay, que yo prefiera, la hoguera, la hoguera, la hoguera…

Ale, a dispersarse, no me formen grumos …

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