¡Todos a una, como en fuenteovejuna!

Octavio Alberola

La iniciativa «Toma el municipio» propuesta por Rafael Cid (1), considerada como un «tomar» desde abajo y no desde arriba, me pareció oportuna y potencialmente reactiva. Por eso la defendí y vuelvo a defenderla ahora, tras la publicación de los artículos de los compañeros Antón Dké (2) y Alexis Poblet (3) manifestándose en contra por haberla interpretado como una incitación a participar en las elecciones municipales de 2015.

Y lo considero necesario por las siguientes razones:

La primera, porque, al parecer, no ha quedado suficientemente claro cuál era el sentido de tal propuesta, pese a las precisiones aportadas por Rafa, que yo añadí como comentarios en el artículo «Tomar el municipio, ¿por abajo o por arriba?» (4) y que integré en el texto del artículo «¿Cómo potenciar la indignación?» (5). Precisiones que no parecen haber sido leídas o tomadas en cuenta; puesto que Rafa se ha visto obligado a enviar un nuevo comentario (6) para recordar que en su texto «nunca se habla de participar en las lecciones municipales del 2015, sino de usar ese horizonte como marco de reflexión…»

La segunda, porque no comparto el temor de Rafa, que ha vuelto a recordar en este comentario, respecto a «los efectos negativos por divisionistas que podría provocar la incorporación a la agenda de la agitación social de esta sugerencia de reflexión aquí y ahora».

Sobre la primera no creo que sea necesario extenderse más, puesto que la precisión de Rafa debe ser a estas alturas suficiente para que nadie interprete su propuesta, «Toma el municipio», como otra cosa que lo «que ha sido la herramienta de actuación política autogestionaria y democrática de todas las mareas del 15-M hasta la fecha». Como el dice bien claro: ¡ “’Tomar’, sí; otra cosa, no” ! Y puesto que, además, todos los que nos hemos manifestado hasta ahora coincidimos en rechazar la participación en elecciones (aunque no todos por las mismas razones) y en considerar nefasto, para el 15-M o cualquier otro movimiento, el plantear ahora ese tema. Digo que no todos rechazamos la participación en las elecciones por las mismas razones porque Antón Dké no la excluiría en un «contexto estratégico de transición revolucionaria hacia la democracia» -entendiendo por democracia una comunidad «necesariamente libertaria y socialista»…

Queda sólo pues por argumentar el por qué no comparto, con Rafa, su temor a incorporar «a la agenda de la agitación social» su propuesta de tomar los municipios en ocasión de las elecciones municipales de 2015. Y me siento en el deber de hacerlo porque tal propuesta -repito- me parece muy oportuna y muy reactiva para responder, de manera coherente y eficaz, a cuantos y cuantas se preocupan hoy por parar la resaca de las mareas del 15-M y darle a ese movimiento y a la agitación social en general un nuevo impulso.

Como en Fuenteovejuna, todos una…

Un nuevo impulso que podría concretarse, como en Fuenteovejuna, todos a una. Prueba de esta preocupación la vemos manifestarse todos los días y en todos los segmentos de la agitación social. Los artículos de los compañeros Poblet y Dké también lo son; pues los dos se oponen a todo lo que pueda dividir y desviar al 15-M de su misión resistencial frente a la salvaje ofensiva del capitalismo, y los dos intentan enriquecer la reflexión, «aquí y ahora», como lo ha hecho Cid al publicar su propuesta.

Creo pues que todos compartimos esta doble preocupación: no dividir y potenciar la indignación. Como también la convicción de que el temor de no dividirla no debe paralizar la búsqueda de iniciativas para potenciarla. Y tanto más cuando se trata de una que es totalmente coherente con la actuación autogestionaria y democrática del 15-M y con el objetivo que este movimiento ha proclamado y que todos los movimientos anticapitalistas no han cesado de afirmar ser el suyo: devolver el poder de decisión a los ciudadanos.

¿Cómo podría pues ser contraproducente presentarla y debatirla en el 15-M?
Por supuesto, el 15-M no es un movimiento homogéneo y su heterogeneidad hace casi imposible llegar a un programa en común. Inclusive no existe una verdadera coordinación entre las distintas asambleas de todo el país y no siempre entre las de la misma ciudad. No obstante, es indiscutible que estos «inconvenientes» no le han impedido en el pasado convocar y realizar ocupaciones multitudinarias de calles y plazas, cuando el objetivo ha sido simplemente hacer pública la indignación y designar a los responsables de una situación que el conjunto califica de inaceptable. Y, sobre todo, cuando se ha hecho para demostrar que todos queremos decidir en los problemas que conciernen nuestras vidas.

Además, en el 15-M todos son conscientes de que la heterogeneidad deberá resolverse por la vía asambleísta y con la participación directa de la ciudadanía. ¿Qué mejor ocasión de intentar hacerlo que unas elecciones municipales a las que, en principio, hasta el propio sistema convoca a todos los ciudadanos? Es decir, aprovechar esa convocación para convocarles a pasar, de la farsa democrática electoral de meter una papeleta en las urnas, al ejercicio de la democracia verdadera reuniéndose para decidir directamente sin intermediarios.

Claro que esto no es, por el momento, más que un deseo, una ilusión… Aunque en el pasado han habido deseos e ilusiones de este tipo que se han realizado, sea durante breves instantes o cortas primaveras. Pero, aunque no lo consiguiésemos, pensemos en el impacto que tendría, sobre los actores de esa farsa electoral (los partidos y el pueblo), que durante todo el tiempo de preparación del espectáculo estuviera presente la amenaza de verse impedidos, llegado el día, de realizarlo porque el pueblo, como en Fuenteovejuna hubiese tomado los municipios…

Me parece pues que utilizar ese “horizonte” – como lo propone Rafa – para reflexionar sobre el qué hacer ante lo que nos está cayendo encima puede interesar inclusive fuera del 15-M, y que hacerlo, a partir de la propuesta de tomar el municipio, no provocaría divisiones sino todo lo contrario, que podría servir para movilizar voluntades con ganas de acción concreta.

Octavio Alberola

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