Canibales políticos

El Vaivén de Rafael Cid

Rafael Cid
Rafael Cid
“Si luchamos, puede que perdamos; si no luchamos perderos” (De una pancarta)

De exquisita basura prodría calificarse el apareamiento que PP y PSOE practican con tanta saña como empecinamiento antisocial. El grito “PSOE-PP, la misma mierda es”, que suele acompañar a las manifestaciones del 15M es sólo una reflejo de tan triste realidad. No pasa día sin que la actualidad nos deje rastros y testimonios de esa extraña comunión entre la derecha real y la izquierda oficial que sirve para mantener enhiesto el tinglado de la farsa. Lo que pasa es que ellos mismos, las cúpulas de los partidos a diestra y siniestra, no son inmunes a la crisis y tienen que adoptar posturas agresivas que hacen aún más descarado el nivel de sus fechorías. PP y PSOE, tanto monta monta tanto, asisten a una implosión interna, y en su intento de nadar y guardar la ropa caen en una atropellada fuga hacia delante que desnuda sus más íntimas intenciones.

Así hemos visto en las últimas semanas a un Mariano Rajoy secundando las tesis económicas del diario El País, el tradicional ideólogo en la sombra del PSOE. Aunque desmintiendo que vaya a pedir el rescate a la Unión Europea con sus contrapartidas de recortes y ajustes sin cuento, el gobierno del PP va a profundizar el ataque al sistema de pensiones con la misma excusa que utilizó Rodríguez Zapatero para iniciar su demolición con la complicidad de CCOO y UGT: la “reforma” es imprescindible para asegurar su sostenibilidad futura. La diferencia entre la embestida del PSOE y la del PP, es que Rajoy la emprende siguiendo la doctrina que previamente ha marcado su tradicional adversario, el autodenominado “periódico global en español”.

“Lo hecho, hecho está”, que diría Zapatero, en línea con aquel otro “había un problema y lo hemos solucionado”, de José María Aznar, y el pueril “gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones”, del no menos tronado Felipe González. Y lo hecho y perpetrado fueron esos tres editoriales seguidos que El País dedicó a la “salida de la crisis” los días 10,11 y 12 de diciembre, bajo el titulo común de “Rescate Urgente”. Tres homilias neoliberales en las que la empresa editora del diario, hoy propiedad de fondos buitre, multinacionales y gran banca, exigía al gobierno de la nación que sin más tardar llamara a la ventanilla europea de la intervención económica-financiera.

Una gansada propia de cuantos mandamases, ebrios de prepotencia y arrogancia, creen que sus pensamientos son órdenes urbi et orbi, en línea con aquel clásico del protocapitalismo “los vicios privados producen virtudes públicas”. Pero si se analiza el suceso sin prejucios, se ve que las prédicas del rotativo encubren en realidad una amenaza de los poderes fácticos a los que sirve. El obsceno ucase de El País no tiene desperdicio. Amparándose en un fantasmagórico “amplio consenso entre economistas, expertos laborales y políticos con experiencia en la Administración Pública”, el aparato de agitpro que gestiona Juan Luis Cebrián recomienda “ampliar el número de años de jubilación para acceder al 100% de la cotización, calcular esta sobre el conjunto de la vida laboral, adelantar a 2015 o 2016 la norma que aplaza la edad de jubilación hasta los 67 años, prevista por el Ejecutivo anterior para la segunda década del siglo, y romper la indexación de las pensiones con el IPC”.

Literalmente, sin despeinarse. Parafraseando el lema de aquella vieja revista de humor llamada La Codorniz, El País se publicita como el púlpito neoliberal más osado para el lector más indiferente. Y sin embargo no hay esquizofrenia ni desdoblamiento de personalidad en su indigna gesta. Es la lógica consecuencia de una trayectoria que arranca con la transición de 1975, tiene su punto G en la aprobación en referéndum de una Constitución que colaba de matute la monarquía designada por Franco y se remata con la deriva hacia el neocapitalismo y el atlantismo de un partido socialista que previamente había traicionado los principios republicanos y antifascistas de sus mayores. Veintiun años de gobierno del PSOE, 5 de UCD y 9 del PP tienen como colofón la irrupción directa de El País en la batalla política para enmendar la falta de “iniciativa reformista” a un PSOE perdido en el laberinto de su ocaso.

Esta curiosa colusión de intereses entre El País y el PP tiene, como es lógico, su reflejo en el trabajo institucional del PSOE. Como si se tratara de la representación de una opera bufa en una casa bien, Rubalcaba y su grupo parlamentario han protagonizado en el Congreso una escena propia del libro Guinness de los records. Toda la bancada socialista, en sustancia los mismos cuadros que rindieron honores en la etapa de Rodríguez Zapatero, acaba de votar a favor de la toma en consideración de una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) promovida en 2011 por 1 millón de firmas para derogar la reforma laboral aprobada por el anterior ejecutivo socialista. Fraga, el gran monstersaurio, solía decir cínicamente que la política hace extraños compañeros de cama.Seguramente por eso mismo al día siguiente de aquella demostración de amnesia política, Rubalcaba repetía pirueta y se aliaba con UPyD para cerrar el paso a Amaiur antes de que todos los partidos en bloque llevaran al Constitucional el recorte de las pensiones aprobado por el rodillo parlamentario del PP. Aunque en este caso llovía sobre mojado. En realidad, para reafirmar su fe españolista, el PSOE nunca ha dudado en aliarse con lo peor de cada casa. Lo hizo mediante un pacto de legislatura con el PP para evitar al PNV en el gobierno de Euskadi, y antes en Navarra dando el poder al reaccionario Unión del Pueblo Navarra (UPN) con similar fin.

Sin embargo, el embrollo entre socialistas y conservadores nunca llegó tan lejos como en esta crisis. Ya no es sólo que El País indique a Rajoy cómo debe meter mano a las pensiones (“subir los impuestos no es de izquierdas”, ¿recuerdan?), sino que incluso suministra artillería ideológica para que el PP culmine su expolio sin pasar las de Caín. Con este fin, el diario de marras publicaba el 14 de diciembre un artículo de Guillermo de la Dehesa, titulado Pensiones y solidaridad intergerenacional, en donde el colaborador de El País tenía la desfachatez de solicitar al gobierno más y mayores “reformas” del sistema de pensiones. Y ello con el increible argumento de que el pavoroso desempleo que sufre la juventud y el mileurismo salarial que obtienen los pocos que tienen trabajo exige que los jubilados se sacrifiquen en favor de sus hijos. Sin la más mínima mención al origen de la crisis y a sus responsables. Terrorismo económico y canibalismo político en cómodos plazos. Dehesa y El País han encontrado la solución final al problema: primero la crisis diezma a los jóvenes y luego los que sobreviven devoran a sus mayores.

Pero pongamos los puntos sobre íes. La gente debe saber que quien hace esas afirmaciones enfundado en su capa de economista de postín (la misma “casta sacerdotal”que no previo la crisis y ahora nos señala la salida de urgencia) no es un cualquiera. De la Dehesa fue secretario de Estado de Economía con el ministro Carlos Solchaga, aquel que proclamó que España era el mejor país para hacerse rico en menos tiempo, y ha sido asimismo sucesivamente consejero-delegado del Banco Pastor, consejero independiente del Banco de Santander y asesor internacional de Goldman Sachs. O sea, es alguien que habla con conocimiento de causa, ha visto la “mano invisible” del dinero desde todas las posiciones, en decúbito prono y en decúbito supino. Como Felipe González, el colega del hombre más rico del mundo Carlos Slim, el pater familias socialista recientemente homenajeado con ocasión del treinta aniversario de la llegada del PSOE al poder. El mismo personaje, hoy consejero independiente de Gas Natural (¡qué sabrá él del negocio de la energía!), que cuando una mujer presente en el acto pidió que se escuchara a la base, respondió sin inmutarse “yo soy la base”.

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